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"Predico el Evangelio a diario y me ocupo de dos parroquias"

Dositeo Valiñas celebra sus bodas de diamante sacerdotales // Con 98 años es el cura de Ribadumia, donde participa en numerosas iniciativas sociales // Conoció al papa Juan Pablo II en Roma y a seis arzobispos de Santiago

DOSITEO VALIÑAS FERNÁNDEZ  en la iglesia de San Martín Pinario, en Santiago, durante la fiesta de San Juan de Ávila, en la que recibió un homenaje por el 75 aniversario de su ordenación sacerdotal.  - FOTO: ECG
DOSITEO VALIÑAS FERNÁNDEZ en la iglesia de San Martín Pinario, en Santiago, durante la fiesta de San Juan de Ávila, en la que recibió un homenaje por el 75 aniversario de su ordenación sacerdotal. - FOTO: ECG

ARTURO REBOYRAS   | 18.06.2019 
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A sus 98 años, Dositeo Valiñas Fernández sigue al pie del cañón. Es el cura en activo más longevo del clero archidiocesano de Santiago y celebra misa a diario en sus parroquias de San Xoán de Leiro y Santa Baia de Ribadumia, en el municipio homónimo de la provincia de Pontevedra. El pasado mes de mayo, coincidiendo con la festividad de San Juan de Ávila, recibió un homenaje por sus bodas de diamante sacerdotales. Estuvo arropado por el arzobispo compostelano, monseñor Julián Barrio Barrio, y numerosos compañeros de ministerio, familiares, feligreses y amigos, que quisieron sumarse a una efeméride tan especial para don Dositeo, como todo el mundo le llama.

Transcurrieron 75 años desde que el obispo de Lugo, monseñor Rafael Balanzá, en sustitución del entonces arzobispo de la ciudad del Apóstol, monseñor Tomás Muñiz Pablos, que estaba muy enfermo, impuso las manos y consagró al joven seminarista natural del antiguo ayuntamiento de Cerdedo. "Eran tiempos muy difíciles", recuerda Valiñas hermano de Carlos A. Baliñas (lo escribe con B), el conocido catedrático emérito de Filosofía de la Universidad de Santiago.

"Estudié la carrera durante la República y luego durante la Guerra Civil. Sentí la llamada de Dios gracias a la familia y, después de muchos avatares, entré en el Seminario. En aquella época éramos muy pocos, pero muy decididos. No nos metía miedo cualquier cosa", explica, antes de apuntar que "por unos meses no formé parte de la Guerra Civil". Eso sí, no se libró del servicio militar, que le tocó en un momento muy difícil de la historia de España, en plena posguerra: "Fue muy duro: había hambre, necesidad..., aquí no teníamos nada, escaseaban los medicamentos. Un tío nuestro falleció en la contienda por que no había medicinas para curar las heridas", recuerda el clérigo.

Tras recibir las sagradas órdenes, recibió su primer y único destino: Ribadumia. "El próximo mes de agosto se cumplirán 75 años desde que llegué aquí", comenta, a la vez que apunta que el municipio le concedió en su día el título de Hijo Adoptivo. En esta localidad es uno más: don Dositeo vivió siempre de cerca las alegrías y tristezas de sus vecinos. Todavía hoy en día "participo en muchas reuniones, ya sea para organizar fiestas o algún evento deportivo". Siempre estuvo involucrado en las iniciativas sociales del pueblo, por ejemplo, en la creación de una caja de ahorros para los vecinos, el equipo de fútbol de Ribadumia o una escuela de baile. Asimismo, dispuso terrenos parroquiales para la construcción de espacios públicos, como el auditorio, el centro médico o incluso el tanatorio municipal.

"Voy haciendo lo que puedo", afirma con humildad el párroco, que comenta que para las tareas pastorales cuenta actualmente con "un sacerdote amigo, que me ayuda mucho. Como tampoco tengo quien me sustituya, mientras yo pueda, sigo", declara con rotundidad. En este sentido, indica que "predico todos los días el Evangelio, ya sea en los funerales que tenemos por la semana y también en las misas del domingo". Hasta la iglesia se desplaza en una silla de ruedas, aunque asegura que está bien de salud. "No voy mucho al médico: dos o tres veces al año y siempre por consulta, no por ingresos", subraya.

Durante su larga vida conoció personalmente a Juan Pablo II en un viaje a Roma y en su ministerio estuvo a las órdenes de nada menos que seis arzobispo de Santiago. Al preguntarle si alguna vez pensó que podría llegar a ser obispo, responde sorprendido pero con firmeza: "No, no. Siempre supe que eso no era para mí".

Sobre la escasez de vocaciones, comenta que la familia es un pilar fundamental. "Tienen que dar testimonio de fe. La orientación familiar es fundamental. Si no se cuenta con ese apoyo, es difícil llegar a ser sacerdote", señala don Dositeo, que en las últimas semanas recibió numerosas muestras de afecto por sus 75 años de cura.

 

Dositeo Valiñas

PÁRROCO DE RIBADUMIA

"Estudié la carrera durante la República y la Guerra Civil. Corrían tiempos duros y éramos pocos seminaristas, pero muy decididos"