Entrevista | Paula Ortiz Directora de La virgen roja
“Cuando las ideas superan la realidad pueden convertirse en un gesto aniquilador”
La cineasta estrena este viernes La virgen roja, una película sobre la libertad y las contradicciones. Ortiz recupera la figura de Hildegart Rodríguez, la niña prodigio del siglo XX e hito del socialismo educada para ser “la mujer del futuro”, que termina asesinada a manos de su madre

Paula Ortiz durante la presentación de La virgen roja en el 72 Festival de Cine de San Sebastián / EFE

Con dos años sabía leer, a los ocho hablaba varios idiomas y con diecisiete finalizó los estudios de Derecho en la universidad. Hildergart Rodríguez (interpretada por Alba Planas) fue concebida por la gallega Aurora Rodríguez (Najwa Nimri) para ser la mujer del futuro y liderar una generación de mujeres libres. Una libertad contradictoria que terminó con un asesinato inconcebible antes de llegar a los veinte. La directora zaragozana Paula Ortiz recupera ahora en La virgen roja, que llega este viernes a las pantallas de cine, una historia real que hace entender la historia de España desde otra perspectiva.
En el filme señala que la figura de Hildegart ha pervivido en lo fantasmal, ¿qué le llevó a recuperarla?
La conocí en la universidad y me dejó muy impactada. En un contexto con semejante brillantez, electricidad y contradicciones como es la Segunda República nos han llegado nombres como Lorca o Buñuel. Sin embargo, detrás hay mentes femeninas absolutamente maravillosas, sofisticadas, avanzadas. Eso fueron estas dos mujeres, que, además, tenían una relación madre e hija muy oscura.
La película es una paradoja de la libertad, llena de contradicciones. El ansia por querer mejorar las cosas puede llevar a los humanos a hacer cosas terribles....
Es una historia de cómo los sueños pueden generar monstruos. Aunque los ideales que defiendan sean nobles e ilusionantes, cuando las ideas superan lo humano y la realidad pueden convertirse en un gesto aniquilador. Aurora es pura contradicción porque es una mujer que dice que quiere crear y educar a la primera mujer libre y, en el primer momento que su hija hace un gesto de libertad, la mata a tiros porque cree que es suya, porque es su proyecto. No cree en la libertad de las mujeres desde el momento que no cree que su hija sea una criatura, una persona con conciencia individual. Es la pura contradicción.
Tanto Hildegart como Aurora son unas adelantadas a su tiempo. También lo era Santa Teresa de Jesús, protagonista de su anterior película (Teresa, 2023) . ¿Qué le atrae de estos perfiles?
Todas ellas son grandes inteligencias, mentes que han ido por delante de su tiempo, que a día de hoy nos siguen hablando porque se anticiparon muchísimo y porque siguen siendo un canal que habla al futuro. Son mujeres que, precisamente por esas inteligencias tan superdotadas, están cargadas de esas contradicciones de las que hablamos. Yo creo que la contradicción humana es el gran motor de la ficción.
Las desigualdades sociales de la época están patentes en la película. Aurora e Hildegart podían defender sus ideas era porque su estatus económico y social se lo permitía.
La Segunda República fue un momento con una fuerza y lucidez tremenda. Era brillante, pero dentro de una esfera elitista, porque, al mismo tiempo, había gente muriendo de hambre, por falta de higiene y éramos un país altamente analfabeto donde culturalmente la fuerza principal era la Iglesia católica. Ellas pudieron escribir, pensar y vivir así porque pertenecían a una élite económica. Eso se dice en la película también. Macarena - mujer que trabaja en la casa - se lo dice claramente: “Tus discursos están muy bien, cariño, pero el mundo no funciona así. Si no tienes dinero, no eres libre”.
“Esta historia habla de una herida de la maternidad, la de entender que tus hijas no te pertenecen”
Aurora no concibe a su hija como una persona, sino como una obra que se acaba rebelando. Es una relación materno-filial llevada al extremo, ¿qué le interesa de este vínculo?
Esta historia habla de una herida de la maternidad, la de entender que tus hijas no te pertenecen. Gradualmente, creo que nos pasa a todos los padres y madres, pero aquí está planteado desde un lugar muy extremo, es una relación de posesión total. De una pedagogía restrictiva, represora y rígida no puede salir nada bueno, pese a ser una educación brillante y privilegiada y muy deseable.
Volvemos a la contradicción, Hildegart se convierte en la cabeza visible de una cuestión que su propia madre no le deja explorar...
Se convierten en las abanderadas de la libertad sexual femenina cuando en esa casa lo que hay es una represión sexual y afectiva tremenda. Como dice Najwa (Nimri), en realidad, más que una relación materno-filial, es un monstruo de dos cabezas.
Aunque más de noventa años separan la muerte de Hildegart de la actualidad, la película detalla a la perfección cuestiones de la cotidianeidad femenina, tales como tener la regla. ¿Siguen siendo pocas las escenas así en el cine?
Las experiencias femeninas se van filtrando de forma inevitable cuando las narradoras son mujeres y nosotras no hemos sido históricamente el sujeto activo o narrador. Ellos no piensan en qué supone el ciclo menstrual dentro de tu día a día, la preocupación de que ni siquiera haya un lugar para que puedas cambiarte.

Paula Ortiz, junto a las actrices protagonistas, durante el rodaje de La virgen roja / Concha de la Rosa
También está la cuestión de la mirada masculina cuando la mujer se adentra en ciertas esferas...
Cuando Hildegart entra por primera vez a esa asamblea socialista, ¿cómo son esas miradas, esa testosterona que intentábamos que se respirase en el aire? He podido contar esa entrada, cómo se siente ilegal, porque yo he vivido esa situación en otros contextos actuales. Es fuerte que todas nos hayamos sentido así, cuestionadas y observadas desde ese lugar.
¿Considera que la película puede devolver la figura de Hildegart y su obra a la conversación pública?
Es una figura muy desconocida en el sentido de que, en su corta vida, publicó casi una veintena de libros y más de 125 artículos en prensa, todos dedicados al momento político y pensamiento de su momento del que somos hijas. Ya no es solo eso, sino que es escalofriante lo actuales que siguen siendo sus discursos. Sus intervenciones en mítines son tan precisas y tan revulsivas que a día de hoy yo creo que no se harían en un mitin. Lo interesante es que la obra está, los libros de Hildegart existen, se conservan. Estos días llevo todos los días en el bolso su libro Amor, Sexo y Revolución. Abras por donde lo abras tiene unas reflexiones sociales de una precisión y una valentía brutales. Cuando se lo regalo a alguien siempre le digo te regalo amor, sexo y revolución. Creo que no se puede regalar mucho más en la vida.
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