Santiago
+15° C
Actualizado
viernes, 24 junio 2022
20:39
h
Doce años de vida de esta institución benéfica, que se inició con la generosidad de El Correo Gallego TEXTO Arturo M.

Manolo Parada, un puntal imprescindible en el comienzo del Banco de Alimentos

El Banco de Alimentos de Santiago de Compostela proporciona alimentos gratuitos a casi 40 entidades de beneficencia que atienden a un total de 8.000 personas necesitadas en toda la comarca de Santiago y Barbanza, cuentan con las provisiones de muchas entidades donantes de alimentos y con excedentes de la Unión Europea.

Una labor ingente comenzada hace casi 12 años por un grupo de amigos, bajo el impulso de José Pita Chento, pero con el respaldo de Manuel Seoane Parada, más conocido como Manolo Parada, supernumerario del Opus Dei. “

Sin él no hubiera sido posible esta iniciativa solidaria”, reconoce José Pita, quien fue cabeza visible del Banco de Alimentos desde sus inicios. También ha sido fundamental la generosidad de El Correo Gallego que nos permitió usar parte de sus instalaciones durante los seis años que fueron de su propiedad.

“Cuando los de la Federación de Bancos de Alimentos de España me propusieron que yo me encargara de montar el banco de alimentos de Santiago les dije de primeras que estaba muy ocupado, finalizando mis años activos en la empresa en que trabajaba, El Correo. No lo veía muy posible. Pero si había una persona que podría sacarlo adelante, aunque yo ayudaría -junto con otros voluntarios- todo lo que fuese posible”.

Así reaccionó Manolo Parada, supernumerario del Opus Dei, que, en aquellos momentos, 2010, era jefe de distribución del periódico y de otros muchos encargos que debía sacar adelante en la empresa.

Parada, un hombre que es todo iniciativa propuso el nombre de José Pita Chento, amigo y cooperador del Opus Dei. Era la persona adecuada, por su experiencia en gestión y organización, para comenzar el Banco de Alimentos de Santiago, que acabaría integrando la Federación Gallega de Bancos de Alimentos, y distribuir miles de toneladas de alimentos para cientos de instituciones que reparten a los particulares necesitados de Galicia.

Y, efectivamente, Pepe Pita se entrevistó con los responsables de la Federación con disposición de prestar su colaboración en la iniciativa.

“Pero claro -puntualiza- yo esperaba contar desde el principio con una organización eficaz, por eso pregunté ingenuamente ¿Con qué medios voy a disponer para comenzar con el Banco de Alimentos en Compostela?”

“Dispones de tu persona y el equipo que puedas organizar. Es todo lo que hay para comenzar”. Fue la respuesta que me dieron, recuerda Pepe. Ni me imaginé que íbamos a llegar a lo que ahora es la Federación Gallega.

Pero, realmente, Manolo Parada estaba detrás, moviendo y buscando medios, o locales para comenzar la actividad que iba a dirigir Pepe. En principio estaban ese grupo de amigos -todos participaban de las mismas inquietudes- tales como Pepe Rivadulla y dos de sus hijos, Paco Lago, Manolo Luque, Santiago Mella, Andrés Rivas, el taxista Isidro Suárez -ya fallecido-. Luego vendrían más voluntarios, unos ocasionales y otros fijos, pero eran claramente insuficientes para el proyecto.

¿Cómo empezar? ¿A quién recurrir para conseguir alimentos para su distribución a las instituciones de caridad? Ahí entraba a funcionar la gran capacidad de gestión de Manolo Parada, el conocimiento de empresas que podrían ser proveedoras, la posibilidad de contar con locales más amplios para almacenar.

Así daba la noticia de los inicios El Correo Gallego del 30 de julio de 2010:

“El banco de alimentos que conducen José Pita, Manolo Parada y Pepe Rivadulla, entre otros voluntarios, se nutre de los excedentes alimentarios de la Unión Europea, destinados a consumo de personas carentes de recursos económicos y de donaciones particulares como las que llegaron a las naves de El Correo en el polígono del Tambre. Este periódico quiso arrimar el hombro y colaborar en la iniciativa pues al citado edificio llegarán en breve más de 250 toneladas de excedentes alimentarios donados por cadenas de supermercados como Eroski, Carrefour, El Corte Inglés o la cadena francesa Dia.”

“Esta primera donación nos supuso un trabajo tremendo -recuerdan José Pita y Manolo Parada- y tuvimos que reclutar a la mayor cantidad posible de voluntarios, muchos eran nuestros familiares. Los alimentos llegaron de una gran superficie. Todo el material que tenían expuesto sufrió los efectos del humo de un incendio, por lo que quedó inservible para la vista y para la comercialización, aunque no perdió nada de la calidad.

Hubo que limpiarlo todo para dejarlo presentable y poder comenzar las actividades del banco de alimentos. Fue un comienzo que no se nos olvida a ninguno de los que estuvimos en esos momentos. Acabábamos el día todos negros como si estuviéramos trabajando en la mina. Fueron unas jornadas duras, pero así comenzamos”.

El trabajo fue constante a partir de ese momento. José Pita, Pepe Rivadulla o Manolo Luque no reparaban en ir a donde les anunciaran una donación, fuese donde fuese, a la hora que se necesitase y con las circunstancias más complicadas. También estuvo en primera línea de transporte el fallecido Isidro Suárez, taxista y voluntario incansable. Fueron momentos heroicos de los voluntarios, con trabajo y más trabajo, sin otra satisfacción que su acción solidaria y el convencimiento de que estaban ayudando a muchas personas con esta labor social.

“Una vez -recuerda Manolo Parada- José Pita tuvo que ir a recoger más de mil quilos de pescado decomisado por la policía a unas horas intempestivas. ¿Y una vez recogido qué hacemos con el pescado? porque aún no teníamos el destino para ese alimento tan perecedero. Tuve que recurrir a una empresa del polígono del Tambre para conseguir que nos dejasen depositarlo en una cámara frigorífica, con gran generosidad por este empresario”.

En otra ocasión, Pepe Rivadulla tuvo que desplazarse también de noche hasta Lugo para recoger un cargamento de carne congelada que nos donaba una industria cárnica. Y había que ir y arreglarse como pudiéramos para almacenar los congelados en cámaras prestadas”.

Con estos esfuerzos y dificultades pudieron comenzar el reparto masivo de alimentos en toda su comarca: centros de Cáritas, cocinas económicas, conventos, casas de acogida y albergues, organizaciones y asociaciones no gubernamentales como el caso de Proyecto Hombre o Centro Reto. También tuvieron que resolver alguna situación de urgencia familiar, proporcionando alimentos a pequeña escala, pero de forma muy excepcional.

Fue el comienzo de una actividad de gran servicio a la sociedad, con un carácter totalmente altruista y que hoy cuenta ya con el reconocimiento de todas las personas e instituciones, dirigida, alentada con iniciativa y horas de trabajo, por José Pita.

El paso del tiempo hace que las organizaciones y los equipos humanos cambien, las personas se renuevan, pueden aparecer dificultades, algún descuerdo o cambios de criterio, pero siempre debe queda el reconocimiento a estas personas pioneras que comenzaron con nada material, pero con mucho entusiasmo y capacidad de movilizar empresas y voluntarios: Manolo Parada, Pepe Pita, Manolo Luque, Pepe Rivadulla, Isidro Suárez, Paco Lago y Santiago Mella.

18 ene 2022 / 01:00
  • Ver comentarios
Noticia marcada para leer más tarde en Tu Correo Gallego
Tema marcado como favorito