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“Tendrían que dejarnos exentos de impuestos”

Todavía pendiente de que se resuelvan las ayudas del Concello, el casco histórico intenta aguantar el tirón

Cuarenta años lleva Jorge Riande viendo cómo su tienda, Confecciones Riande, levanta cada mañana la persiana. Él tomó el testigo de su padre para seguir con el negocio familiar. Nunca en todo este tiempo había sido testigo de un momento tan malo. La situación es especialmente delicada en el casco histórico, lastrado por la dependencia del turismo y por una población que ha perdido peso en esta zona de la ciudad, sea por envejecimiento o por la reconversión de viviendas en alquiler turístico con la finalidad de sacar más rendimiento a las mismas.

Para Riande las pérdidas están un poco por debajo de la media, sobre un 40 por ciento a raíz de la pandemia. Él, consciente de que no es el peor parado, da las gracias por tener el local en propiedad y por no tener empleados. Pese a todo, insiste en la falta de ayudas directas más allá de las prestaciones para autónomos y reivindica que las autoridades deberían haberles dejado exentos del pago de los impuestos. Pese a tener una situación relativamente privilegiada en comparación a otros compañeros, reconoce haber solicitado a proveedores que retrasen un poco los pagos, consciente de que para ellos también resulta complicado. “Esto se puede aguantar hasta cierto límite”, explica Riande que pide más ayudas especialmente para los que peor lo están pasando: “Mejor primero ellos que yo”, concluye este comerciante.

Su sector, el del textil, así como el del calzado, es el que más está sufriendo la situación actual tal y como explica Delmiro Prieto, miembro de la Fundación Santiago Centro y responsable de Opticalia. “La valoración es preocupante. Calzado y textil están sobredimensionados en lo relativo a oferta. Son los que más están sufriendo, especialmente por el cierre perimetral. Hay que demandar ayudas, lo poco que hay es insuficiente”, insiste.

En lo relativo al casco histórico, la situación es tan mala que la asociación Compostela Monumental apunta a un 80 % de establecimientos en peligro de cierre. La cifra es muy superior a lo estimado para las tiendas de la zona nueva, del Ensanche. Una de esas tiendas históricas de la zona vieja es Comercial Tojo. Al frente, Cristina cogió el testigo familiar y el esfuerzo de las anteriores generaciones la inspira para seguir adelante. “No barajo el cierre, me agarraré y me mantendré como sea”, reitera. Ella, que también tiene el local en propiedad, habla de una caída en las ventas que roza el 50 %. “En la Caldeirería es una pena ver cómo la calle se va quedando vacía porque muchos negocios están cerrando”, afirma Cristina.

Al igual que sus compañeros, considera que las pocas prestaciones recibidas, como la de autónomos o la devolución de la Seguridad Social, no han sido más que “un caramelito, no soluciona gran cosa”, reivindica. Un poco más abajo de su calle, en la rúa das Orfas, trabaja Mari Couto, encargada de la concept store Fábrika Fan. Cuenta la ruina que supusieron las restricciones de noviembre, pese a que en su caso la campaña navideña les dio buenos resultados. Su modelo de tienda, en el que vende desde ropa a libros, provoca que entre bastante clientela a curiosar. “Pese a todo, o Nadal non salvou o ano. Temos medo de que a situación se prorrogue moito porque as perdas de 2020 foron do 60 %”, lamenta Mari, que cuenta lo bien que iba el negocio desde que abrió hace más de tres años. “Encima subiron a cota de autónomos, o cal me parece unha burrada. E nuns días chega a factura trimestral do IVE”, concluye.

En Joyería Alameda, su propietaria, Ana Rey, da las gracias por no depender en exclusiva del turismo. “Con la gente de aquí salvé el verano, pero nosotros tenemos mucho volumen de clientela que depende de la hostelería, si ellos están mal, nosotros también”, concreta Ana, quien se muestra muy crítica con las últimas restricciones. “Estamos desorientados con las medidas porque no les vemos mucho sentido”, denuncia. Ella está tirando de sus ahorros para sobrellevar la situación.

“Esto lo mamé de pequeña y voy a echarle ganas que es lo que queda”, insiste. Sobre las prestaciones, comenta que solicitó las del Concello de Santiago, aún sin lista de benefactores. El alcalde ha prometido que se resolverán entre esta semana y la primera semana de febrero.

27 ene 2021 / 00:00
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