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cuentagotas. Muchos exsoldados se preguntan por qué la ‘operación Pfizer’ va tan lenta cuando hace décadas en los cuarteles se administraban miles de dosis en unas pocas horas. La respuesta es que la situación no es comparable, aunque la organización actual es mejorable. Pronto se alcanzará la velocidad ideal TEXTO Darío Casal

¿Vacunación al ‘estilo mili’? En los cuarteles el proceso iba a paso ligero

Fernando Ponte Hernando, doctor en Medicina y Cirugía y profesor de Historia de la Medicina en la USC, se muestra optimista sobre el desarrollo futuro del proceso de vacunación contra el coronavirus y estima que pronto, una vez se solucionen los problemas que ha traído consigo la puesta en marcha de una operación tan compleja, el mecanismo cogerá la velocidad necesaria. En su condición de exmédico militar, destaca la enorme experiencia que tiene el Ejército en temas relacionados con la sanidad en general y con la vacunación en particular, pero considera que en la actualidad movilizar al personal sanitario de las Fuerzas Armadas para colaborar en la campaña contra el coronavirus supondría poco más que “desvestir un santo para vestir otro”. Considera, además, que los sanitarios españoles están muy mal pagados, que muchos padecen desde hace años contrataciones temporales sin apenas seguridad y que un buen porcentaje de profesionales que ejercen fuera de las fronteras de nuestro país no se plantean volver porque en sus nuevos lugares de residencia les pagan mucho más dinero y se sienten más reconocidos.

Muchas personas con cierta edad se están preguntando por qué el proceso de vacunación contra el coronavirus va tan lento cuando hace ya varias décadas en los cuarteles y regimientos se vacunaba a cientos o miles de soldados en unas pocas horas. ¿Está fallando algo en la actualidad?

El caso actual constituye una situación sobrevenida con importantes problemas logísticos, de investigación, elaboración, transporte y distribución, unidas a la necesidad de priorizar a quién y cuando se vacuna, que, lógicamente, está causando algunos problemas de inicio. No obstante creo que en pocas semanas estará resuelto y la cobertura de la población será buena en términos porcentuales, tanto a nivel nacional como en el caso particular de Galicia. Aquí la dispersión poblacional en el medio rural es un factor de complejidad añadido.

En otras palabras, que la situación no es comparable...

En el caso de la vacunación clásica en los cuarteles, todo estaba programado con tiempo, las vacunas estaban disponibles y el número de personas también estaba perfectamente determinado. Además estamos viendo al Ejército en múltiples funciones que no son las suyas propias, digamos, de diario. Sin embargo la vacunación sí es una función militar habitual ya desde 1885, cuando se creó el Instituto de Higiene Militar.

Hace ya 136 años...

Correcto. Además, en 1909 estaba de jefe del laboratorio de sueros y bacteriología el médico militar compostelano Antonio Casares Gil. Allí se preparaban vacunas contra la viruela, la peste y antitífica, entre otras. El centro se llama hoy Instituto de Medicina Preventiva Capitán Médico Santiago Ramón y Cajal. En todo tiempo se han establecido las vacunas que el personal militar debía ponerse, tanto del calendario oficial como las específicas de enfermedades propias de las zonas donde se iba a intervenir. No olvidemos que también se vacunaba a todo tipo de animales de apoyo a la actividad militar: caballos, mulos, perros, etc...

La experiencia de los militares en estas cuestiones es, por lo tanto, enorme, ¿no es así?

En efecto, y no es casualidad que los tres más destacados catedráticos de Medicina Preventiva de las Facultades de Medicina y Farmacia del siglo XX en España fueran los generales Palanca y Piédrola y el coronel Domínguez Carmona, todos ellos, además, académicos numerarios.

Usted ejerció durante un tiempo como médico militar, ¿recuerda cómo se organizaban aquellas sesiones masivas de vacunación en los cuarteles hace muy pocos años?

Sí. Se ponía a los soldados a vacunar en dos columnas y el personal sanitario se colocaba, por partida doble, a ambos lados, con una batería de material: jeringuillas o pistolas de vacunación y se procedía a vacunar a los muchachos, según iban pasando. Administrativos de apoyo registraban la actividad realizada para cumplimentar las oportunas cartillas de vacunación.

¿Sería posible hacer algo similar hoy en día? ¿Es diferente administrar la vacuna del coronavirus a las que se ponían a los soldados en aquellas épocas o el procedimiento es el mismo?

La diferencia más importante, sin duda, está en las condiciones de conservación. En general, para la mayoría de las vacunas basta con una nevera común. No es el caso de la del coronavirus, como todo el mundo sabe. Por ello creo que no es comparable el asunto.

¿Es partidario de movilizar a los sanitarios del Ejército para acelerar el proceso de vacunación?

Dada la lamentable y fuerte reducción de plantillas del Ejército en los últimos años, en general, y en particular del Cuerpo Militar de Sanidad, no creo que arreglásemos mucho. Además, hoy la actividad sanitaria militar se apoya bastante en los reservistas que son médicos, enfermeros, veterinarios, etc..., civiles, que se activan temporalmente con sus grados militares, pero que están trabajando en el Sistema Nacional de Salud mayoritariamente, con lo que, si se activan masivamente, dejan de prestar servicio en su puesto ordinario, lo que vendría a ser desvestir un santo para vestir otro.

¿Dónde radica el problema, en su opinión, para que se esté tardando tanto en administrar las primeras remesas de dosis? ¿Falta de medios? ¿Poca planificación?

El personal que hay está muy ocupado ya. Le digo lo mismo que en la pregunta anterior. Si quitamos gente que está atendiendo a los afectados por el COVID y otros problemas de salud y la dedicamos a vacunar, dejan sin hacer otras labores. Debería movilizarse al total de médicos y enfermeros de las famosas “listas de contratación” para acometer esta tarea, siete días a la semana, en horario extendido.

¿Es eso posible?

Lo que tengo claro es que nos lo tenemos que hacer mirar en materia de formación y retención de profesionales. Nos gastamos mucho dinero en formación de buenos médicos y enfermeros y luego, a la hora de contratarlos, el trato salarial es tercermundista en calidad y cantidad. Contratos basura por días o semanas, lo que obliga a mucha gente a emigrar y no volver. Lógicamente en países de nuestro entorno les pueden pagar mejor porque, entre otras cosas, no les ha costado nada formarlos.

16 ene 2021 / 00:01
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