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|| leña al mono, que es de goma ||

Sabina, es la izquierda la que te rechaza a ti

PUES SÍ, Joaquín, no es de extrañar que el siglo XXI te toque los cojones, como afirmaste de una forma tajante en una reciente entrevista publicada en El Mundo. Y tampoco a nadie debería extrañarle que reniegues, como acabas de confesar, de la nueva izquierda que dicen representar Pedro Sánchez y sus coleguillas de Podemos, porque jamás España vio ni sufrió, en las últimas décadas, a unos gobernantes tan sectarios, plastas, cargantes, cursis, relamidos, teatretos y adictos a controlar a quienes se apartan de su ideario político y moral.

Antes, Sabina, ser de izquierdas tenía un cierto encanto para la juventud, porque por alguna razón se identificaba con llevar el pelo largo, recelar de los curas preconciliares, cerrar los bares, escuchar a los Stones y comulgar con la gente genial que llenó de música cachonda los pubs de los 80´s y 90´s, antes de que todo, apenas dos décadas después, se fuese al carajo. Aquello, de todas formas, tampoco fue perfecto. Me da cierto pudor recordar, por ejemplo, lo moñas que éramos a veces, como cuando encendíamos mecheritos al oír a Aute cantando Al Alba o A por el mar, o cuando en cierta ocasión todos los asistentes a un concierto de Joan Baez nos cogimos las manitas y las subimos en alto, como gilipollas, al escuchar We shall overcome. Lo mismo pasaba cuando Miguel Ríos se lanzaba a cantar su versión del Himno de la alegría.

¿Era aquello la izquierda? Quizá, pero lo fuese o no en aquellas veladas participaban jóvenes y carrozones de todo tipo y condición que no tenían, como ahora, un perfil político diseñado con regla y cartabón. Eran tan libres que se permitían el lujo de ir a escuchar a Javier Krahe el sábado y acudir a la misa de doce el domingo sin padecer bipolaridad, de besar las paredes ocres de la Calle melancolía sin avergonzarse por vivir en un barrio acomodado y hasta de deglutir con devoción las letras excepcionales de Silvio Rodríguez sin bendecir por ello, ni de lejos, el régimen castrista.

¿Eran de izquierdas el unicornio azul o el óleo de la mujer con sombrero? ¿Lo era Antonio Vega? ¿Pecaba de rojilla la chica de ayer? ¿Con qué pulmón respiraban Alaska, Auserón o Loquillo? A saber..., pero la pregunta más importante es: ¿a quién coño le importaba? Ahora, en cambio, importa tanto que resulta vital. En cuanto a ti, ya ves, te escuchaban y te siguen escuchando los chonis poligoneros y las pijas de Serrano, los mineros comunistas y los abuelos fachas, los taxistas del cinturón rojo, los legionarios y los catedráticos de historia, seguramente porque el talento y la lírica trascienden cualquier tendencia política. Lo único insoportable es la mediocridad y la chabacanería, y de eso sabemos bastante en este siglo que tanto te toca los huevos. A ti y a tanta gente.

De aquella, recuérdalo, no había los bandos de ahora, la gente se divertía junta sin preguntar a quién votaba y al plasta de turno que te largaba un rollo ecosostenible o psicosocial le ponías de patitas en la calle, o en la puerta del bar, para que diese la barrila a su puñetera madre.

De todas formas, no te confundas. No eres tú el que te has apartado de la izquierda. Es la nueva izquierda ñoña la que se ha apartado de ti. ¿Cómo van a admitir en su selecto club sectario a un tipo que le gustan los toros, que exhibe en una vitrina un traje corneado de José Tomás, que tiene en su casa una especie de santuario lleno de vírgenes y angelotes, que no se ha declarado vegano, que fuma como un carretero esparciendo el humo sin pensar en el cambio climático, que da mal ejemplo a la juventud bebiendo güisqui on the rocks, que conserva el sentido del humor y que ha dedicado decenas de canciones a las damas de la noche, a las aves de paso y a las chicas que toreaban con el bolso los tranvías. Chaval, ¿de qué vas? Ya tendrías que haber colgado en tus paredes, hace varios años, un póster de Greta Thunberg con cara de ansiedad climática.

Cuentan las noticias que vendiste en muy pocas horas todas las entradas de las dos actuaciones que ofrecerás en junio en A Coruña y será difícil, por lento al desenfundar la cartera, que pueda ir a verte. De todas formas, mucho tendrás que esforzarte para mejorar el excepcional concierto que ofreciste en julio del año 2000, justo al inicio de este amuermante siglo, en A Quintana. Creo que fue allí cuando la plaza entera entonó contigo, como si no hubiese un mañana, la letras de Y sin embargo y Contigo: “Lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí. Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere, mata, porque amores que matan nunca mueren”. Hoy, la PMR (Policía Moralista del Régimen) te hubiese dado un severo toque por acosador y agobiante. Mejor es, por lo tanto, que te dediques a componer canciones sobre el cambio climático. Con perspectiva de género, a ser posible.

28 nov 2022 / 01:00
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