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ENTREVISTA
Fernando Ponte Hernando, profesor de Historia de la Ciencia en la USC

“Sería ideal dedicar unos años en exclusiva a enseñar e investigar”

“Mi padre, hoy con 89 años, tenía una buena biblioteca desde siempre y me regaló los primeros libros, como La Biblia de los Niños de Piet Worm”

{Logroño, 1959} Polifacético y erudito, en posesión de un triple doctorado y dos galardones nacionales, pisa fuerte el “peldaño de la escalera del conocimiento científico” entre pacientes y tesis doctorales. Reputado en su campo profesional, apuesta por la especialización o el trabajo en equipo como claves de la Medicina actual, aun considerando vital recuperar ciertas figuras genéricas. También reforzar, con medios y formación, la Atención Primaria.

Actualmente compagina el ejercicio de la Pediatría en Atención Primaria con la publicación de distintos libros, así como la dirección de múltiples tesis doctorales en Historia de la Medicina y de la Ciencia ¿puede decirnos su secreto?

En general dedico las mañanas a la clínica y las tardes a la actividad universitaria, salvo el primer cuatrimestre del curso en el que el número de clases y de alumnos, casi 400 cada año, absorbe mucha atención y en ese período la otra actividad se reduce un poco. También los ratos libres, ejerciendo lo que Marañón llamaba el ser “un trapero del tiempo”. Ratos breves bien aprovechados dan para corregir unas cuantas páginas de un trabajo, ya sea académico de algún doctorando o alguna publicación personal o en equipo.

¿Y si tuviese que decantarse entre la labor divulgativa que desempeña, el trato al paciente o su amor por la docencia? Sé que es difícil pero... ¿Con cuál se quedaría? ¿Por qué?

Sinceramente, creo que no se trata de elegir, si no en qué actividad puede ser uno más útil en cada momento. La verdad, ahora mismo, el hecho de ser el único profesor de mi área, la Historia de la Ciencia en la Universidade de Santiago de Compostela (USC), hace que me preocupe más por ello que por otras cuestiones donde hay más y mejor gente que puede desempeñarlas.

¿Qué sería lo óptimo entonces?

Sería ideal dedicar unos años en exclusiva a la docencia y la investigación, por estos motivos que señalo. Ahora bien, en tanto esta decisión no depende de mí pues hay que esperar y desear que lleguen tiempos mejores. Dése cuenta que voy teniendo un grupo de personas postdoctorales muy capaces y de diversas edades pero, en todos los casos se ganan la vida en el Sergas fundamentalmente. Piense que la vida de un profesor de despacho, archivo (nuestro auténtico laboratorio) y aula es mucho más productiva que si a eso hay que sumarle las consultas, guardias, quirófanos, etc...

De estas pasiones que hemos comentado: ¿Cuál fue la primera que le invadió? ¿Y la última? ¿Cómo y cuando fueron apareciendo?

Quizás no se trata de una cuestión cronológica, sino de grado. Lo que hago actualmente me interesó siempre, pero el acceso a la historia de la Medicina pasó de la afición a la acreditación profesional en Acsug y Aneca a lo largo de un proceso que exige haber realizado y dirigido tesis, TFG, publicaciones, trabajos diversos, proyectos de investigación, conferencias, congresos... Algo que no se logra de la noche a la mañana. Menos si se gana uno la vida sobre todo con la bata y el fonendo.

Fruto de la primera obtuvo el premio Hernández Morejón, galardón que no se otorga cada día. También el Rodríguez Abaytúa , precisamente por otro trabajo (publicado en esta casa). En fin, dos premios nacionales en lo suyo ¿Cómo se sintió?

Pues naturalmente muy honrado y bastante sorprendido. En ambos casos estaba presente la figura inolvidable del profesor Nóvoa Santos.

Hábleme un poco más, ¿qué se esconde tras cada uno de ellos?

En el caso del Hernández Morejón, Premio que concede la Sociedad Española de Historia de la Medicina, se me otorgó por mi tesis doctoral en Historia de la Ciencia de 2011 por la UDC instigada y dirigida por el Prof. Dr. Jorge Teijeiro Vidal y el Dr. D. Juan José Fernández Teijeiro, dos buenos amigos. Quizás el haber descubierto a raíz de ella, que el funcionalismo de las incretinas, uno de los últimos grandes hallazgos en nuestros días del tratamiento de la diabetes, fue postulado por Nóvoa Santos en su laboratorio de nuestra facultad de Medicina en 1924, lo que llamó mucho la atención, como puede imaginarse. También el que Nóvoa anticipó el concepto de resistencia a la insulina, importantísimo en el estudio de la diabetes. En cuanto al Rodriguez Abaytúa de la Real Academia Nacional de Medicina se titulaba: Nóvoa Santos y las Reales academias de Medicina. Analizaba las vicisitudes de D. Roberto en relación con la Academia de Medicina de Galicia y Asturias, nombre entonces de la actual Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia y la Real Academia Nacional de Medicina.

¿Qué factores jugaron a su favor?

Desde niño el acceso a todos los libros que pude necesitar. Recuerdo que mi padre, hoy con 89 años, tenía una buena biblioteca desde siempre y me regaló hacia los 4 años mis primeros libros, como La Biblia de los Niños de Piet Worm, un clásico; novelas ilustradas, adaptadas al público infantil, de grandes autores, como Stevenson, Dickens, Verne... Asimismo, tuve la suerte de ir, en el Ourense de los 60, a un colegio bilingüe francés-español. Cosa hoy normal, entonces bastante insólita.

Ya que hablamos de claves, ¿cuáles son las de la medicina actual?

Entiendo que, fundamentalmente dos: la superespecialización y el trabajo en equipo. Bien es cierto que en pro de mejorar la acción superespecializada creo que se deben recuperar distintas figuras, como la del Médico Internista, que coordinaba a los equipos de neurólogos, cardiólogos, nefrólogos, etcétera.

Esta figura hoy está casi perdida y corremos grave peligro de caer en lo que Ortega y Gasset denominó “la barbarie del especialismo” hace más de un siglo. Personalidades de la Medicina Interna como el Profesor Ciril Rozman (Eslovenia, 1929), que me hizo el honor de prologar mi libro, Controversias diabetológicas del Dr. Carrasco Formiguera (2015), indica con precisión cómo él siempre ha intentado formar internistas clínicos, digamos generalistas, globalizadores, y que estos luego como investigadores, en su caso la oncohematología, tengan una línea más especializada. Por supuesto dotar de más formación y medios a la Atención Primaria hoy es imprescindible.

¿Y la historia? ¿Se configura esta como una de ellas?

La historia es maestra de la vida, el retrovisor de la ciencia. Para saber a dónde vamos hay que conocer lo mejor posible de donde venimos, cómo llegamos hasta aquí, qué aciertos ha habido y qué errores se han venido cometiendo. No estamos más que en otro peldaño de la escalera del conocimiento científico.

Es doctor en Medicina, Historia de la Ciencia y Veterinaria. ¿Cómo ocurrió esto? ¿Por qué?

Bueno, dicho así suena raro. Hay que señalar que entre la lectura de la primera y la última tesis han mediado 27 años, de 1992 a 2019. La primera en medicina fue la lógica consecuencia de haber sido alumno interno del entonces departamento de Histología y anatomía patológica.

La segunda fue a incitación de los directores citados, en una sesión de la Academia de medicina, donde luego fui invitado por el Prof. Carro a dar una conferencia sobre el asunto, pues había un rumor de que Nóvoa había trabajado sobre el tema, aunque nadie lo había investigado a fondo y puesto en papel.

La tercera fue muy curioso. Estando en imprenta la primera tesis que dirigí, su autora me manifestó que era una pena no haber logrado saber quién era el representante de Galicia en las Jornadas antituberculosas de Madrid y de la Fuenfría entre 1925 y 1926, creo recordar. Puesto a buscar, localicé la fascinante figura del doctor Marcelino Ramírez García, riojano de nacimiento, como yo, médico y veterinario militar, que dirigió el dispensario antituberculoso de A Coruña de la Casa Sol que sigue en pie, a la par que era Jefe de Veterinaria militar de Galicia.

Profundizando en su trayectoria, mi buen amigo, general del cuerpo de veterinaria militar y Académico de la nacional, Doctor Luis Moreno Fernández-Caparrós se empeñó y consiguió que hiciese este trabajo y lo presentase en la Facultad de veterinaria de Extremadura (en el campus de Cáceres). Como usted puede ver, hay determinados amigos que tienen mucho peligro.

Una trayectoria notable

premios Con dos galardones, un Rodríguez Abaytúa (en 2008) y el Hernández Morejón (2011), Ponte Hernando es asimismo doctor en Medicina y Cirugía (1992) por la USC, en Historia de la Ciencia por la UDC (2011) y en Veterinaria por la UEX (2019). Todos cum laude. Por su última tesis le concedieron la mención honorífica en el Con-greso Internacional de Historia de la Veterinaria (Toledo).

publicaciones Ha escrito trabajos, artículos y libros como “Roberto Nóvoa Santos, precursor del tratamiento de la diabetes con incretinas”, Ed. Novonordisk (2010), o “La Fuente de los Templarios: acerca de un manuscrito inédito del Prof. Gil Casares”, Eds. USC - Asoc. Balnearios de Galicia (2012).

cargos Ponte, quien ejerce como Profesor Asociado de Historia de la Ciencia en la USC (2017) y dirige múltiples tesis, fue Decano de Ciencias de la Salud de la UAX y miembro de la Agencia para la Calidad del SUG en el pasado.

24 may 2021 / 01:00
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