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mujeres en la ruta jacobea (XX)

S.M. María Pía de Saboya, reina consorte de Portugal, orando ante el altar del Apóstol

El convoy marítimo que traía a los reyes portugueses arribó al puerto de Vigo al atardecer del tres de octubre, y en la mañana del día siguiente, después de las preceptivas salvas de cañonazos, a modo de saludo, cruzadas entre el vapor Sá da Bandeira y las baterías de la plaza

La reina, viste un elegante ‘traje de corte’ y manto real y, en la parte alta del pecho, cruzan las bandas de las grandes cruces de las dos órdenes dinásticas portuguesas: azul sobre blanco, la de Nuestra Señora de la Concepción, y rosa sobre blanco, la de Santa Isabel - FOTO: Museo del Prado. Óleo de F. Machado
La reina, viste un elegante ‘traje de corte’ y manto real y, en la parte alta del pecho, cruzan las bandas de las grandes cruces de las dos órdenes dinásticas portuguesas: azul sobre blanco, la de Nuestra Señora de la Concepción, y rosa sobre blanco, la de Santa Isabel - FOTO: Museo del Prado. Óleo de F. Machado

JOSÉ CARRO OTERO DE LAS ACADEMIAS NACIONALES DE LA HISTORIA Y DE BELLAS ARTES DE ESPAÑA Y DE PORTUGAL  | 18.10.2019 
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La visita a Santiago tuvo lugar el día cinco de octubre de 1865 en el contexto de un viaje realizado por la reina María Pía de Saboya y su esposo D. Luís I, a quienes les acompañaba el príncipe heredero, D. Carlos. Procedentes de Lisboa por mar, cruzaron Galicia desde Vigo hasta O Cebreiro, pasando por las ciudades de Santiago y Lugo para, a través de España y Francia, llegar a la ciudad de Turín, en Italia, que era su destino. Sobre la presencia de tan egregios viajeros en nuestra tierra no conocíamos más que dos escuetísimas noticias publicadas por F. Moreno Astray y por José Mª Zepedano, ambos testigos de la misma.

Pesquisas realizadas por nosotros en diversos periódicos de la época y en varios archivos nos han permitido restituir, en lo fundamental, la causa y circunstancias de este viaje.

Los Monarcas y su séquito

El rey D. Luís I subió al trono de Portugal en 1865 y, apenas nueve meses después, contrajo nupcias con Dª María Pía de Saboya, de 15 años, hija de Víctor Manuel II y María Adelaida, reyes de Sicilia y Piamonte, en ese momento empeñados en el proceso de 'unificación de Italia', país del que serán los primeros soberanos.

El matrimonio tuvo dos hijos, el príncipe real, D. Carlos, nacido en 1863, y el infante D. Afonso Henriques, que vino al mundo en 1865. El primero de estos, con apenas dos años de edad, iba con sus padres en el viaje que mencionamos al que, es importante hacerlo notar, concurría la reina apenas un mes después de haber parido a su segundo vástago. No fue una razón de estado la que determinó a SS.MM a emprender el largo viaje camino de Italia. Iban, fundamentalmente, a saludar a los progenitores de Doña María Pía y a presentarles a su nieto D. Carlos, futuro rey de Portugal.

Una nota publicada por el periódico El Miño, el 6-10-1865, que reprodujo cinco días después el Diario de Noticias, nos permitió conocer las personalidades que integraban el séquito real: el conde de Valle de Reis; la condesa de Sousa y Doña Gabriela de Sousa, damas; vizconde de Leiría, C­unha e Menezes; marqués de Ficalho, Carlos Folque Posolo, ayudantes de Su Majestad; capitán Luiz Folque Posolo; teniente Francisco de Menezes Teixeira, oficiales de órdenes; Dr. Magalhães Coutinho, secretario del rey, y 30 personas más de servicio.

Itinerario del viaje

SS.MM embarcaron en Lisboa en el vapor de guerra Mindello, al que escoltaban otros dos, el Sagres y el Sáda Bandeira, bajo el mando conjunto del vizconde de Soares Franco, contra-almirante de la Armada portuguesa, con intención de dirigirse a un puerto de la costa francesa ¿Burdeos?, y desde allí, proseguir por tierra. El mal estado de la mar, que debió causarle muchas molestias a la reina y al pequeño príncipe, aconsejaron un cambio de itinerario con arribada forzosa a Vigo en la tarde del tres de octubre y recorrido por el norte de España con etapas en las ciudades de Santiago, Lugo, Villafranca del Bierzo, Astorga, León... para entrar en Francia por Hendaya.

Durante dicho imprevisto recorrido por España, de carácter privado, por tanto no oficial, los reyes adoptaron la identidad de 'Condes de Guimarães' y por tal motivo Doña Isabel II y el Gobierno de nuestro país, que fueron oportunamente informados de todo ello, se limitaron a dar las instrucciones habituales en esos casos para que las autoridades correspondientes les prestasen todas las ayudas necesarias. Hay noticias de que el diplomático encargado de Negocios de Portugal en Madrid había previsto partir el día cinco al encuentro de los ilustres viajeros.

Estancia en Vigo

El convoy marítimo que traía a los reyes portugueses arribó al puerto de Vigo al atardecer del tres de octubre y, en la mañana del día siguiente, después de las preceptivas salvas de cañonazos a modo de saludo, cruzadas entre el vapor Sá da Bandeira y las baterías de la plaza, subieron a bordo del Mindello todas las "autoridades civiles y militares de Vigo, para saludar a Sus Majestades, teniendo la honra de ser convidados para el almuerzo Sres. D. Ramón Lafuente, alcalde; gobernador Militar; comandante de Artillería; comandante de la goleta Caridad; ayudante de la plaza; capitán del puerto y vicecónsul de Portugal. Poco después del regreso de las autoridades a tierra desembarcó el rey, solo acompañado por su secretario particular, deseoso de recorrer la población de incógnito. A las tres de la tarde lo hicieron la reina y su comitiva para dirigirse a la hospedería llamada de Las Cuatro Naciones... a la noche les fue ofrecida una brillante serenata por el Batallón de Valencia... (periódico El Miño 6-10-1865).

Llegada a Santiago

SS.MM. y séquito salieron de Vigo en carruajes a las seis de la mañana del día cinco, que era jueves, para hacer su entrada en Compostela hacia las cuatro de la tarde. Las autoridades civiles y religiosas de la población estaban alertadas por telegramas cursados por el Gobernador Civil de Pontevedra. Tuvo que organizarse, a toda prisa, la recepción de 'los reyes fidelísimos de Portugal': servicio de comidas; habilitación de las necesarias dependencias para alojarlos (una vez más se recurrió a los salones del primer piso del Seminario de Confesores, más conocido por 'Palacio de Rajoy', que era propiedad del Cabildo catedralicio); programa lúdico con que serían agasajados y la imprescindible "visita a la Catedral donde, como se había advertido, SS.MM., acudirían para orar". Diversas 'comisiones' se encargaron de ejecutar, con suma celeridad y eficacia, todo lo antedicho.

En referencia con este asunto añadiremos las siguientes notas curiosas: el entonces cardenal-arzobispo, D. Miguel García Cuesta, no estaba en Santiago; el Ayuntamiento publicó un Bando para que se adornaran con colgaduras las ventanas y balcones de las casas, iluminando estas a partir de las ocho y media de la tarde; el Excmo. Cabildo acordó recibir a los monarcas en la entrada de esta Santa Iglesia, asistiendo... en traje coral, que el órgano toque la Marcha Real y que la orquesta del templo interprete piezas musicales adecuadas mientras SS.MM están orando; que se iluminen la Capilla Mayor y la de las Reliquias; que haya repique solemne de campanas...". En la noche dieron 'serenata' a los egregios visitantes las dos músicas de la Catedral y del Hospicio, con intermedios de fuegos y cubos de artificio.

Etapa de Lugo

Partiendo de Compostela, en la mañana del día seis llegaron a Lugo a las nueve de la noche. Las autoridades de aquella urbe habían sido avisadas también, mediante telegramas enviados por el gobernador de Pontevedra al de Lugo, D. Francisco Javier Camuña, quien organizó todo lo preciso con ayuda de varios señores diputados provinciales, del Ayuntamiento y de otras autoridades, para cubrir los mismos objetivos que describimos en Santiago. Proveyó, además, tres carruajes que se le habían solicitado para la regia comitiva.

D. Luís y Dª María Pía fueron recibidos en la ciudad "con los honores de ordenanza" y hospedados, con el príncipe Heredero, en el Salón de la Diputación; todo su acompañamiento y servidumbre, que se componía de veintidós personas, en las habitaciones de la Casa del Gobierno y en las oficinas contiguas a ella. Seguidamente comieron y descansaron en las camas que se habían preparado con la mejor decoración posible. A las siete y media del Sábado (día siete) el rey fue a visitar la Catedral donde le recibió y acompañó el Sr. obispo, D. José de los Ríos Lamadrid, ...partieron... a las diez... Les acompañaron los Brigadieres Teijas Lozano y Sanz; el conde de Campomanes y el Gobernador Civil Sr. Camuña, los dos primeros a más larga distancia los dos últimos solo hasta Villafranca del Bierzo, en cuya localidad tuvimos la satisfacción de oír de SS.MM. que jamás olvidarían las atenciones que habían recibido de la provincia de Lugo (Archivo de la Diputación de Lugo), acta del 10-10-1865).

Agradecimiento de los Monarcas Portugueses

Consta, por la documentación que hemos podido manejar, que D. Luís I condecoró, agradecido por sus servicios, a varias autoridades lucenses: al gobernador Militar Brigadier D. Carlos Sanz (encomienda de la Orden Militar de Avis); al obispo, al conde de Campomanes y al gobernador Civil, Sr. Camuña, a estos últimos con la Orden Militar de Cristo.