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mujeres en la ruta jacobea (XV)

Egeria, la curiosa peregrina gallega del siglo IV que fue autora del primer libro de viajes de la historia de Hispania

Supuesto retrato de Egeria hecho en vida de la peregrina
Supuesto retrato de Egeria hecho en vida de la peregrina

XURXO FERNÁNDEZ  | 08.09.2019 
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Recuerdo haber leído, hace varios años, en El País, un excelente artículo de Mario Vargas Llosa que trataba de un libro raro y muy hermoso de Borges. La obra era Atlas, y constaba de una serie de textos breves y fotografías que resumían un viaje alrededor del Mundo que don Jorge Luis y María Kodama habían hecho poco antes de su publicación, en 1984, en Editorial Sudamericana. Amenísimo, no estaba exento de esas hondas reflexiones a las que el porteño nos tenía acostumbrados, y que con frecuencia hacían que en nuestro entorno acabase dando la vuelta el aire. "Descubrir lo desconocido no es una especialidad de Simbad, de Erico el Rojo o de Copérnico. No hay un solo hombre que no sea un descubridor", decía. "Empieza descubriendo lo amargo, lo salado, lo cóncavo, lo liso, lo áspero, los siete colores del arco y las veintitantas letras del alfabeto; pasa por los rostros, los mapas, los animales y los astros; concluye por la duda o por la fe y por la certidumbre casi total de su propia ignorancia..."

VARGAS, GRAN LECTOR DEL ILUSTRE CIEGO, nos habla con la admiración del que sigue a alguien casi inalcanzable: "Las notas... siempre precisas e inteligentes, están plagadas de citas y referencias literarias, y hay en ellas sabiduría, ironía y una cultura tan vasta como la geografía de tres o cuatro continentes que el autor y la fotógrafa visitan en ese período (bajan y suben a los aviones, trenes y barcos sin cesar). Pero en ellas hay también -y eso no es nada frecuente en Borges- alegría, exaltación, contento de la vida. Son las notas de un hombre enamorado..."

HACE POCO, VOLVÍ A TENER NOTICIA
de un personaje crucial cuya importancia no ha dejado de trascender en el curso del tiempo. El motivo, la revisión y actualización de su vida y de su obra, con resultado de edición, a cargo de un notable y conocido especialista.

Cuando tuve en las manos ese producto, me sorprendí pensando en Atlas, en Borges y en Vargas. En principio, al menos, nada común había entre las dos cosas. Pero no tardé en ser consciente de mi error. Sí. Había un montón de paralelismos de peso entre las dos obras.

El personaje al que me refiero es Egeria (o Aetheria, o Eucheria, o Echeria...). La actualización de su obra Itinerarium o Peregrinatio lleva ahora el explícito nombre de Viaje de Egeria. El primer relato de una viajera hispana, y ha sido publicado por Carlos Pascual en La línea del Horizonte.

HAY AÚN MUCHAS DUDAS SOBRE ELLA. Faltan datos, con el agravante de que muy posiblemente no podremos obtenerlos nunca. Es más: incluso hay cosas que se han aclarado hace muy poco tiempo (lo que demuestra, efectivamente, que la esperanza es lo último que se pierde). Pero les contaré lo que se sabe hasta ahora.

Por ejemplo: que era una dama pudiente, o noble, y que incluso pudo ser familiar directa del emperador Teodosio, que vivió en la última mitad del siglo IV, que había nacido en algún lugar de la Gallaecia (según la división administrativa de Hispania, tal como la concibió Diocleciano, en ese momento la Gallaecia incluía la actual Galicia, pero extendida hasta un poco más abajo de Braga; incluía también toda Asturias y Cantabria, y entre sus principales entidades de población estarían las actualmente llamadas Zamora, Segovia, Aranda, Palencia o Burgos) y que entre los años 381 y 384 recorrió lo que podríamos llamar sin rodeos el Orbe conocido, incluídos Jerusalén y los Santos Lugares y Alejandría, Constantinopla, Tebas, Menfis, Edesa, Antioquía y el Sinaí.

EN EL TIEMPO QUE DURÓ SU DESPLAZAMIENTO, iba escribiendo una suerte de cuaderno de bitácora. Un diario, si lo prefieren, en donde utilizaba la primera persona y el género epistolar. Item más: el encabezamiento iba siempre dirigido a unas dominae et sorores, es decir, señoras y hermanas, que habrían quedado pendientes de ella en su lugar de origen.

Que escribía en lo que se suele llamar sermo cotidianus: un latín vulgar, de la calle.

Y, ¡ojo al dato!: que esa obra fue el primer libro de viajes escrito en Hispania.

Aspecto general de un par de páginas del Itinerarium de Egeria y un fragmento signifcativo. Nos referimos al manuscrito encontrado por Gian Francesco Gamurrini en Arezzo en 1884, que fue copiado en el siglo XI. El experto atribuyó entonces su autoría a Silvia de Aquitania

PERO HABRÍA QUE ACLARAR
unas cuantas cosas. Sobre lo de que era de familia pudiente o directamente de alta alcurnia. Bien. Sabemos que viaja con un numeroso séquito, con guardas, servidores y personal digamos doméstico. Que posee un salvoconducto que le abre las puertas en todas las paradas del camino. Que, en cualquier lugar, tanto los eclesiásticos como los primeros mandatarios y, por supuesto, los monjes, los eremitas, los confesores (cuyo pasado respecto a la fe había sido puesto en duda o atravesaban dificultades), acuden a recibirla como a alguien especialmente notable. Que lleva en su equipaje una bien nutrida biblioteca de lo que podríamos llamar guías y primitivos mapas, como la Tabula Peutingeriana o el Itinerarium a Burdigala Hyerusalem usque o el Itinerario de Antonino. Aparte, claro está, de alguna Vetus latina, biblia previa a la Vulgata. Y todo ello, aparte de ciertos giros, ciertos detalles significativos, nos hacen comprender hasta qué punto es una mujer instruída. Entonces, ¿por qué escribe en latín vulgar? Pues puede que por una razón muy sencilla. En época de diatribas religiosas importantes (recordemos a Prisciliano, muy presente aún en la Gallaecia), más vale arrimarse a lo del sueño de San Jerónimo: ciceronianus est, non christianus. El miedo a las dudas que crea en el momento el exceso de sabiduría, y sobre todo en las mujeres (recuerden la atrocidad de Cirilo sobre Hipatia), lo mejor es mantener distancias sobre lo que es el conocimiento.

¿DE GALLAECIA? Después de haber sido considerada gala, o romana, por algunos giros lingüísticos -aunque también los hay galaicos-, quien la sitúa perfectamente es Valerio del Bierzo en el siglo VII. Aunque, cuando se descubre su Itinerarium -copiado en el siglo XI- en Arezzo, en 1884, el erudito Gian Francesco Gamurrini la identifica con Silvia de Aquitania. Hidacio de Xinzo contribuirá a garantizar su origen.


MÁS: ¿ERA MONJA?
Eso es lo que se creyó durante años (llegó a llamársele santa), y como se la representaba en principio. Recuerdo una ilustración de la buena de Egeria andando, cubierta con un saco de yute... Hay quien todavía lo mantiene. Incluso el encabezamiento de sus misivas sienta dudas razonables. Otros dicen, que, simplemente, la figura no existía como tal en su época. Si bien es verdad que su inicial intención es piadosa...

Y AHORA
traigamos a Vargas de nuevo: "...una cultura tan vasta como la geografía de tres o cuatro continentes...", ¿recuerdan? Y a Borges: "...no hay un solo hombre que no sea un descubridor..." Egeria, en su lengua llana, nos hace redescubrir mundos nuevos o quizás primigenios. Haber viajado por toda la Tierra conocida y haber dejado constancia tras haberla mirado con esa candidez, con esa inocencia, con ese gusto exquisito... nos transmite una de las sensaciones más intensas que un lector, cualquiera y de cualquier tiempo, pueda experimentar jamás...

PERO, EN EL FONDO, SIEMPRE NOS QUEDARÁ SU FRASE FAVORITA:
Yo, que soy un tanto curiosa...