¿Que es la enfermedad de Graves?
En una entrevista con la revista ‘Women’s Health’, la actriz Daisy Ridley reveló que le había sido diagnosticada esta condición, un trastorno del sistema inmunológico que aumenta la producción de hormonas tiroideas. ¿Cuáles son las principales características de esta patología autoinmune?

La estadounidense Daisy Ridley, diagnosticada con la enfermedad de Graves el año pasado / EFE
La actriz Daisy Ridley confesó recientemente que había sido diagnosticada hace casi un año con la enfermedad de Graves, un trastorno del sistema inmunológico que aumenta desproporcionadamente la producción de hormonas en la tiroides. En sus declaraciones dijo que se había empezado a sentir mal tanto física como psicológicamente, con síntomas como taquicardias, fatiga, temblores en las manos, pérdida de peso e irritabilidad. No fue hasta que contactó con su endocrino cuando se le pudo diagnosticar la patología.
La enfermedad de Graves (también conocida como enfermedad de Graves-Basedow) es un trastorno cuyo nombre proviene del médico irlandés Robert James Graves, que la describió por primera vez en 1835, y de Karl Adolph von Basedow, que realizó informes sobre la misma en 1840.
Esta afección es la causa más común de la hiperactividad de la glándula tiroides, también conocida como hipertiroidismo. Esta glándula es la encargada de regular el metabolismo, el sistema circulatorio y nervioso y otros procesos del cuerpo humano. El hipertiroidismo por enfermedad de Graves es un trastorno autoinmune, lo que provoca que las defensas del cuerpo humano ataquen a tejidos sanos por confusión. En este caso, una respuesta anormal del sistema inmunitario hace que la glándula tiroides produzca demasiadas hormonas tiroideas como la tiroxina (T4) o la triyodotironina (T3), que controlan el metabolismo.
Cristina Tejera, médica y especialista en endocrinología en el hospital Arquitecto Marcide (perteneciente al Complejo Hospitalario Universitario de Ferrol) y vicepresidenta de la Sociedad Gallega de Endocrinología, Nutrición y Metabolismo (SGENM), señala que hay, aproximadamente “1 caso en hombres por cada 10 en mujeres”, y que es más común que afecte a gente joven a partir de los 20 años. “En Galicia es más común el hipotiroidismo, por lo que la enfermedad de Graves suele afectar aproximadamente a entre un 0,5 y un 1% de la población”, añade Tejera. Se da una excepción en la zona de Ferrol, donde hay más casos de patologías tiroideas autoinmunes per cápita.
Es común que haya una base genética que favorezca su aparición: “Suele haber problemas de tiroides en la familia u otras enfermedades autoinmunes, aunque no exista un gen concreto que la cause”, comenta la especialista. Otras causas son el estrés, cambios en el sistema inmunológico durante el embarazo o, más recientemente, la pandemia de Covid-19, que causó un repunte de casos causados por infecciones derivadas del virus.
Síntomas
Los afectados por este trastorno pueden acarrear síntomas como ansiedad o nerviosismo, fatiga, pérdida de cabello y peso, palpitaciones, aumento de la sudoración, intolerancia al calor, cambios de humor como irritabilidad o enfado, períodos menstruales irregulares, alteraciones en la piel o temblores en las manos. En pacientes de mayor edad se pueden dar dolores en el pecho, debilidad o pérdida de memoria y concentración. Según Tejera, es complicado tener un diagnóstico claro a primera vista, ya que los síntomas son “muy inespecíficos” y comunes a otras patologías.
Además, es común que los afectados tengan problemas con sus ojos. “El sistema inmune reacciona contra la tiroides, pero en las células de alrededor de la órbita del ojo hay una molécula exactamente igual que en la tiroides, entonces a veces ataca a los ojos”, comenta. A causa de esto, se puede dar una condición llamada exoftalmo, que hace que los ojos se “salgan” hacia afuera. Los globos oculares pueden doler, y hay casos en los que se experimenta visión doble y picazón o irritación. En casos más severos se puede experimentar una reducción de la visión y daños en la córnea.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico se realiza con una analítica en la cual se mide la función tiroidea: “Ahí medimos la TSH (hormona estimulante de la tiroides), que suele estar baja, y las hormonas T4 (que va unida a 4 moléculas de yodo) y T3 (3 moléculas de yodo), que suelen estar altas”, indica Tejera. Además, se hacen exploraciones físicas de la glándula o ecografías tiroideas, en las que se encontraría agrandada de tamaño, entre otras.
El propósito principal del tratamiento es controlar la hiperactividad de la glándula, es decir, que deje de secretar hormonas en exceso que descontrolan el balance hormonal. Una de las formas es limitar la cantidad de yodo que entra al organismo. Tejera cuenta que lo que normalmente hacen en primera instancia es decirles a los pacientes que cambien la sal yodada por sal marina, y que eviten antisépticos como la povidona yodada (Betadine).
La doctora asegura que existen tres opciones de tratamiento médico. La primera es con medicación antitiroidea, que disminuye la capacidad de captación de yodo de la glándula. La mayoría de estos tratamientos (normalmente tiamazol y carbimazol) tienen una duración de entre 12 y 18 meses. Por otro lado, para bloquear los receptores beta, que causan los síntomas de inquietud, palpitaciones o sudoración, se administran betabloqueantes durante períodos de entre 1 y 3 meses.
La tercera opción, para casos más complicados, es el tratamiento con yodo radiactivo. Se administra al paciente yodo en dosis altas, que capta la tiroides y quema las células que secretan hormonas en exceso. “Con esta vía hay que tomar precauciones, especialmente con mujeres en edad fértil. En caso de embarazo, es necesario derivar al paciente a la unidad de medicina nuclear”, comenta la doctora. Aunque esta vía de tratamiento tiene una efectividad similar a la medicación, entraña más riesgos: “Con el yodo no sabes cómo va a responder cada paciente, y corres el riesgo de que la tiroides pase de hiper a hipotiroidismo, lo que entrañaría tomar hormonas suplementarias de por vida”, añade. En caso de pacientes con problemas en los ojos, el tratamiento con yodo está contraindicado, solo pudiéndose utilizar bajo determinadas circunstancias.
En casos más graves y con mucha menos frecuencia en los que los pacientes no responden a la medicación o que necesitan un control rápido de las hormonas, se recurre a la cirugía, extirpando la tiroides. De esta forma, el operado tendrá que tomar hormonas tiroideas de por vida.
En lo relativo a los pacientes con problemas oculares se recomienda que usen gafas de sol o lágrimas artificiales y que eviten ambientes secos. El tabaco está completamente prohibido, ya que afecta especialmente a los ojos. Con molestias más agudas se emplean corticoides y suplementos de selenio, entre otros. En casos graves en los que puede ocurrir un desalineamiento de los ojos o dificultad al cerrar los párpados, se opta por cirugía ocular.
Expectativas
“Los casos graves o extremos suelen ser muy raros, la gran mayoría se controlan con medicación”, comenta Tejera, “pero es verdad que son tratamientos largos y las personas se cansan”. Hay ocasiones en las que no se consigue una curación completa, apareciendo primero la enfermedad alrededor de los 20 años, cuando se controla, y después puede recurrir en un par de décadas. “Los tratamientos cortos se suelen asociar con un mayor riesgo de retorno de la enfermedad”, afirma la especialista. “Por eso somos muy pesados con el seguimiento, para cerciorarnos de que los anticuerpos que produce la enfermedad se queden al mínimo posible”, finaliza.
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