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mujeres en la ruta jacobea (XXIII)

La reina Jimena, esposa de Alfonso III, en la consagración de la Basílica del Apóstol el año 889

D. Alfonso III y Dña. Jimena en una miniatura del s.XIII.
D. Alfonso III y Dña. Jimena en una miniatura del s.XIII.

JOSÉ CARRO OTERO  | 28.10.2019 
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1. Testimonio gráfico de nuestra protagonista. Una preciosa miniatura, del siglo XIII, sin fidelidad de retrato, por razones óbvias, representa a los reyes Alfonso III El Magno de Asturias y a su esposa Dña. Jimena, hija del rey de Navarra D. García Jiménez, cuando se casaron en 873. Ella tenía 25 años y del matrimonio nacieron ocho hijos, cinco varones: García, Ordoño, Gonzalo, Fruela, Ramiro y tres mujeres: Sancha y otras dos de nombre ignoto. Alfonso III, justamente calificado de Magno por sus muchas batallas libradas, siempre victoriosas, en el decurso de la reconquista de la península Ibérica que lo llevó a prolongar el territorio cristiano desde la línea del río Miño hasta la del Duero, conquistando importantes ciudades de aquella zona, Porto, Zamora, Toro, etc., llegando por el este hasta Burgos, tuvieron en la mayor parte de los casos una interesante circunstancia ligada: antes de entrar en combate, Alfonso visitaba el Santuario Apostólico compostelano para impetrar su ayuda sobrenatural como 'patrono' de aquella España en cristianización progresiva, circunstancia que ya le había reconocido al Apóstol el rey Ramiro I en 844, tras su victoria en la famosa Batalla de Clavijo contra el Ejército musulmán que mandaba Abderramán II.

En la miniatura aludida Dña. Jimena, sobre cuya cabeza puede verse un texto que la identifica como "Jimena reina" está a la derecha de su esposo que lleva corona y porta un bastón-cetro rematado en una flor de lis. Dicha miniatura se encuentra en el llamado Libro de los testamentos, conservado en la catedral de Oviedo y que data de principios del siglo XIII.

 


2. La famosa Cruz de Oro de estilo asturiano. Las circunstancias antedichas justifican los múltiples obsequios, de carácter gratulatorio, que D. Alfonso III hizo al Santuario, entre los cuales sobresale la maravillosa Cruz de Oro, que ofreció en 874. Dicha pieza, de aproximadamente 56 cm de alto, 44 de ancho y dos de espesor, había sido construida con una alma de madera recubierta por lámina de oro claveteada, la cual además de una prolija microdecoración de filigrana habilidosamente realizada con el mismo metal, lucía un número importante de piedras preciosas engastadas, de diversos colores así como otros elementos en esmalte. En la cara posterior de los brazos de la cruz existe, repujada, una inscripción latina que traducida, dice así: "En honor de Santiago la ofrecieron el siervo de Dios Alfonso, príncipe, y Jimena reina. Esta obra se realizó en la Era 912 (fecha que corresponde al año cristiano de 874). Con este signo se vence al enemigo y se defiende al piadoso". De los brazos horizontales de la Cruz cuelgan, mediante sendas cadenillas, las letras Alfa y Omega, primera y última del alfabeto griego, que significan principio y fin, respectivamente.

Infelizmente dicha joya desapareció, misteriosamente en el año 1906 de la Capilla de las Reliquias de la Catedral, donde se guardaba expuesta en la parte central de su altar. Jamás se recuperó ni se supo nada referente a tal desaparición. El Cabildo Catedralicio mandó hacer una réplica de la Cruz en latón, inspirándose en fotografías existentes de la misma realizadas a finales del siglo XIX. Casi un siglo después, en el año 2004, que fue Año Santo, la Sociedad Anónima de Gestión del Plan Jacobeo encargó otra réplica en oro y piedras preciosas la cual se hizo en los talleres de la firma Ángel, S.L., donde la manufacturó el prestigioso orfebre compostelano D. Ricardo de la Iglesia López, con una calidad que no tiene nada que envidiar a la original. En la actualidad está depositada y puede verse en el Museo de las Peregrinaciones, sito en la Plaza de las Platerías.

 

 


3. Consagración de la Basílica que hizo construir Alfonso III. La reina Dña. Jimena va a ser protagonista de otra presencia compostelana, en esta ocasión en 'vera efigie'. Nos referimos a su venida a la ciudad en el año 889, acompañando a su esposo Alfonso III y con varios de sus hijos, para intervenir en la inauguración de la nueva Basílica que el rey Magno había hecho construir sobre la tumba del Apóstol Santiago en sustitución de la que, de mucho menor tamaño y pobres materiales constructivos, había erigido, en el primer cuarto del siglo IV, recién descubierta la citada tumba, D. Alfonso II El Casto, monarca asturiano que reinó entre el 791-842.

En esta ocasión Alfonso y Jimena se hicieron acompañar, dicen viejas crónicas, por varios de sus hijos, por 17 prelados, entre arzobispos y obispos, y grandes personalidades del reino, todos concurrentes a la solemnísima ceremonia de consagración del Templo que tuvo lugar el 5 de mayo del ya referido año 899. Una maqueta existente en el Museo de las Peregrinaciones, realizada en el taller de miniaturas Armadillo de A Coruña, permite apreciar, tridimensionalmente y en su aspecto propio la arquitectura de ese edificio en el estilo prerrománico-asturiano, propio de su época.

Actualmente, ayudados por la valiosa información suministrada por las excavaciones arqueológicas realizadas en todo el subsuelo de nuestra catedral (década de los años 1950-60) sabemos que dicho Templo de Alfonso III tenía planta Basilical: cuerpo rectangular de unos 37 metros de largo por 14 de ancho, con tres naves subdivididas por sendas filas de columnas, la central de mayor altura; un ábside, asimismo rectangular de más menos nueve por ocho metros; un vestíbulo o nártex, igualmente rectangular de más menos 2,2 por 2,2 metros; y un baptisterio anexo al cuerpo basilical por su exterior norte, de más menos 7,5 por 7,4 metros.

Cierto grabado del artista flamenco residente en España, D. Diego de Astor, que se publicó en 1610 ilustrando el libro de D. Mauro Castellá Ferrer titulado: Historia del Apóstol de Jesucristo Santiago Zebedeo, patrón y capitán general de las Españas, ofrece una reconstrucción imaginaria del aspecto de tal ceremonia, donde se ven el ábside que acoge el Altar Mayor bajo el que se ubica la tumba del Apóstol; un prelado hablando desde el púlpito; 16 personajes mitrados que ocupan cierto banco periférico; el estrado donde puede verse al obispo de Santiago que lo era, a la sazón, Sisnando I, detrás del cual se disponen cuatro clérigos uno de los cuales lleva el báculo episcopal; otro estrado, a la izquierda del precedente, que preside el rey sentado en un trono, vestido con manto, corona y cetro y, a su izquierda, la reina Dña. Jimena, asimismo con manto y corona, sentada sobre cojines y con una ¿dama de servicio? a su lado. Detrás de los monarcas cuatro de sus hijos varones; en el lateral izquierdo de la escena numeroso público que representa, fundamentalmente, a los importantes personajes civiles concurrentes. Esta Basílica, en la que se utilizaron materiales de alta calidad, sirvió muy decorosamente sus propósitos funcionales, recibiendo una peregrinación expansiva que en el siglo XII tenía ya el rango de pan-europea, hasta el año 997, fecha en que fue destruida por la razia que procedente de Córdoba para tal efecto, dirigió el famoso caudillo musulmán Almanzor. Luego, cuando se retiró ese Ejército predatorio que se llevó, entre otras muchas cosas, "las campanas", el obispo de la época, Pedro de Mezonzo, procedió a su restauración, que aguantó el tipo hasta 1075. En esa fecha se inició la construcción de la Catedral actual en tamaño muchísimo más grande, cuya obra se concluyó el 11 de abril del año 1211, tiempo del arzobispo compostelano D. Pedro Muñiz y del rey Alfonso IX.

En este recuerdo histórico de la reina Jimena, compañera de su esposo en estas sus dos presencias compostelanas, no queremos olvidar, gajes de la vida, que pocos años después, en 910, formó parte con sus hijos de una rebelión contra Alfonso III, de glorioso reinado, al que obligaron a abdicar, aunque protocolariamente le permitieron seguir usando su título de rey. ¡Así terminan, muchas veces, las glorias mundanas!

 

La reina Jimena, esposa de Alfonso III, en la consagración de la Basílica del Apóstol

el año 889