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Santa Clara, un convento de 12.000 m2 para 10 monjas

Las clarisas dedican el día a orar y trabajar para su sustento // "No vivimos en una burbuja", dicen // Votan y leen el periódico// El domingo, para diferenciarlo, toman Cola-Cao

Cuatro monjas en el convento de Santa Clara. Sor María Consuelo, madre abadesa: “Sé que muchas personas no pueden entender que estemos aquí encerradas, pero no vivimos ajenas a lo que nos rodea” - FOTO: ANTONIO HERNÁNDEZ
Cuatro monjas en el convento de Santa Clara. Sor María Consuelo, madre abadesa: “Sé que muchas personas no pueden entender que estemos aquí encerradas, pero no vivimos ajenas a lo que nos rodea” - FOTO: ANTONIO HERNÁNDEZ

MAR MERA  | 16.02.2020 
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Sor María Adoración acaba de pasar la noche cuidando a una de las hermanas clarisas que está ingresada en el hospital Clínico de Santiago. Su buen humor y amabilidad no dejan ver las horas que ha pasado en vela. Es una de las diez monjas de clausura que conviven en el convento de Santa Clara, en la rúa de San Roque, un edificio que data del siglo XIII y que está considerado como una auténtica joya del Barroco. La abadesa, la madre María Consuelo, que fue elegida hace tan solo tres años para llevar las riendas de la comunidad de las clarisas de Santiago, conoce cada rincón de un convento de más de 12.000 metros cuadrados que esconde auténticas obras de arte, además de un hermoso huerto. "A veces, cuando hace buen tiempo, estamos un ratito fuera para que nos dé el sol y tomar el aire, que siempre viene bien", dice, mientras muestra orgullosa el cuidado jardín desde una pequeña terraza situada en el primer piso.

Sor María Consuelo explica que desde que era niña sabía que su vida estaría consagrada a Dios. "Fueron mis padres los que me llevaron al convento por primera vez. Tenía quince años", cuenta. Cuando se le pregunta por cómo se lo tomaron, no lo duda y asegura que "muy bien. Estaban y están muy contentos", dice, a la vez que reconoce que no todo el mundo entiende no solo la elección de ser monja, sino, como en su caso, serlo de clausura.

"Sé que muchas personas no pueden entender cómo estamos aquí, encerradas, sin apenas contacto con la calle o sin hacer una vida consagrada hacia el exterior, no vivimos ajenas a lo que nos rodea", sostiene, a la vez que explica: "La Iglesia es el corazón que bombea para que la sociedad no se asfixie. Por ella rezamos".

Desde el momento en que uno entra en el convento de Santa Clara y se deja acompañar, en un recorrido kilométrico, por la madre abadesa y las hermanas María Manuela, María Adoración y María Esther, percibe no solo que son mujeres de gran cultura, sino que también tienen los pies en la tierra. De hecho, la madre María Consuelo está haciendo un curso de Teología, que dura cinco años, convocado por la Conferencia Episcopal y aunque solo la abadesa está matriculada, un día a la semana dedica un tiempo a explicar a las demás compañeras de convento lo más importante de las clases que recibe.

Sor María Adoración, que vino desde Oviedo hace cuatro años, es la encargada de hacer la comida. Hoy ha preparado lentejas y una tortilla francesa. Se levantan a las seis y media de la mañana y tras acudir a la liturgia a las siete, oran antes del desayuno, a las nueve en punto. Siempre el mismo: café con leche, algo de fruta fresca y pan. Aquí interviene la madre abadesa para precisar que "los domingos, para diferenciar el festivo del resto de la semana, tomamos Cola-Cao y, a veces, galletas". Confiesa que aunque el agua es la bebida de todos los menús del día, "al final de la semana alguna toma un poco de vino, del corriente de todo", matiza.

Sobre las 20.30 horas, tras la misa diaria a las siete de la tarde, cenan. "Tras un pequeño recreo, como le llamamos, vamos a cama. Aunque deberíamos acostarnos antes, a menudo no lo hacemos antes de las once", reconoce la abadesa.

"Recogemos lo de la cena, preparamos todo para el día siguiente y ponemos alguna inyección a alguna hermana enferma o le damos un masaje si lo necesita. Ya sabes... los huesos", explica. Y es que la más joven de las clarisas tiene 53 años y la mayor, 96. Precisamente, la más veterana ingresó en el convento con solo 19 años. Cuando iba a comenzar la carrera de Filosofía y Letras en la Universidade de Santiago visitó, de casualidad, el convento de Santa Clara. Al día siguiente ya quería entrar, pese a la resistencia familiar. Recuerda que hace décadas hacían labores de bordado para el Ayuntamiento, escribían a máquina documentos de la universidad, además de planchar y almidonar ropa. Llegaron incluso a bordar banderines de fútbol.

Pese a ello, hoy en día no les falta trabajo. Solo ver lo impoluto que luce el convento parece tarea imposible. Sin descanso apuran las horas del día para conservar el espacio, además de orar por los demás y echar una mano, cuando pueden, a los más desfavorecidos. Nunca les falta trabajo.

Hacen alguna labor de lavandería y viven con las pensiones que tienen las que están jubiladas, además de pequeños donativos.

No viven aisladas del exterior. Leen a diario EL CORREO, interesándose sobre todo por los asuntos locales y la política. "Procuramos estar informadas, sobre todo, para saber qué votar", asegura sor María Consuelo mientras atiende una llamada en su móvil.

En el coro bajo están enterradas 35 hermanas

CEMENTERIO Uno de los lugares que visitan a diario las hermanas clarisas es lo que llaman el coro bajo, fotografía de la izquierda. En esta estancia, bajo un suelo de madera, que no hace muchos años fue rehabilitado por el Consorcio, están enterradas 35 hermanas. Es un lugar a donde acuden a tomar la comunión tras la misa diaria de las siete de la tarde.

La ardua tarea de digitalizar más de 10.000 volúmenes

'JOYAS' DE 1.700 Sor María Esther, que tiene estudios de Magisterio, se encarga, entre otros trabajos en común con las hermanas, de los más de diez mil volúmenes que lucen perfectamente colocados en varias estanterías a lo largo de un kilométrico pasillo (foto de la izquierda), Tras clasificarlos, ahora está trabajando en la digitalización. Algunos datan del s.XVIII.

Un impresionante lavadero que data del año 1762

'TESORO' Tras un largo paseo por interminables pasillos, las hermanas muestran orgullosas uno de los muchos tesoros de este recinto. Como puede verse en la imagen de la izquierda, se trata de un impresionante lavadero, que data de 1762, presidido por una representación de la Virgen con el Niño, flanqueada por San Francisco y Santa Clara. Allí lavaban antiguamente la ropa, cuando eran 65 las monjas.

De la violencia machista al cambio climático

•••Aunque las clarisas solo salen del convento para ir al médico, acompañar a alguna de las hermanas en su ingreso en el hospital Clínico o cuidar a algún familiar, a las monjas que viven en Santa Clara se les nota que procuran estar al día. Cuando se les pregunta si están al tanto de la actualidad, como los casos de violencia machista, la madre abadesa y las hermanas María Manuela, María Adoración y María Esther, contestan al unísono que sí, que conocen esta "lacra". "Es terrible lo que está pasando. Parece que vivimos en una sociedad muy agresiva. No se entiende que haya tantos casos", aseguran mientras comentan el último suceso ocurrido en Galicia.

•••Tampoco son ajenas a otros problemas terrenales como el cambio climático y hacen mención al Sínodo de la Amazonia en el que el papa Francisco pidió la colaboración internacional para hacer frente a este "fenómeno tan preocupante".

•••Cuando se les pregunta sobre si ven la televisión, aseguran que sí, pero que apenas tienen tiempo, salvo algún domingo para ver la misa y en ocasiones especiales en las que hay una homilía del papa, como en Navidad o Semana Santa. Curiosamente, Santa Clara fue nombrada patrona de la televisión por el papa Pío XII en el año 1958. Además, lo es del buen tiempo, los clarividentes y orfebres.

Mañana, 2.ª parte: Clarisas, ya no cosen banderines de fútbol pero sí miman grandes joyas del Barroco.