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Emilio Lavandeira: adiós al fotógrafo, escritor y caricaturista de sacerdotes

Galicia despide este lunes a Emilio Lavandeira Prieto (Ortigueira, A Coruña, 1934), fotoperiodista de la Agencia EFE que iba para jesuita y lo dejó; empezó abogacía por condicionantes familiares, y también abandonó, para ya ser retratista, dibujante, pintor y, entre tanta tarea, sin aprender "a ganar dinero". Esta era una de las frases más repetidas por un hombre socarrón, que murió el pasado domingo, que veía una "caja de resistencia", que no quería calles con su nombre y que el último enero fue nombrado hijo adoptivo de Santiago, ciudad que lo recibió a sus 8 años, aunque él no fuese muy consciente de esta distinción por los escasos momentos de lucidez que tenía al final de sus días.

Siendo un chiquillo, tuvo clara su vocación y planteó en su casa que quería dejar Derecho por la fotografía y, si no se lo consentían, emigraría a Venezuela. Ante tal disyuntiva, su madre le entregó un dinero, 56.000 pesetas de entonces, con las que él se compró una cámara en Casa Gama, de A Coruña, donde trabajaba el fotógrafo Manuel Ferrol, que tan bien retrató la emigración gallega a América. Después abrió Emilio Lavandeira un estudio en el número 22 de la compostelana calle Doutor Teixeiro. En un alarde de ingenio, dividió el espacio en dos, por un lado una peluquería y por otro su departamento, para así asegurar la mejor imagen ante la cámara.

No faltaba la retranca en su cartel de presentación: "Lavandeira, el peor fotógrafo y el más caro". ¡Y vaya si funcionaba ese reclamo, del que todavía hoy se habla!

Su periplo no se quedó ahí. A Venezuela no emigró, pero sí a Madrid, merced a sus inquietudes. Cuando en Santiago mostró su arte, en la Protectora de Artesanos de la transitada Rúa do Vilar, calle en la que hoy está la delegación de EFE, Ksado le auguró un brillante futuro. Francisco Cuco le propuso trabajar en la revista "Blanco y Negro"; Manuel Blanco en el diario "Arriba" (sin ser de Falange) y también accedió Lavandeira al "Nuevo Diario", sin ser él del Opus. Y a "La Noche", "El Correo Gallego", etcétera.

A sus cuarenta años, quiso estudiar Periodismo. Lo hizo en la Complutense, en la única facultad que había, junto a la de Barcelona. Desembarcó en EFE y en 1979 regresó a la capital gallega para dar lo mejor de sí mismo en esa delegación. "Yo ya quería regresar desde el primer día que llegué a Madrid", se jactaba. Su sentido del humor le hizo granjearse grandes amistades. En sus libretas, mientras paseaba por Santiago, apuntaba infinidad de ocurrencias y de curiosidades. Se sabía los escaparates de memoria. Entre taza y taza, veía pasar a sacerdotes, con sus sotanas, y se lanzó a las caricaturas de acuarela: la serie "Los curas" es muy celebrada. Fundó la Asociación Fotográfica Compostelana, recibió el Premio Galicia de Comunicación en 1998 y en 2010 el reconocimiento Una Vida en Imágenes, de la Fundación Caixa Galicia.

Emilio, que tocaba todos los palos, se animó con la música. Él era el percusionista de una banda que fundó con los hermanos Cuervo, Arán Trillo y Johny Rosario. Algunas veces, la tuna de Derecho contactaba con un Emilio ya jubilado. Lavandeira Prieto también escribió. Y mucho. Publicó "La Carrilana. Manual para andar a pie por el mundo", con ilustraciones de Laxeiro, y "¡Al pan, pan...! Consejos para la mochila", con 528 ocurrentes aforismos que el dramaturgo Euloxio Ruibal bautizó como "emiliorismos".

"Nunca verás un hombre inteligente que sea idiota del todo" y "ser ateo es relativamente fácil, teniendo salud, claro" son dos de ellos.

Era además un ávido lector, con una colección de más de tres mil libros. Eran muchas, como se ve, las aficiones de un gallego que pensaba que el tiempo corre a una velocidad que "no es normal" y que vio como iban "cascando los amigos", según sus propias palabras. Emilio se acaba de ir. Deja viuda, Catalina Villar Pérez; y seis hijos, Catalina, Emilio (Lavandeira Villar, el "junior" que siguió sus pasos), Ángel, Lola, María y Santiago, así como siete nietos. Ana Martínez. EFE

29 nov 2021 / 14:51
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