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"Podría dejarlo, pero seguiré hasta que el cuerpo aguante"

El otoño en Porta Faxeira lleva más de medio siglo oliendo a castañas gracias a Manuel Prieto

Manuel Prieto con su locomotora de castañas asadas
Manuel Prieto con su locomotora de castañas asadas

ANDRÉS BERNÁRDEZ   | 18.11.2019 
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Todo picheleiro que se precie se ha parado en Porta Faxeira para comprar una docena de castañas. Primero, a Néstor Prieto, un personaje histórico de la ciudad al que todos recuerdan en la plaza del Toural, tras su locomotora y con una bata manchada de carbón. Más tarde, su hijo, Manuel Prieto, que según él mismo confirma, lleva ya 52 años dedicándose a aromatizar el ambiente del centro compostelano.

Pese a los dificultades que supone trabajar en la calle, todo indica a que podremos seguir disfrutando de esa maravillosa estampa muchos años más.

El castañero de Santiago asegura que se siente feliz con su trabajo, en concreto en lo que se refiere al "contacto con la gente". "Es un oficio muy bonito", explica, aunque el ambiente de la ciudad haya cambiado mucho en los últimos años. "Ahora la gente no sale tanto", confiesa, aunque las ventas se compensen con el gran número de turistas que, cada día se detienen en el céntrico paso de cebra que separa la calle del Franco del parque de la Alameda compostelana.

Prieto confirma la sensación de que el ambiente compostelano ha ido decayendo en los últimos años conforme aumentaba el número de visitantes que llegan a la ciudad en busca de nuevas experiencias. "Antes, en el centro de Santiago había un gran ambiente. La gente se veía en la calle, salían a tomar unas cuncas y compraban castañas", algo que ya no ocurre.

Sin embargo, el cambio de paradigma no lo ve necesariamente malo. Y es que el contacto con gente de otras culturas resulta enriquecedor para el vendedor y hace que cada día sucedan anécdotas nuevas.

"Tendría que llegar a casa y apuntarlas todos los días", bromea, antes de explicar que no es raro que algunos turistas intenten comerse las castañas con cáscara incluida. La última, una brasileña que no dudó en asegurar que el producto nacional era "moito gostoso", mientras masticaba con algunas dificultades las castañas sin pelar.

Si hablamos de los puntos débiles del negocio, el castañero señala la estacionalidad y la difícil climatología que reina en la capital gallega. "Hay días de lluvia en los que es mejor no salir, porque no se vende nada", un gran problema teniendo en cuenta la caducidad del negocio que, cada año, llega a su fin a principios del año nuevo.

"Las castañas duran lo que duran", señala, mientras las compara con el otro producto estrella de este vendedor ambulante, los helados. "En verano es diferente porque, cómo el producto lo hago yo, puedo estirar el negocio mientras siga funcionando", explica.

Así, año tras año, Manuel Prieto pasa sus jornadas laborales tras un carro muy parecido al que utilizaba su padre hasta los 80 años, ofreciendo castañas y helado a todo el que pase, algo que parece que continuará así durante algún tiempo.

Pese a que a sus 67 años ya podría haberse jubilado y a los cuatro kilómetros diarios que hace desde la rúa de Concheiros, hasta su lugar de trabajo, parece que dejar la locomotora no está entre sus planes.

"Estaré aquí hasta que la salud me lo permita", asegura sin pensarlo dos veces. Después, el futuro es incierto, "tengo hijos, pero no se si querrán seguir con el negocio, eso ya es cosa de ellos", concluye.

 

"Desde Concheiros camino cada día cuatro kilómetros llevando el carro "

"Algunos turistas no las conocen y las comen con cáscara, como una brasileña que dijo que era 'moi gostoso' el producto"