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Un jesuita gallego en la NASA: “Entre Ciencia y Fe no hay contradicción”

Jesuita de origen gallego, ofreció en Compostela una interesante conferencia sobre el Universo y el papel del hombre dentro de él//Trabajó en varios proyectos de la NASA

XULIO CANDEIRA SANTIAGO   | 23.02.2011 
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Fernando Blanco
El padre Manuel Carreira no puso reparos a posar con un casco de diseño ‘cósmico’
FOTO: Fernando Blanco

El padre Manuel Carreira, jesuita y científico de origen gallego que trabajó en varios proyectos de la NASA, impartió ayer una interesante conferencia en el Instituto Teológico de Santiago. Para este destacado astrofísico, que también fue profesor universitario en ciudades como Washington y Cleveland, resulta del todo absurdo entablar guerras o entre ciencia y fe. Él es un claro ejemplo de que ambas disciplinas pueden convivir a la perfección y, es más, ayudarse la una a la otra.

Manuel M. Carreira estudió Filosofía en la Universidad de Comillas y en EEUU obtuvo la Licenciatura en Teología (Univ. Loyola, Chicago). Su formación como científico incluye el Máster en Física (John Carroll Univ. Cleveland) y el Doctorado con una tesis sobre rayos cósmicos dirigida por el Dr. Clyde Cowan, codescubridor del neutrino). Desde 1970 a 1975 permaneció en Washington como profesor y durante ese período colaboró en varios proyectos de investigación realizados con subvención de la NASA para el desarrollo de detectores de rayos gamma a utilizar en satélites artificiales.

Manuel Carreira lleva muchos años tratando de explicar, a través de numerosas conferencias y artículos divulgativos, que es absurdo entablar batallas ficticias entre ciencia y teología, o entre ciencia y religión, debate que, en su opinión, está fuera de toda lógica, ya que dichas disciplinas, más que estar enfrentadas, se complementan.

La ciencia, explica, solo puede hablar de lo que se puede comprobar de una forma experimental, pero poco o nada puede introducirse en terrenos que tienen que ver con los valores morales, artísticos o relacionados con la literatura. Tampoco la Ciencia tiene capacidad para adentrarse y explicar las relaciones humanas, ni decir nada acerca del sentido de la vida o de la finalidad de las cosas...

La ciencia, en suma, investiga cómo pudo formarse el Universo, pero no puede descifrar por qué existe el Mundo y la vida, cuestiones que deben tratarse desde otro ámbito del saber relacionado con la Filosofía y la Teología, que a su vez no pueden explicar cómo se formaron los cuerpos celestes, por qué siguen una órbita o por qué brillan las estrellas.

En la conferencia impartida ayer en la sede del instituto Teológico, a la que seguirán otras en varios puntos de Galicia, el padre Carreira tocó múltiples temas relacionados con la teología y la astrofísica. Y volvió a dejar claro que cuando se habla de la oposición entre ciencia y fe se parte de un error tan común como fatal. Esto es porque la ciencia no puede enseñar teología, y la teología no enseña ciencia. Son dos disciplinas que han de ser abordadas por separado.

En cuanto al origen del Universo, el padre Carreira, citando las últimas teorías científicas, afirma que éste no existió siempre. Tuvo un comienzo súbito, hace unos 14.000 millones de años, mediante el llamado Big Bang, y antes de ese inicio no había antes. Hay un paso drástico de nada a algo. Eso quiere decir que la materia, por tanto, no es eterna.

El reconocido científico jesuita también afirma que la ciencia no puede predecir si el mundo dejará de existir alguna vez, pero sí hacer ciertos pronósticos relacionados con este particular. Así, cree que se puede afirmar que dentro de diez billones de años ya no brillará ninguna estrella, lo cual no quiere decir exactamente que el Universo volverá a transformarse en nada.

Cuando toca el tema del hombre, del ser humano, el padre Carreira estima que la teoría de la evolución puede resultar aceptable, pero también señala que en el hombre hay un nivel de actividad que no puede explicarse sólo desde la biología, la física y la química. Un ejemplo que suele poner es la poesía. Así, que se escriba una poesía y que se goce leyéndola es algo que no se puede explicar desde la ciencia. Sobre este particular, el jesuita recuerda que "un físico moderno ha dicho respecto de la libertad humana que la física y la química pueden explicar cómo se dobla mi brazo, pero no por qué se dobla mi brazo cuando quiero". Eso quiere decir, en palabras muy resumidas, que en el hombre hay una realidad no material que no puede atribuirse a la evolución. Y ahí entra de nuevo la religión, ya que este científico y teólogo cree, como dice el Catecismo, que el hombre está dotado de una espiritualidad que solo puede existir por la creación directa de un ser supremo, de Dios.

Ahondando en este terreno, tan debatido a lo largo de los siglos, el conferenciante afirma que el hombre es un ser al mismo tiempo material y espiritual. Es más, si faltan uno de esos dos elementos básicos ya no podemos hablar de un verdadero ser humano. Y, según dice, esto es lo que realmente la Iglesia subraya cuando se refiere a la resurrección. En su opinión, el hombre está llamado a existir fuera de los límites del espacio y el tiempo, es decir, fuera de las estructuras en las que nos encontramos cuando vivimos la realidad terrenal. Afirma, además, que hablar de una resurrección sin cuerpo es hablar de un absurdo.