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ENTREVISTA
Andrea Fernández Laíño // Arquitecta

“No es que la gente no quiera vivir en el rural, es que no se aportan facilidades para ello”

{Santiago} Ante el continuo éxodo rural y la pérdida de su patrimonio, la compostelana Andrea Fernández puso el foco, en su reconocido trabajo de fin de grado, en la desaparición y crisis que está viviendo la arquitectura gallega actualmente. De este modo, realizó un análisis de esta problemática poniendo como ejemplo la aldea de Os Castros, en Cerdedo-Cotobade, con criterios gráficos y propuestas de intervención válidas para toda la comunidad

¿Cuál es el objetivo de su proyecto?

Como sucede muchas veces, uno no es consciente de lo que hay a su alrededor hasta que pone tierra de por medio. Cuando vine para Madrid hace seis años tenía una perspectiva de un rural gallego lleno de prejuicios, influenciada por la idea con la que hemos crecido, pero una vez aquí, comencé a apreciarlo de manera diferente. Por ello, cuando en segundo de carrera realizamos un proyecto sobre los espacios olvidados, a nivel rural, comprendí que este era un campo de la arquitectura sobre el que no se había explorado mucho y dónde había mucho por hacer. Nadie se ha puesto a buscar una arquitectura contemporánea de estos espacios, por lo que me decidí por este tema, aunque buscando un enfoque diferente.

¿Qué referencias se encontró sobre esta materia y qué tuvo en cuenta para su elección?

El único referente histórico sobre la materia es una obra de Fariña Tojo, de 1980, por lo que nadie ha planteado la despoblación desde ese momento, lo cual es anecdótico porque es un tema de actualidad. Con ese contexto, estudié las aldeas de Galicia, con atención a la despoblación. Realicé una selección a nivel descendente (territorio, ciudad, parroquia y aldea), con la mirada puesta en el interés arquitectónico, y así llegué a la aldea de Os Castros, en Cerdedo-Cotobade (Pontevedra).

¿Qué peculiaridades posee esta aldea?

Esta aldea pertenece a la parroquia de Quireza, que en un día fue la principal del área, aunque después comenzó su pérdida progresiva de población. Esta aldea es preciosa y multitud de patrimonio cultural y arquitectónico, la mayoría abandonado, un patrimonio impresionante que está dejado de cuidar. Además, la mitad de las viviendas habitadas son de recreo, para las vacaciones, representando un ejemplo claro de lo que se está perdiendo con el éxodo rural.

Habla de arquitectura tradicional que se está perdiendo, ¿qué destaca en la gallega?

En Galicia tenemos algo muy particular, una diferencia muy grande entre todo el territorio a nivel cultural, pero también arquitectónico. No es lo mismo las aldeas del interior de Lugo, que del interior de Pontevedra o de la costa. Cada una se caracteriza por una serie de elementos, lo que proporciona una gran riqueza.

En Os Castros, por ejemplo, domina la casa rural de piedra, pero también hay muchos otros tipos de vivienda. En este sentido, tradicionalmente, hemos englobado a infinidad de edificaciones en el término feísmo, cuando en realidad es una estilo que responde a esa arquitectura sin arquitectos, forjada a través del ejemplo, de la imitación y de las referencias.

¿Cuáles han sido los motivos históricos que han provocado estos estilos diferentes?

Por un lado, existe una clara influencia de la emigración. Históricamente, muchos que se fueron a Suiza, por ejemplo, a su regreso, en su intención de demostrar su éxito en la lejanía, construían encima de una casa tradicional una segunda planta o una cubierta al estilo del país helvético. Por otro lado, también se notó la entrada de la televisión en Galicia. Y, en tercer término, la influencia de las ciudades y de los pazos cercanos. De este modo, resulta muy llamativo que en cualquier aldea, las chimeneas de las casas son imitaciones de pazos y villas de las principales ciudades.

Esto puede chocar un poco, pero si analizamos esas referencias, buscando puntos de encuentro con otros lugares, aportan una gran riqueza a las aldeas, más allá de la construcción típica de piedra.

En su trabajo se centra también en la intervención para mejorar este problema, ¿cuál es el camino a seguir para repoblar el rural?

No se puede crear la tendencia de entender el rural como parque de atracciones, ya que vivir en el rural implica un modo de vida. Antes de la pandemia, Rem Koolhaas, en una exposición en el Guggenheim, ya valoraba el poder del rural y ese regreso a él, aunque desde una perspectiva de llevar la ciudad al rural. En mi caso, no creo la solución sea esa, ya que hay un modelo de vida que ha funcionado durante todos estos años. La respuesta es más sencilla y pasa por dar unos buenos medios de comunicación y mejorar las vías de circulación.

Tenemos el prejuicio de que desde una aldea se tarda media hora en llegar al puesto de trabajo, pero este tiempo es el mismo que puede necesitar una persona en una gran ciudad. Por ejemplo, en Madrid, la gente que vive en urbanizaciones de las afueras hace un recorrido diario de 30 o 40 minutos para llegar a su puesto. Por ello, hay que relativizar el tiempo y valorar más el entorno y el patrimonio.

Sin embargo, cada vez hay más viviendas abandonadas. ¿Dónde está el problema?

Hay multitud de casas que se encuentran abandonadas porque pertenecen a propietarios que viven fuera, pero que no están interesados ni en habitarlas ni tampoco en venderlas, porque les ponen precios desorbitados. Además, pienso, y los vecinos de Os Castros también coinciden con mi idea, que existe un interés general de las Administraciones por hacer olvidar esta historia, que queden más olvidadas y que la poca gente que vive ahora abandonen sus casas y se vayan a las ciudades. Considero que no se fomenta de la misma manera el vivir en el rural que hacerlo en una ciudad, lo que lleva a que las personas tiendan hacia la opción más cómoda, la urbe.

¿Qué medidas cree que se podrían llevar a cabo?

Hay muchas maneras de ayudar y potenciar esos territorios, pero cada día se están poniendo más trabas para que no sea así. Por ejemplo, no hay una norma que rija las viviendas abandonadas y sin uso. Tal y como planteo en el trabajo, una idea posible es que exista un plazo de prescripción para que se haga uso de estas edificaciones y sino que pasen a la Administración, porque son potencialmente renovables y suponen un atractivo claro para que la gente vuelva al rural.

¿Percibe esta problemática también en el entorno de Santiago?

Santiago ha conseguido una buena integración entre el patrimonio histórico, el Ensanche y el entorno de las aldeas. Dada la expansión de la ciudad, podemos catalogar las nuevas construcciones como viviendas de las afueras. En todo caso, por la manera en la que se está expandiendo, se ha respetado la historia y se ha construido una serie de nuevas edificaciones que se integran muy bien con el entorno tradicional existente.

Al final, mucha gente prefiere vivir en una casa que en un piso, pero para ello hay que aportar facilidades. Así, en una encuesta que llevé a cabo para el proyecto, bajo las mismas condiciones, un 70 % de los encuestados se planteaba un modo de vida en el rural. Por ello, el problema no es la gente que no se quiera ir al rural, sino que no estamos dándole las facilidades para ello.

En busca de soluciones

Graduada por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, Andrea Fernández está terminando el Máster habilitante para desarrollar su profesión. Para el futuro, independientemente de su interés por seguir formándose en construcción y diseño, se enfocará en las aldeas, con el objetivo de “repoblar estas zonas, cambiar la mentalidad que existe ahora sobre este mundo y darle solución a este problema, porque antes o después tendrá que llegar”.

13 ene 2022 / 01:00
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