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Entradas y Caminos

SÁNCHEZ-AGUSTINO y

ARQUITECTOS ASOCIADOS

Una ciudad puede ser encrucijada o meta de caminos. La historia que precede a Santiago de Compostela, la ha hecho adquirir la condición de término y punto final de caminos, pero no de cualquier clase de caminos, sino de los Caminos de peregrinación Jacobea, que no es poco.

El tratamiento de cualquier camino a la entrada de una urbe, ha pasado siempre con mayor o menor acierto, con mayor o menor sensibilidad, por su adecentamiento visual y funcional; con la dotación de suministros, alumbrado, alcantarillado, urbanización del entorno; mejora del firme, aceras, pasos de peatones y hasta semáforos. Es un proceso inevitable e imparable, inescindible del desarrollo y la necesidad ciudadana. Sin embargo, el tratamiento y preservación de la parte de riqueza material e inmaterial que pudiera atesorar cualquier camino, no ha ocupado la mayor parte de las veces, un porcentaje importante de las preocupaciones del agente urbanizador.

Y así, muchas actuaciones se han llevado por delante auténticas joyas de signos y vestigios de caminos y de su patrimonio etnológico asociado, que habrían sido la delicia de especialistas y también de visitantes. Es el precio que ha de pagar una sociedad adiestrada en la permanente necesidad de mejorar su bienestar personal y colectivo.

Galicia cuenta con una modernizada legislación de su patrimonio cultural, exponente de la cual, es la Ley 5/2016 de 5 de mayo, que además incorporó la regulación específica de los Caminos de Santiago. Afortunadamente hoy, es impensable el tratamiento urbanizador sin reparar en sus consecuencias patrimoniales; y los planes de ordenación urbana tienen muy en consideración esta circunstancia, siendo preceptiva la intervención de administraciones sectoriales capaces de desarbolar cualquier desatino.

Lo que está resultando ya más difícil, es convencernos de la necesidad de intervención sobre antiguas sendas que como en nuestra ciudad, se han visto absorbidas por el crecimiento urbano, y sobre todo, conseguir acertar en la elección del grado e intensidad de la actuación que haya de dispensarse a estos caminos. El debate lleva abierto algún tiempo, porque es una queja generalizada que las entradas de los Caminos Jacobeos en Santiago de Compostela, tienen todavía un largo recorrido en cuento al proceso de su cuidada integración y normalización.

La Calle Rosalía de Castro en toda su extensión y la Av de Juan Carlos I hasta Campo da Estrela, no conservan probablemente un solo vestigio del camino que tuvieron que ser en otros tiempos y sobre todo de su protagonismo como prefacios de la culminación del Camino Portugués en la Plaza del Obradoiro. Tampoco hemos sabido proporcionales el más mínimo signo externo que las identifique y las distinga de cualquier otra calle, como partes integrantes de un Camino de peregrinación, probablemente el más importante después del camino francés. Eso les resta relevancia a los ojos del peregrino, pero también de los propios Compostelanos, que nada pueden encontrar en ellas - más que un azulejo con la concha- con el que resaltar y presumir de su protagonismo innegable, y de la cuidada sensibilidad que la ciudad debiera dispensarles.

Es por eso que, aliviada su condición de conexión viaria con la comarca del Val do Dubra de otros tiempos, no debiéramos ya demorar más su recuperación para el peregrino, pero quizás más para el Compostelano. Y eso pasa por restaurar su protagonismo cívico y jacobeo. Una intervención que debe incorporar nuestras propuestas ya generales y conocidas relativas a reforzar la seguridad vial del peatón, incremento de los pasos de peatones, atención al invidente y personas con reducida capacidad visual, recuperación de aceras para el ciudadano, gestión inteligente de carriles de tráfico, incorporación de una rotonda activa en Campo da Estrela, y en este caso, una cuidadísima y esmerada elección de materiales que deban utilizarse en la intervención, desde tipo de pavimento peonil, firme viario acorde con el entorno, alumbrado y su intensidad, papeleras, alcorques, arbolado, y estudio de una pérgola vegetal inclinada, longitudinal al aparcamiento de motocicletas con una doble función protectora del Sol y de la lluvia al peregrino e identificadora del Camino de Santiago.

En el extremo oeste y final de calle, en el tramo de Av das Casas de Compostela se proponen dos soluciones, el crecimiento de la acera norte a unas dimensiones de entre 150 y 200 cm, pues es inadmisible que el centro de la ciudad, en una zona tan concurrida, pueda todavía hoy conservar una acera inferior al metro de anchura y el estudio sereno de la modificación del sentido de circulación de las calles Rapa da Folla y el final de Montero Ríos de acuerdo con los resultados de estudios previos de movilidad en tales sectores.

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