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ENTREVISTA
Hugo Vázquez Veiga, dermatólogo

“La piel hay que saber leerla, sentirla y obtener la información que nos enseña”

Especializado en dermatología desde hace más de cuarenta años, el doctor Hugo Vázquez es toda una eminencia en su campo. Sus conocimientos y experiencia no sólo las traslada a los pacientes, sino que también lo hace con los alumnos de su querida Universidad de Santiago.

Nacido en Buenos Aires, ¿cómo recuerda su infancia y en qué momento se viene para España?

Mis recuerdos de Buenos Aires son mínimos, salvo algunos momentos borrosos de la partida, antes de cumplir los tres años, provocada por la aparición de una epidemia de poliomielitis, que hizo que marchásemos hacia Chile. La siguiente escala fue Venezuela, y a partir de ahí todo empieza a ser en color, en una ciudad en desarrollo. Durante la década de los 60, los estudios se alternan con frecuentes viajes a Coruña para visitar a la familia. En 1971, finalizado el bachillerato, convalido los estudios y accedo a la Universidad de Santiago de Compostela para entrar en el primer Curso Selectivo de Medicina y servir de avanzadilla para el retorno de mis padres y mi hermana.

¿Cómo surge su interés por la Medicina y por la dermatología?

Sobre los 5 años empezó a estar presente en mi vida el deseo de ser médico, quizás debido a la capacidad de los profesionales que había conocido de curar las enfermedades y de aliviar el dolor y probablemente apoyado por alguna serie televisiva de la época. No sé si mi tío abuelo paterno Jesús María Vázquez, médico del ejército argentino y culpable de que mis padres emigraran a Argentina, influyó genéticamente en ello, aunque lo dudo. Nunca barajé otra opción. Una vez iniciada la carrera, cada año que pasaba lo tenía más claro, no me había equivocado.

Y el interés por la dermatología nace en mi etapa de Alumno Interno, con las interconsultas que se hacían dentro del Hospital y al ver cómo el diagnóstico valía para sospechar o terminar de diagnosticar el proceso patológico que presentaba el paciente. Por este motivo, en el MIR, cogí las dos veces, sin dudar, la plaza de Dermatología en Santiago.

Con su dilatada experiencia, ¿qué avances destacaría en su campo?

Llama la atención lo completa y compleja que es mi especialidad, tal y como queda reflejado en su propia denominación “Dermatología Médico Quirúrgica y Venereología”. En cuanto a los avances, destacaría los métodos de diagnóstico, sobre todo en técnicas por imagen. Entre los tratamientos médicos, cabe destacar los avances con los retinoides orales o los tratamientos tópicos; y en el quirúrgico hemos pasado a operar y abordar a la mayoría de los cánceres y tumores cutáneos benignos y malignos que diagnosticamos con equipos para hacer cirugía controlada al microscopio. Además, hemos incorporado técnicas de fototermolisis selectiva con láser. Todo esto ha hecho que sea una de las especialidades preferidas por nuestros médicos noveles.

¿Cuál es la mejor parte de su labor profesional?

Las enfermedades de la piel se ven y pueden llegar a estigmatizar a los pacientes. La atención integral, el poder diagnosticar una alteración, valorar su implicación con el resto del organismo y tratarla médica, quirúrgica y cosméticamente, en muchas ocasiones, le permite al paciente volver a mostrar y disfrutar su piel, sin miedos, sin temores ni vergüenzas. Cada vez que lo consigues, hace que te encuentres muy bien.

¿Cuáles son las principales patologías que se presentan ahora?

La psoriasis, la dermatitis atópica, la dermatitis seborreica, las enfermedades del pelo y el acné desde el punto de vista no tumoral. Los lunares y las queratosis seborreicas son las consultas más frecuentes de los tumores benignos y de los malignos, la carcinoma basocelular y espinocelulares y el melanoma encabezan la lista.

¿Qué problemas han surgido en la piel con motivo del confinamiento?

Han sido, fundamentalmente, problemas del lavado de manos y del uso de hidrogeles, que provocaron dermatitis irritativas. La limpieza debe hacerse mejor con un jabón suave y utilizar una crema de manos no está reñido con el lavado previo. El hidrogel debe tener una concentración ideal de alcohol sobre el 70 % y nunca inferior al 60 %, y no debe contener perfumes ni colorantes.

¿Cómo afecta a la piel el uso de la mascarilla? ¿Cómo se puede cuidar?

La falta de ventilación y, sobre todo, la humedad acumulada, entre otras cosas, hacen que la piel produzca más grasa y que empeore la patología relacionada con las glándulas sebáceas y la producción del sebo, como pueden ser el acné, la rosácea y la dermatitis seborreica. Para cuidarla, debemos conocer bien nuestra piel y, si es grasa, lavarla con geles, aguas micelares, leches o cremas lavantes. Además, hay que evitar el uso de cremas hidratantes y maquillajes mientras tengamos la mascarilla puesta.

¿Cuál es el principal reto de la dermatología de cara al futuro?

Prevenir el cáncer de piel, ya que la prevención va muy por detrás del tratamiento, y avanzar en el tratamiento del cáncer ya desarrollado, sobre todo, del melanoma.

También es docente. ¿Qué es lo que más le atrae de formar a médicos?

Enseñar, pero no lo que está en el libro, sino cómo se debe actuar delante del paciente, saber escucharlo, preguntarle, mirarlo, tocarlo y hasta olerlo. La piel hay que saber leerla, sentirla y obtener toda la información que nos enseña, con ello nos aproximaremos al diagnóstico. Explicarles que, al paciente, aunque le puede gustar saber lo que tiene, lo que realmente quiere es el mejor tratamiento posible y, si es posible, que lo curemos.

¿Cómo ve el futuro de los nuevos profesionales?

Tendrán una medicina diferente, muy apoyada en la inteligencia artificial y en las nuevas tecnologías, que permitirán establecer mejores diagnósticos y tratamientos. Sin embargo, el médico debe ser el vínculo humano con el paciente, que entiende o intuye y que, con su actitud, sus palabras o su apoyo deja una puerta abierta o una luz de esperanza de que siempre queda por hacer algo que no se ha hecho. Mientras no se pierda esa actitud, el médico tiene futuro y no podrá ser sustituido.

Momentos

1 Orígenes. En 1953, nace en Buenos Aires, ciudad de la que guarda escasos recuerdos, ya que con menos de tres años se desplaza a Chile, paso previo a su etapa en Venezuela.

2 Galicia. Con familia en A Coruña, en 1972 entra en el primer Curso Selectivo de Medicina de la USC.

3 MIR. Al aprobarlo, en 1979, escogió la plaza de Dermatología en Santiago. Esta decisión la repitió años más tarde.

4 Primera experiencia. “Haciendo una sustitución en el Ayuntamiento de A Baña mientras preparaba el MIR, era septiembre de 1978”.

5 Carrera profesional. “Me enorgullece haber sido el primer Jefe de Servicio de Dermatología que ha estudiado y se ha licenciado en la USC y que ha hecho el MIR en el Clínico”.

18 sep 2020 / 00:14
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