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Crece en verano un 30% el uso de dispositivos móviles en los jóvenes

Menores pegados a la pantalla en verano: "Estamos ante un problema enorme que tiene difícil solución"

El aumento de tiempo libre y la falta de capacidad para una gestión responsable del mismo hacen que los adolescentes dependan más de las tecnologías y que se disparen los conflictos dentro de la familia

Crece en verano un 30% el uso de dispositivos móviles en los menores

Crece en verano un 30% el uso de dispositivos móviles en los menores

Adriana Quesada

Santiago

El verano evoca imágenes de niños corriendo por su barrio portando balones y juguetes para pasar el día en la calle acompañados de sus vecinos. Sin embargo, aunque esta es la escena de apertura de un sinfín de películas, cada vez es una imagen que se ve menos en la vida real. El informe De Alpha a Z, educando a las generaciones digitales, elaborado por la aplicación multiplataforma Qustodio, revela que “los menores pasan una media de cuatro horas al día conectados a las pantallas; a partir de junio –y durante la época estival– su uso aumenta un 30%”.

Y es que el verano no representa otra cosa que tiempo libre para los que son más pequeños y que, por primera vez después del curso, se ven ante una gran cantidad de momentos de ocio que gestionar. Pero esto no es lo único que significa, sino que también supone que se pase mucho más tiempo en familia, lo que también hace que todos esos problemas que estaban pasando desapercibidos por las distracciones de los adultos empiecen a aflorar y provocar enfrentamientos dentro del seno de la familia.

Antonio Rial Boubeta es doctor en Psicología Social en la USC y, con su grupo de investigación, ha dirigido dos importantes trabajos relacionados con esta problemática: Impacto de la tecnología en la adolescencia, de Unicef, con 50.000 adolescentes españoles, y otro con 10.000 adolescentes gallegos con la Fundación Barrié. Gracias a su conocimiento en el ámbito de las adicciones a la tecnología por parte de los jóvenes, asegura que “estamos ante un enorme problema que muchas veces banalizamos y que no tiene fácil solución”.

Cuestión de vulnerabilidad

Los jóvenes, tanto niños como adolescentes, son los más vulnerables a este tipo de adicciones. “Los expertos recalcan que son dos o tres veces más proclives a sufrir este tipo de dependencia porque no se saben autogestionar”, asegura Rial Boubeta. Y es que los más pequeños no tienen la capacidad de gestionar sus comportamientos, pensamientos y emociones, por lo que darles un dispositivo móvil supone que el adulto responsable tenga que ponerle una serie de límites y normas. “Internet, las redes, los juegos, las tecnologías de las relaciones son una maravillosa lámpara de Aladino, un producto en el que tenemos contacto social, amistad, entretenimiento, sexo, placer... Por lo que si le doy está lámpara a un niño, no le puedo pedir que no la frote”, argumenta Antonio Rial.

"Tenemos que comunicarnos mejor con nuestros hijos"

Las vacaciones de verano no solo suponen descanso, sino también la obligación de gestionar una cantidad de tiempo libre a la que los jóvenes no están acostumbrados. Con las responsabilidades relacionadas con sus estudios y las actividades que realizan durante el curso fuera de su mente, se encuentran con la necesidad de encontrar algo en lo que centrar su atención.

“Los niños ya tienen la tecnología totalmente instalada en su día a día, si les quitas el resto de las actividades esta invade aún más espacio”, explica Antonio Rial. Es por este motivo que hay un aumento de consumo del 30%, por esa gran cantidad de tiempo libre que tienen que gestionar y no saben cómo.

Esto tiene una serie de consecuencias que afectan tanto al menor como a su entorno, ya que el verano no es solo ocio, sino que también supone un incremento del tiempo en familia. “Los padres, de repente, nos damos cuenta de que nuestro hijo tiene un problema y pretendemos erradicarlo de un día para otro cuando eso es imposible”, explica. Es por este motivo que durante esta época del año hay más discusiones y conflictos en el entorno familiar.

“El poco tiempo que pasamos juntos en verano lo desaprovechamos sin construir valores ni un buen estilo de vida. Tenemos que comunicarnos mejor con nuestros hijos”, asegura. Y es que en las vacaciones no es extraño irse de viaje y que cada miembro de la familia se encierre en una habitación de hotel entretenido con su teléfono. De esta forma, cada vez hay menos vínculos familiares: “Están todos juntos, pero no hay una convivencia de calidad”.

El vínculo familiar se define como los soportes y cimientos emocionales del resto de la vida del individuo, lo que es importante para el desarrollo de los jóvenes, tanto a nivel social como emocional. “No hay que echar la culpa a la tecnología, pero se le da un lugar que no le corresponde. Habría que sustituirla por otras cosas y conseguir familias sanas emocionalmente”, explica.

Es por eso que Antonio Rial Boubeta considera que son muy necesarias las normas y el control del consumo de estas tecnologías, siempre de forma gradual y atendiendo a la edad del joven: “No puede tener la misma privacidad en la red un niño de 10 años que un adolescente de 16, al que ya no le puedes revisar su teléfono por una cuestión de respetar su intimidad”. Es por eso que asegura que “no se trata de aprender a vivir sin la tecnología, todo lo contrario, tenemos que aprender a vivir con ella”.

"Tanto mis hijos como los suyos están expuestos a esta problemática

Plataformas como Instagram o TikTok tienen una gran cantidad de público y usuarios infantiles que, realmente, no tienen la edad mínima para tener un perfil en estas redes. Según el estudio de Doxa Comunicación, “un 9% de los menores de entre 11 y 18 años tiene alguna red social”, cuando en estas la edad mínima permitida es de entre 14 y 16 años.

Teniendo en cuenta que los jóvenes no tienen el cerebro completamente desarrollado, acostumbrarse a estas formas de relacionarse desde una edad tan temprana supone que algunos no sepan cómo desarrollar actividades en sociedad fuera de las pantallas. “Hay muchos inconvenientes: amistades líquidas, relaciones tóxicas... Todo esto, a nivel emocional, es muy fuerte y complicado”, explica Rial Boubeta.

Muchos padres no son conscientes de lo que puede haber en el perfil de redes sociales de sus hijos y, sobre todo, de quién es la gente que está accediendo a ese contenido. Pero este no es el único espacio que deben controlar, puesto que las tecnologías ofrecen todo tipo de espacios en los que un niño puede perderse. Y es que en la actualidad ya se está bautizando a los nuevos trastornos derivados de esta situación, como es el trastorno dado por uso de videojuegos, que ya afecta al 7% de los jóvenes españoles.

Todo este tipo de problemas, que pueden derivar en malas conductas, se pueden ir paliando por medio de normas y control de consumo. “Los buenismos no conducen a nada. La edad media a la que un niño tiene móvil en España son los 10.9 años. Más de la mitad de los chavales con 10 años o menos ya tiene teléfono, lo lleva a clase y duerme con él dentro de la habitación. Admito que, a veces, también estamos creando un alarmismo sensacionalista que la gente termina por anestesiarse y no creérselo. Les aseguro a los lectores, y hablo de lo que sé y lo que vivo, que tanto mis hijos como los suyos están expuestos a esta problemática”, reflexiona Antonio Rial Boubeta.

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