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Un ochenta por ciento de los nuevos graduados en Medicina son mujeres

Tras dos años de espera, ambiente insuperable en la ceremonia de cierre del ciclo 2016-2022 // “Que nada os arrebate la ilusión”, manifestó el doctor Miguel Caínzos, padrino de la promoción

El Palacio de Congresos acogió ayer el acto de graduación de la promoción 2016-2022 de Medicina, recuperando así una tradición que no pudieron disfrutar al máximo las dos últimas promociones a causa de la pandemia. Un dato: un 80 % de los nuevos médicos son mujeres.

Antes de empezar la cita, los alumnos se fotografiaron en la Praza da Quintana. Y a mediodía el Palacio de Congresos, con capacidad para unas 2.000 personas, empezó a recibir a los profesores, alumnos y familiares de los mismos, generando un gran ambiente y dejando muy pocos sitios libres. Todos los asistentes, en especial los estudiantes, acudieron al acto vestidos de gala para que todo fuese perfecto en un día tan importante. En los padres de los alumnos, como de costumbre, se percibía el orgullo que sentían al ver a sus hijos lograr el título de Medicina tras seis años de duro esfuerzo.

El acto comenzó pasadas las doce y cuarto del mediodía y no pudo contar con la presencia del rector de la universidad, Antonio López, quien tenía previsto realizar la apertura, pero tuvo que ausentarse debido a otras reuniones laborales.

MIGUEL CAÍNZOS. El profesor del Departamento de Cirugía fue elegido padrino de la promoción y, ante la ausencia del rector, adelantó su turno de palabra. Para empezar su intervención, agradeció el nombramiento que los alumnos le otorgaron y señaló que lo tendrá en cuenta, al igual que sus premios y galardones en la cirugía y la enseñanza, como uno de sus mayores “logros profesionales”.

Además de los agradecimientos, en los que incluyó a sus compañeros (médicos y profesores, en especial a los del Departamento de Cirugía) y alumnos, también se mostró orgulloso de estos últimos, a los que aseguró que “os convertiréis en grandes médicos” si mantienen lo que para él son los dos pilares fundamentales para su trabajo: la vocación y la ilusión. Aludió especialmente a esta última durante el discurso, subrayando que “nada ni nadie debe arrebatárosla”.

Miguel Caínzos también aprovechó la ocasión para recordar a todas las víctimas del covid, y en especial al doctor Carro Otero, fallecido el año pasado. “Mostró su dedicación y pasión por la Medicina hasta sus últimos momentos”, destacó el padrino.

JULIÁN ÁLVAREZ. Tras la entrega de diplomas y un breve discurso de los alumnos Andrés Antelo Abeijón y Candela Fernández Reino, en el que plasmaron el gran ambiente del que disfrutaron los estudiantes durante estos años, llegó el turno de la intervención del decano. Julián Álvarez Escudero saludó y felicitó a todos los asistentes por recuperar este acto de forma presencial, a la par que señalaba que “non quero falar da pandemia, máis non queda outro remedio”. Así, lamentó todas las pérdidas sufridas estos años, y agradeció a los demás profesores y compañeros de profesión su gran labor como personal asistencial, imprescindible para superar la crisis sanitaria. Aseguró también que “superamos con dignidade o test de estrés” y realizó una mención especial a “Manoli”, secretaria administrativa del decanato, que llegó a su jubilación: “sen ti o Decanato será moi diferente”.

Julián Álvarez, por desgracia, también tuvo que mencionar alguna mala noticia para el sector. En primer lugar, mostró su preocupación por el examen del MIR, del que se declará defensor, pero considera que “necesita urgentemente una actualización” al ser poco compatible con el Plan Bolonia. También, como era previsible, se refirió a los problemas por la ausencia de médicos docentes.

Sin embargo, también pudo resaltar que en el último MIR la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago volvió a ser la número uno. “Sabemos que non é un dato moi significativo á hora de definir a calidade dunha facultade, pero recoñecerán comigo que o número un significa algo”.

Tras realizar varios agradecimientos personales, el decano concluyó su intervención deseando suerte a los alumnos. El acto finalizó con la lectura de la declaración de Ginebra por parte de Antonio Fuertes Vivero y el sonido de la Gaudeamus Igitus, un breve pero histórico himno universitario.

29 abr 2022 / 00:00
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