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La casa donde murió Asunta sigue okupada y nadie quiere comprarla

Nueve años después del asesinato de la niña su memoria sigue viva en la pista de Teo donde hallaron su cuerpo // La heredera de Charo Porto no consigue deshacerse del chalé, que trae muy malos recuerdos

Han pasado ya nueve años desde que Alfonso Basterra y su exmujer, Rosario Porto, acabaron con la vida de su hija Asunta. Se trata, sin duda, de una historia dramática que ha marcado para siempre a la sociedad compostelana; un suceso terrible que se saldó con la muerte de una niña inocente de tan solo 13 años; y sus padres adoptivos condenados por asesinato a 18 años de prisión. El 18 de noviembre de 2020, la madre y asesina de la pequeña Asunta, la conocida abogada compostelana Charo Porto, se quitaba la vida en la prisión castellana de Brieva, en la provincia de Ávila.

En la sentencia del famoso caso Asunta se determina el lugar del crimen en un chalé propiedad de la familia Porto ubicado en Montouto, concello de Teo, donde los padres adoptivos de la criatura le habrían quitado la vida el 21 de septiembre de 2013, asfixiándola por sofocación hasta la muerte. Eso después de sedarla con una alta dosis de lorazepam durante un almuerzo en el piso en el que Basterra vivía en la rúa República Arxentina, en el Ensanche de Santiago.

El cuerpo de la niña fue hallado por una joven pareja al filo de la una y media de la madrugada del 22 de septiembre de aquel año en una pista forestal de Teo, un lugar donde nueve años después de aquel fatídico episodio se levanta un pequeño santuario, un lugar simbólico en el que el recuerdo de la pequeña Asunta sigue vivo. Allí sigue habiendo flores, pequeños peluches, un par de crucifijos y un epitafio que representa a las numerosas personas que siguen consternadas por este asesinato. “Tu recuerdo estará siempre presente en este lugar al que acudimos los que lloramos tu pérdida. Del mismo modo que siempre estará en el corazón de los que te quieren y te echan de menos. Nunca te vamos a olvidar, Asunta. Siempre te tendremos en nuestras mentes y en nuestros corazones. Descansa en paz”, reza el cartel, rodeado de varias estampas de la Virgen María.

Hasta el momento de su detención, nadie se podía creer en Santiago que Charo Porto y Alfonso Basterra pudieran ser los presuntos autores del crimen. Ella pertenecía a una reconocida familia compostelana. Era hija del prestigioso abogado Francisco Porto y de la profesora de la Universidad de Santiago Socorro Ortega. La pareja gozaba de una buena posición social, aunque cierto es que tras su divorcio Alfonso se convirtió en dependiente, económicamente hablando, de su exmujer.

Asunta era el único lazo que les unía y que al mismo tiempo que les impedía pasar página, sobre todo a ella, quien estaba tratando de rehacer su vida con otra pareja. Se baraja este como uno de los principales motivos que llevaron a los padres de la niña a planificar su asesinato; un crimen que prepararon durante tiempo, incluyo ensayando la sedación de la pequeña en varias ocasiones, como ha quedado demostrado en la sentencia.

El tribunal del jurado dictaminó que ambos progenitores eran culpables, por lo que fueron condenados a dieciocho años de prisión. Después de su paso por las prisiones de Teixeiro (donde cumple sentencia Alfonso Basterra) y A Lama, Rosario Porto fue trasladada a la prisión de Brieva en la primavera de 2020. En noviembre de ese año se ahorcó en su celda, desatándose un nuevo huracán mediático que trataba de resolver la incógnita de su testamento.

TESTAMENTO. Poseedora del importantísimo patrimonio inmobiliario que le dejaron sus padres, Rosario Porto designó como principal heredera a una de las mejores amigas de su madre, María Teresa Sampedro Portas, conocida por el entorno familiar como la Nena. A ella le dejó el enorme piso donde vivió el matrimonio Porto Ortega en la compostelana rúa Xeneral Pardiñas, la vivienda donde ella residía, ubicada en la rúa Doutor Teixeiro, un apartamento de veraneo en la localidad pontevedresa de Vilanova de Arousa y también la enorme finca y casona de Teo que se identifica como el escenario del crimen.

Tras recibir estos bienes, la heredera casi universal (los dos abogados de Rosario renunciaron a los bienes que les dejó por ética profesional; y solo una prima recibió como legado el valioso joyero familiar) optó por vender parte del patrimonio para hacer frente a los altos impuestos de sucesión. Así, en pocas semanas se desprendió del piso de Xeneral Pardiñas, con lo que obtuvo un dinero que le daría para abonar los tributos.

La Nena también puso a la venta la enorme casona y finca de Teo, una propiedad que ya había intentado vender Rosario Porto cuando estaba en la cárcel, llegando a pedir más de un millón de euros, pero que nunca consiguió colocar en el mercado inmobiliario. Fuentes cercanas a la familia confirman ahora que Sampedro tampoco consigue deshacerse del chalé maldito que solo trae malos recuerdos. Además, se ha encontrado con un problema a mayores. La casa lleva tiempo okupada por un grupo de personas que accede y sale de la propiedad como Perico por su casa. También ha detectado que han metido animales en la finca, que cada año que pasa se ve más deteriorada y abandonada.

Todo parece indicar que nadie quiere comprar un casa que en su día fue la joya de la corona de la familia Porto Ortega y que hoy solo rezuma decadencia. En parte es lógico que nadie quiera habitar en el que fue escenario de uno de los más tristes episodios de la crónica negra de la capital gallega.

16 sep 2022 / 21:46
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