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Mujeres en la ruta jacobea (I)

La infanta Luisa Fernanda de Borbón, delegada regia en la ofrenda nacional de España al Apóstol en 1852

Hacía 162 años que ningún miembro de la realeza visitaba la urbe compostelana desde que el 16 de abril de 1690 lo hizo, "orationis causa", Dª Mariana de Austria y Neoburgo

Luisa Fernanda. Retrato al óleo por F. Madrazo - FOTO: ecg
Luisa Fernanda. Retrato al óleo por F. Madrazo - FOTO: ecg

JOSÉ CARRO OTERO  | 02.08.2019 
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En este Año Santo de 1852 vino como "Delegada Regia" para dicha ofrenda, Dª. María Luisa Fernanda de Borbón, designada a tal efecto por su hermana la Reina Isabel II. Hacía 162 años que ningún miembro de la realeza visitaba la urbe compostelana desde que, 16 de abril de 1690 lo hizo, "orationis causa", Dª. Mariana de Austria y Neoburgo, a la sazón viuda del Rey Felipe IV y madre de su sucesor Carlos II. Fue muy bien recibida, oró fervorosamente en el altar del Apóstol y fue obsequiada por el Cabildo catedralicio con una imagen devocional, en oro, del Santo Patrono.

VIAJE DE LUISA FERNANDA. Vino acompañada por su marido D. Antonio de Orleans, Duque de Montpensier hijo menor del Rey de Francia Luís Felipe I. Trajeron, con ellos, a las dos primeras hijas habidas en el matrimonio: María Isabel y María Amalia, de 4 y 2 años de edad respectivamente. Procedían de la localidad inglesa de Richmond, sita a orillas del Támesis, cerca de Londres, viajando en el "Isabel II" barco a vapor que salió de la referida localidad el 16 de julio y los desembarcó en A Coruña el día 21, previa una escala en Ferrol el 19. Dos días más tarde, el 23 de julio, siguieron a Compostela por carretera acompañados por un nutrido séquito de autoridades gallegas y personalidades relevantes de la nobleza española. (FIGURA 1).

Unos 10 kilómetros antes de Santiago, en el "Puente de A Sionlla" los esperaban delegaciones civiles, militares y religiosas de la ciudad que cumplimentaron a sus Altezas y los introdujeron en la urbe por las calles sucesivas de Pastoriza y San Roque. Llegaron a las 4 de la tarde, siendo anunciada su presencia por veintiún cañonazos y el repique general de las campanas de todas las iglesias. En la Plaza del Obradoiro en cuyo monumental edificio del "Seminario de Confesores", obra del siglo XVIII debida a la munificencia del Arzobispo D. Bartolomé Rajoy, donde iban a alojarse, presenciaron el desfile de las tropas que les rindieron honores y las vistosas danzas de los "Gigantones" de la Catedral y otras comparsas cívicas. Compostela lucía sus mejores galas.

OFRENDA. El día 24, víspera de la Festividad religiosa que conmemora el martirio de Santiago, la ciudad cumplió su habitual programa de fiestas: disparo, a las 12:00 horas de cohetería y repique general de campanas luego, en la Plaza del Obradoiro, donde formaban tres compañías del "Regimiento de Aragón", hicieron su habitual desfile los "Gigantones" y la comparsa de "Cabezudos" integrada por muchachos de la "Casa-Inclusa". En paralelo hubo un "besamanos" a Sus Altezas Reales, los Duques al que concurrió lo más selecto de la población.

Una corrida de toros, a la tarde, en cuyo cartel figuraba el popular torero de aquella época, "Chiclanero"; los fuegos nocturnos de artificio; la iluminación en la Alameda, que incluía unas primitivas luces eléctricas con pilas, de gran novedad y otros festejos habituales en tales ocasiones se vieron lamentablemente perturbados por copiosas lluvias intermitentes.

A las 9:00 horas del día siguiente, 25 de julio se inició, ceremonialmente, la "Ofrenda Nacional de España al Apóstol", cuya principal protagonista fue la Delegada Regia Dª. Luisa Fernanda quien, acompañada por un lucido séquito, se dirigió desde la Plaza del Obradoiro, por la de Platerías, a la Quintana para, desde allí, entrar en la Basílica por la llamada "Puerta Santa".

Un prestigioso artista grabador de origen francés radicado en Compostela, Jorge Osterberger, plasmó en una preciosa litografía el desarrollo gráfico de lo sucedido en la Quintana (FIGURA 2): Intensa afluencia de público, adosado a las cuatro "paredes" de la plaza, cuya zona central acotaban tropas de infantería, de caballería y de artillería pertenecientes a la guarnición radicada en Santiago; el cortejo de la "Delegada Regia" desfilando por ese espacio para entrar por la referida "Puerta" y en el que destacan especialmente, de delante-atrás, dos caballeros que portan la ofrenda propiamente dicha, 1000 ducados de oro, contenidos en una "copa" especial destinada a tal efecto, de plata dorada y estilo inglés, regalo del matrimonio Montpensier al Santo Apóstol y felizmente conservada, desde entonces, en el "Tesoro" de la Catedral" ( FIGURA 3); siguen la Delegada Regia y su esposo y, detrás de ellos, tres "damas de compañía" dos de cuales sabemos que eran las Condesas de San Román y de Revillagigedo (el esposo de esta última es uno de los portadores de la "copa", con el Marqués de Asande).

En el grabado pueden verse junto a la "Puerta Santa", en la zona de la escalinata de la Plaza, perfectamente alineados, los 8 "Gigantones" que la Catedral hizo construir a mediados del siglo XVII y que, representando a los peregrinos que concurrían desde las diversas partes del mundo entonces conocido miden, los seis más altos, 4,15 metros de estatura (FIGURA 4). Sabemos que fueron construidos por mandato del cabildo catedralicio, hacia 1650 interviniendo, en esa obra, un equipo de modeladores, carpinteros, costureros/as y pintores, dirigidos por el artista D. Mateo de Prado. Tenían como finalidad tales figuras abrir algunos desfiles procesionales moviéndose y bailando al son de un "gaitero y tamborilero" que los precedían. Hay constancia documental de los muchos arreglos y modificaciones que sufrieron en el decurso de los siglos, hasta la actualidad.

En la misa pontifical, oficiada por el Arzobispo de Santiago D. Miguel García Cuesta, los Duques de Montpensier ocuparon sendos sitiales, bajo dosel y la Infanta leyó su discurso de entrega de la ofrenda, que fue contestado por el Reverendísimo Prelado. En aquellos tiempos las celebraciones religiosas en la Basílica compostelana eran muy suntuosas, con enorme número de clérigos participantes, orquesta, órganos y el siempre espectacular vuelo odorífero del "Botafumeiro".

Los días 26 y 27 sirvieron para que Sus Altezas Reales se impregnaran de la urbe, a través de un amplio programa social: visitaron, sucesivamente, el "Gran Hospital Real"; el "Monasterio de San Francisco"; la Casa-Hospicio de "Santo Domingo de Bonaval"; la Cofradía "del Rosario" y la Universidad donde fueron recibidos por el claustro de profesores presidido por su Rector D. Juan José Viñas.

Participaron, también, en diversos "buffets"; espectáculo de ópera, en el "Teatro Principal" e incluso pudieron asistir a parte a la quema de los fuegos artificiales que no habían podido encenderse, por la lluvia, la tarde anterior, etc.

VIAJE DE REGRESO. Comenzó el día 28 después que SS.AA. obsequiaran a las principales autoridades gallegas que formaron parte de su séquito con valiosos objetos: para el Arzobispo una suntuosa "casulla"; al Capitán General una caja de pistolas; al Gerente de la Real Audiencia, al Gobernador Civil de La Coruña y al Alcalde de Santiago diversas alhajas personales y, como no podía ser menos donaciones en metálico para los establecimientos benéficos y otras necesidades públicas.

Por carretera se dirigieron a Padrón y a Marín lugar, este último en cuyo puerto embarcaron para continuar, por este medio, hasta Cádiz y desde allí, de nuevo por tierra dirigirse a sus propiedades en la localidad sevillana de Villamanrique, distante unos 100 kms de aquella capital.