El sol y las altas temperaturas de agosto elevan los riesgos para la piel
Pasada la mitad de agosto, las temperaturas se mantienen altas, lo que obliga a tener especial precaución para proteger el órgano más expuesto del cuerpo humano de sus efectos nocivos

Tomar el sol tiene beneficios, pero también es malo para algunas afecciones de la piel / Freepick
La llegada de la segunda quincena de agosto no solo significa que se acerca el final de las vacaciones, sino también la que normalmente es la época de más calor del año. Aunque algunos de los últimos días han sido algo nublados y lluviosos, las temperaturas han vuelto a subir, y las olas de calor están a la orden del día. Tomar el sol tiene muchos efectos positivos, los aportes de vitamina D y la mejora del ánimo, pero también tiene sus peligros.
Ante esto, es muy importante la protección solar y evitar las horas de más calor, porque pueden causar una serie de problemas físicos de gravedad, especialmente en la piel. La situación es más complicada para los que ya tienen patologías dermatológicas, que se agravan con la luz solar o el calor, que deben tomar especial precaución para poder disfrutar de los días soleados.
En primer lugar, se debe distinguir entre las enfermedades causadas o agravadas por el calor de las que lo hacen por el sol. Las derivadas de la luz solar se deben a la acción de los rayos ultravioleta (UVA) sobre la piel, que pueden causar diferentes patologías como el cáncer de piel o el envejecimiento dermatológico. Por otro lado, el calor puede causar alguna quemadura, golpe de calor o sudoración extrema, pero nunca los mismos problemas que el exceso de rayos UVA. El dermatólogo Emilio del Río pone el ejemplo de una sauna: “Una persona puede recibir en la sauna un golpe de calor, pero no tiene riesgo alguno de contraer enfermedades causadas por los rayos UVA, como el cáncer de piel”, comenta.
Causadas por la luz solar
En este apartado se encuentran patologías muy conocidas, como las quemaduras solares, el envejecimiento cutáneo y el cáncer de piel. Además, las uñas pueden sufrir si la persona está a tratamiento con tetraciclinas, un grupo de antibióticos usados para tratar una serie de infecciones bacterianas y que incluyen a la propia tetraciclina, la doxiciclina o la minociclina, entre otros. Estos fármacos son fotosensibilizantes, lo que hacen que el paciente absorba más luz UVA de lo normal, y en las uñas causan foto-onicólisis, que produce un despegue de la uña por los bordes y que adopten un color más oscuro, por lo que hay que tomar precauciones especiales si se están tomando este tipo de medicamentos.
Aunque no se trata de una enfermedad en sí, la exposición a rayos ultravioleta también afecta al cabello. Del Río compara a cada pelo con “una fibra óptica” que transmite luz, lo que causa que en verano el pelo se vuelva más claro, aunque de forma temporal y reversible.
Agravadas por la luz solar
Son aquellas que se conocen como dermatosis fotoagravadas, que existen de por sí y pueden empeorar drásticamente al contacto con los rayos UVA. Entre ellos tenemos problemas reumáticos o autoinmunes, como el lupus eritematoso (en la cual el sistema inmunitario ataca erróneamente a tejidos sanos y causan erupciones cutáneas), problemas metabólicos como la porfiria (un trastorno poco frecuente que es causado por una acumulación en el cuerpo de porfirinas, sustancias químicas naturales que se necesitan para producir hemo, una de las partes de la hemoglobina de la sangre) o las dermatomiositis (una enfermedad que causa inflamación muscular y erupciones en la piel). También se incluyen en este grupo patologías derivadas de las alergias al sol, como la erupción polimorfa solar o lumínica, unas ronchas que aparecen con la luz ultravioleta en personas intolerantes a estos rayos. En el caso contrario, existen enfermedades que mejoran con la exposición a la luz solar, como las dermatitis, los eczemas o la psoriasis. El doctor Del Río asegura que la inmensa mayoría de los pacientes con psoriasis mejoran con la exposición al sol: “En todos los hospitales y centros dermatológicos cuentan con cabinas de rayos UVA y soláriums médicos para tratar estos problemas”. Aun así, una muy pequeña parte de los casos tiene el efecto contrario, en el que la psoriasis empeora con la luz solar, pero es muy poco común.
Causadas por el calor
En estos casos, lo más temido es la deshidratación y los golpes de calor, que pueden llevar a un coma o incluso la muerte en casos de extrema gravedad. El dermatólogo comenta que los golpes de calor son especialmente graves en los mayores y los niños: “En minutos la cosa puede volverse irreversible, hay que tener mucho cuidado. Debemos evitar las horas de más calor del mediodía, tener la piel hidratada, beber muchos líquidos y llevar ropa fresca”. En este caso, llevar ropa fresca no significa llevar prendas de manga corta, sino tejidos naturales y que transpiren, de manga larga para evitar quemaduras, y de colores blancos o claros, que reflejen el calor en vez de absorberlo. “El calor se coge a través de la piel, pero todo el organismo se puede sobresaturar con el calor”, añade Del Río.
Para comprobar la deshidratación en la gente mayor que tenga problemas cognitivos o de comunicación, el dermatólogo recomienda agarrar un pellizco de la piel de la persona, sin hacer daño, y retorcerlo. Si tarda en volver a su forma normal después de soltarlo, existe deshidratación y esa persona necesita líquidos.
El calor también es causante de enfermedades comunes dermatológicas, como los hongos en los pies, entre los dedos de estos, en las axilas, etc. Uno de estos hongos, inocuo, pero visualmente aparatoso, es la pitiriasis o tiña versicolor, que causa manchas de color más claro que la piel en gente morena, o más oscura en personas de tez más clara.
Para evitar la aparición de hongos en los pies, es recomendable utilizar zapatos aptos para el verano, que transpiren, como las sandalias o calzado abierto por delante. Del Río dice que hay una excepción a esta regla, que es cuando se anda por el monte: “Estamos viendo casos de picaduras de garrapatas, de eritema migratorio, borreliosis o enfermedad de Lyme precisamente por no cubrir los pies y las piernas al andar entre la vegetación”, comenta.
Existen también los casos de miliaria (también conocida como sudamina), que es causada por un exceso de sudor (hiperhidrosis). El sudor es normal y tiene una función termorreguladora vital, pero cuando es muy excesivo se debe regular. Hay dos tipos: la sudamina cristalina (pequeñas gotas de sudor) o la rubra (granitos pequeños alrededor de los poros que cierran la glándula sudorípara).
Agravadas por el calor
Hay un grupo de enfermedades que, aunque infrecuentes, son genéticas, como la enfermedad de Darier, heredada por transmisión dominante (pequeñas erupciones persistentes en zonas del cuerpo donde más grasa se acumula o en zonas cubiertas como pliegues de piel) o la enfermedad de Hailey-Hailey, similar a la de Darier.
En adición, en mujeres con mucho pecho o personas con sobrepeso a las cuales les quedan pliegues de piel cubiertos, se da el intertrigo, una inflamación de estos pliegues al no mantenerse aireados y causando humedad y roces entre dos zonas de la piel. En estas zonas también pueden aparecer hongos, por lo que la ventilación y la higiene es primordial para tenerlas saneadas.
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