Las cartas de Mr. Flitch

Hoy se cumplen 100 años de que el hispanista británico abandonara Fuerteventura

Quiso liberar con un hidroavión a Miguel de Unamuno de su destierro en en la isla

El autor fue desterrado a Fuerteventura durante la dictadura

El autor fue desterrado a Fuerteventura durante la dictadura / Casa Museo Unamuno

Hace cien años, Mr. John Ernest Crawford Flitch quiso liberar con un hidroavión a don Miguel de Unamuno de su destierro en Fuerteventura. Traductor al inglés de sus obras, el intelectual inglés se había presentado en esa isla el 3 de mayo de 1924 para acompañarle voluntariamente en su cautiverio. Permaneció allí una cuaresma, según relataría luego con humor el catedrático bilbaíno. Flitch dejó la isla el 13 de junio en el barco Tordera, tras almorzar a bordo de la embarcación con el ex rector de Salamanca, sin haber plasmado su propósito.

Durante aquellos cuarenta días autor y colaborador compartieron paseos en barca, excursiones a Antigua, La Oliva, Ajuy y Pájara. Igualmente, meditaciones sobre la isla acamellada como denominó Unamuno a Fuerteventura. En su capital, apenas un caserío entonces denominado Puerto de Cabras -hoy Puerto del Rosario- permanecía junto a ellos confinado otro oponente preclaro al dictador Miguel Primo de Rivera, el ex parlamentario radical y federalista Rodrigo Soriano Barroeta.

Aunque la visita de Flitch a Canarias pudo parecerles inocente a los guardias civiles que vigilaban de cerca a Unamuno y Soriano, el intelectual anglosajón se guardaba una carta en la bocamanga. Traductor de El sentimiento trágico de la vida al inglés, Flitch era un hombre de acción al estilo barojiano. Como capitán de Artillería había resultado herido pocos años antes durante la Gran Guerra. De modo que su vena literaria no había arrinconado su audacia, cuando se jugaba la libertad de don Miguel.

Hispanista singular, admirador de los grandes vates ibéricos, Flitch había venido al mundo en 1881 en Yorkshire, un condado histórico situado al norte de Inglaterra. Cuando viajó a Fuerteventura para ver a Unamuno, éste le llevaba diecisiete años a su discípulo anglosajón, quien entonces rondaba los 43. Los Archivos Nacionales británicos nos ofrecen sus rasgos biográficos, definiéndole como “abogado,autor y traductor” pero omiten referirse a sus conocimientos aeronaúticos.

El hispanista británico le hizo una visita al autor con sus objetivos claros.

El hispanista británico le hizo una visita al autor con sus objetivos claros. / El Correo Gallego

Objetivo:Madeira

En la serie de artículos titulada La isla negra publicada por “Heraldo de Madrid” en 1933, Rodrigo Soriano retrata con admiración a Flitch: “El novelesco personaje había recorrido el Mundo en busca de aventuras; le faltaba la última ¡salvarnos! En la guerra europea, y cuando comía en una trinchera con otros tres oficiales, cayó una bomba que mató a los tres, salvándose el inglés, aun cuando herido, por milagro”.

Ambos desterrados por la dictadura primorriverista esperaban por entonces que un barco fletado desde Francia por el periódico republicano francés “Le Quotidien” pudiese sacarles con vida de Fuerteventura, pero problemas de comunicación y la convocatoria de elecciones legislativas francesas de mayo de 1924 -que serían ganadas por el bloque de izquierdas- demoraron la llegada del navío. Durante este período, el británico se turnó para hacer guardia nocturna con Unamuno, Soriano y otras personas de Fuerteventura en la playa donde tendría que fondear el barco que venía a salvarlos.

En estas circunstancias Flitch, que era un hombre callado y decidido según Soriano, enseñó sus cartas a los confinados: “El capitán tenía un hidroavión, que dejó en Las Palmas, y quería llevarnos en él a la cercana isla de Madera (sic) , donde podríamos fácilmente desembarcar; pues mis amigos los republicanos de Portugal, a quienes tanto ayudé en los días de su triunfo, me habían provisto de una carta para el gobernador de la isla paradisíaca”.

El relato de Soriano explica luego por qué se frustró la operación. El vecindario de Puerto de Cabras prorrumpió una noche en gritos mirando al cielo: “Era un aeroplano? No lo supimos; ¿Fue una ilusión? ¿Una adivinación de nuestros ocultos planes? Es el caso que desde aquella noche las precauciones se redoblaron y fue imposible volar sin permiso de Primo de Rivera”.

En 1924 ya existía un aeropuerto terrestre junto a la bahía grancanaria de Gando, con quince mil pasajeros en tránsito registrados en el año 1916. Pero los hidroaviones surcaban con frecuencia los cielos del archipiélago. De hecho, el comandante republicano Ramón Franco relata en Madrid bajo las bombas que voló a Canarias en 1923 con un hidro bimotor Dornier, como preparativo de su “raid” aéreo en el “Plus Ultra” a Sudamérica ejecutado tres años después. El hermano díscolo del “Caudillo” también sobrevoló el Teide en febrero de 1924, mes en que Primo de Rivera deportó a Unamuno y a Soriano a Fuerteventura. No sería de extrañar que hubiese sido el comandante Franco, luego diputado por Esquerra Republicana, quien conmocionase aquel día a los “majoreros” volando de nochesobre su isla.

El periplo mediterráneo

Flitch ya no estaba presente el 8 de julio de 1924 en Fuerteventura, cuando L´Aiglon levó anclas con Unamuno y Soriano sobre cubierta camino de Francia. Pero hemos descubierto que el intrépido inglés siguió otra travesía de gran interés literario por el Mediterráneo, año y medio más tarde. Localizamos estos datos en el Archivo Cavafis que custodia la Fundación Onassis en Atenas.

En una nota dirigida al gran poeta griego del siglo XX que se conserva en dicho archivo, el novelista y ensayista británico E.M. Foster -miembro del grupo de Bloomsbury y autor de Howards end y Pasaje a la India- se refiere al traductor de Unamuno:

Sirva esta nota para presentarle a mi amigo el Sr. Crawford Flitch -de viaje por España y otros lugares -amigo de Unamuno- hable con él. Le transmitirá noticias mías, y mis mejores deseos” decían aquellas líneas escritas el 20 de enero de 1926.

El poeta Cavavy y Flitch mantuvieron correspondencia por carta

El poeta Cavavy y Foster mantuvieron correspondencia por carta / El Correo Gallego

Desde Alejandría, la localidad egipcia donde había nacido, Cavafis le responderá días después:

Mi querido Foster,

Recibí su carta del 2 de enero, en su momento; y el 1 de marzo también unos poemas suyos (fechados el 1 de febrero) presentándome al Sr. Crawford Flitch. Me sentí satisfecho (…) Representa una compañía del mayor interés. Desafortunadamente permaneció muy poco tiempo en Alejandría. Pretendía marchar el día 3(de marzo) para Constantinopla. Le agradezco su consideración, al darme la oportunidad de conocer a sus amistades. Espero una llamada del Sr. Graves, que está ahora en Cairo”.

Le adjunto dos poemas míos traducidos por Valassopoulo, y revisados por ambos. Se trata de “La tumba de Ignacio” y “Monotonía” (van acompañados por los originales en lengua griega).

He estado enfermo todo el mes de enero, y parte de febrero, (…) una inflamación del ojo izquierdo. Ya estoy bien actualmente.

Siempre suyo

C.P. Cavavy

Interesa destacar la mención de Foster a Robert Graves, el autor de Yo Claudio cuyos restos descansan actualmente en el cementerio de la localidad mallorquina de Deiá. Aunque Cavafis vivió siendo joven durante siete años en Liverpool, sus colegas británicos se mantenían en permanente contacto con el poeta heleno cuando residía en la ciudad egipcia de Alejandría. Un círculo reducido de alta cultura protagonizado por mentes privilegiadas al que también accedió el traductor de Unamuno.

La correspondencia entre el ensayista británico y el poeta griego también desciende a sucesos cotidianos, como la dolencia ocular que padecía Cavafys. Para solidarizarse con su desgracia, Foster le cuenta su propio impedimento físico para el trabajo literario.

Mi querido Cavafy,

Perdone por favor estas líneas, y mecanografiadas, en contestación a su nota de bienvenida; desde que me rompí la muñeca, he tendido a escribir a máquina. Gracias, en primer lugar, por los poemas; escribiré en breve a Valassopoulo sobre ellos -también me ha enviado más versos-. Luego -en segundo lugar- estoy muy contento de que Flitch le haya caído en gracia. Creo que es una compañía muy interesante, aunque no sea siempre constatable al primer golpe de vista; no sé, por cierto, a qué se debe que diga que es muy considerado por mi parte presentarle a mis amigos; tal consideración obedece al hecho de que al haber leído sus libros están deseosos de conocerle! Justamente lo he escuchado de Raymond Mortimer; he lamentado que su corta estancia en Alejandría le haya impedido llamarme.

Siento mucho saber que su ojo se haya visto afectado por problemas.

Con los mejores deseos

E.M. Foster.

Esta última carta demuestra que Mr. Filtch no dejaba indiferente a sus interlocutores. La descripción de Foster es reveladora de su carácter, confirmando la idea ya expuesta por Rodrigo Soriano de que su reserva inicial daba paso a una personalidad fascinante.