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Hubo luces antes que Ofrenda

Ya en 1545 se iluminaban los exteriores de la Catedral con candelas para anunciar el inicio de las fiestas de Santiago Zebedeo // El Cabildo estableció después la quema de un castillo simbolizando la victoria de la Batalla de Clavijo // Raxoi lo cambió por la ceremonia de la fachada

FOTO: ECG
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UXÍO SANTAMARÍA  | 21.01.2020 
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Se trataba de una de las dos citas más significativas de la Fiestas del Apóstol, junto con la Ofrenda Nacional del 25 de julio; un espectáculo pirotécnico que anunciaba desde el corazón de Compostela el inicio de los grandes festejos en la capital de Galicia. Es evidente que al cambiar de espacio, los Fuegos del Apóstol, que consiguen alcanzar repercusión internacional, ya no serán lo mismo.

Las citas documentales más antiguas sitúan su origen en el siglo XVI, según recoge la Xacopedia, cuando se iluminaba la plaza con candelas de colores para resaltar el inicio del día del Apóstol. Ya en los siglos XVII y XVIII aparecen las primeras referencias al fuego como tal, con la quema de un castillo y el lanzamiento de cohetes. Por este motivo, los compostelanos se referían a este acontecimiento como a noite do lume, sin duda un hecho de gran impacto cuando todavía no existía la electricidad.

El profesor de Historia del Arte Miguel Taín Guzmán, autor de un estudio sobre los Fuegos del Apóstol, revela que con esta celebración se recuerda el primer martirio de un apóstol de Cristo recogido en la Biblia. Relata que las celebraciones religiosas en la Catedral se nombran ya en la Historia Compostelana y también en el Códice Calixtino (siglo XII).

En 1545 aparece por primera vez la noticia de la iluminación de la plaza con candelas, con anterioridad a la Ofrenda Real, que se estableció en 1643 con la ceremonia solemne en la Catedral y la donación de mil escudos de oro al Patrón de las Españas. Tales luminarias son el precedente más antiguo de los conocidos como Fuegos del Apóstol, aunque no es hasta la Edad Moderna cuando se consolida la organización de festejos la víspera del Día del Apóstol, 24 de julio, en la plaza del Obradoiro, espacio urbano de titularidad pública que se convierte en estos años en el recinto por excelencia de las fiestas de la ciudad. Estas consistían en una corrida de toros, la quema de un castillo, el lanzamiento de fuegos artificiales y el encendido de luminarias al anochecer.

Tras la celebración de la lidia, era costumbre que los palcos y talanqueras fueran utilizados al llegar la noche para asistir a un espectáculo de luces y fuegos artificiales conocido como la quema del castillo. Su existencia se documenta durante los siglos XVII y XVIII y son el precedente de las fachadas neomedievales que simbólicamente se quemaban hasta 2014 en las fiestas. El diseño de estas estructuras, diferente cada año, se concertaba con el maestro mayor de obras de la Catedral, que también se encargaba de su programa iconográfico alusivo a la victoria del Apóstol sobre el Islám. Por ejemplo, en 1701 se representa la traslación del Apóstol, en 1706 la batalla de Clavijo o en 1710 la venida de Almanzor.

Particularmente documentado está el castillo de 1706 dedicado a la batalla de Clavijo, debido a trazas del arquitecto catedralicio Domingo de Andrade. Contaba con pinturas alusivas a la batalla, obra del pintor Juan Carballo, y con tres figuras con morriones militares, dos de ellas en actitud de lucha. Un Santiago con la espada desenvainada fue lanzado por un cable desde la torre de las Campanas, el cual, al contacto con el castillo, entró en llamas y deflagró artificios pirotécnicos.

Paralelamente a la quema se utilizaban artificios pirotécnicos; de hecho, consta la existencia de maestros coheteros vecinos en la ciudad, e incluso la Catedral llegó a contar con alguno asalariado.

En las cuentas de los Fuegos de 1699 el cohetero Sebastián Gómez Cancela diseña para el castillo un gran número de troneras y barbacanas, mientras que para iluminar el cielo factura docenas de voladores, cohetes de luces, culebrillas, pies de cabra, cohetes de corneta, cohetes de tres y cuatro truenos, cohetes de palenque, cohetes de cuatro y cinco subidas, cohetes de cuerda, carretillas de chispa, carretillas dobles, alcancías y granadas. Las torres de O Obradoiro se adornaron con luminarias de papel y banderas. Como anécdota se cita que se adquirió por precaución un carro de ramas verdes y escobas con las que apagar el fuego.

En los primeros años del siglo XIX las Fiestas del Apóstol del 24 de julio van a cambiar, debido al relevo del Cabildo de la Catedral por el Ayuntamiento de la ciudad en su organización y financiación, incluidos los Fuegos.

Consecuencia de ello es la desaparición de los castillos y su sustitución por las actuales fachadas neomedievales, todas ellas encargadas por la Corporación municipal y diseñadas por sus arquitectos. Así se documentan nuevas fachadas en 1858, 1862, 1869, 1875 y 1880, cuando el arquitecto municipal Faustino Domínguez Coumes-Gay se encarga de la famosa fachada neomudéjar de ese Año Santo, que fue utilizada hasta 1999. En el año 2000 el Ayuntamiento compostelano patrocinó la construcción de una nueva fachada para las Fiestas del Apóstol, recuperando un modelo gótico vacío de representatividad simbólica y buscando la convivencia entre religiones, uno de los principales objetivos del Concilio Vaticano II.

CONVIVENCIA ENTRE RELIGIONES

2000 Después del último Año Santo del Milenio, el Concello de Santiago impulsó en 2000 la construcción de una fachada gótica para su quema cada 24 de julio. Hasta 2014, cuando se suspendió la ceremonia. El objetivo de este nuevo modelo, que sustituyó a la neomudéjar, para no herir sensibilidades.