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¿Han muerto las relaciones para toda la vida?

El amor líquido, es decir, fugaz y sin compromiso, es cada vez más común

Una pareja, feliz

Una pareja, feliz / PEXELS

Alba Prada Estévez

Alba Prada Estévez

Que las nuevas generaciones no se relacionan como antes, no es ningún secreto. La llamada generación Z tiene una forma de pensar y actuar que difiere casi por completo de cómo lo hacían, por ejemplo, los baby boomers. Lo vemos en todo: tanto en su mentalidad cien por cien tolerante como en su preocupación por salvaguardar la salud mental. Y, por supuesto, lo detectamos en sus relaciones de pareja. Aunque no se puede generalizar, pues todavía hay jóvenes que desean un modelo de vida tradicional, es decir, casarse y tener hijos, son muchos los que abrazan el concepto de relación líquida. ¿Y qué es esto? Pues aquellas relaciones breves, sin apego y superficiales. Y es que el compromiso está, en cierta manera, «pasado de moda» para muchos jóvenes.

Relaciones duraderas

Mantener una relación de por vida no es sencillo. Sin duda, convivir con otra persona y afrontar juntos los cambios vitales no siempre es un camino de rosas, pero si se quiere mantener a la otra persona la clave para conseguirlo es obvia: cuidar la relación.

El psicólogo experto en terapia de parejas, Roberto Antón, asegura que algo que observa mucho en consulta son parejas que llevan mucho tiempo sin hacer nada juntos. «Sorprende ver que, a veces, han pasado meses o años sin tener el mínimo contacto. Si cada uno vive en paralelo y no hay tiempo para la relación, obviamente se deteriora porque desaparece esa conexión», explica el experto. «Una relación implica tiempo, comunicación y priorizar la pareja. Está claro que los hijos son muy importantes y que el trabajo también, pero la pareja debe estar en un lugar privilegiado».

«Una relación implica tiempo, comunicación y priorizar la pareja. Está claro que los hijos son muy importantes y que el trabajo también, pero la pareja debe estar en un lugar privilegiado»

Hay que ser conscientes de que una relación pasa siempre por distintas fases. Esa ilusión y novedad del principio va a acabar desapareciendo a lo largo de los años, pero esa persona se convierte en algo mucho más importante: un compañero de vida. «Los cambios en la pareja, una vez superados, son síntoma de que esa relación llegará lejos. Hay algunos que son inevitables porque puede llegar la maternidad y paternidad, una enfermedad, el cuidado de un familiar, cambios laborales... pero es importante ser flexibles, adaptarse. Está claro que hay momentos que se asemejan más a una luna de miel y otros más de compañeros, pero lo que no puede ser, si se quiere mantener la relación, es convertirse en meros colegas de piso», indica el psicólogo.

Y es que el experto explica que detecta muchas veces en consulta parejas que mantienen una relación incluso menos íntima de la que alguien tendría con su compañero de piso. «Al menos, ellos hablan o ven una serie juntos, pero he tenido en terapia a parejas que ni eso hacen. Son personas que directamente comparten un espacio, los gastos y, muy de vez en cuando, hablan, y eso no es una relación», señala.

Relaciones líquidas

Frente a las relaciones para toda la vida, nos encontramos las fugaces. Una forma de relacionarse que adoptan una buena parte de las nuevas generaciones. «Obviamente los cambios culturales influyen. Hay parejas jóvenes que buscan eso precisamente, huir del tópico de la pareja estable y el compromiso. Son cambios sociales y parece que el compromiso, sobre todo, no es un término que esté muy de moda ahora mismo.

El disfrutar, pasarlo bien y vivir experiencias son conceptos que están más al día», indica. De hecho, la forma de ligar de las nuevas generaciones, que pasa en buena parte por usar apps de citas, invita a desarrollar esas relaciones líquidas. Y es que apenas hay contacto previo, todo es virtual, y, por tanto, el vínculo con esa persona no acaba de crearse. «Ha cambiado todo, desde la manera de conocerse hasta el tipo de contacto. Es todo más diverso que nunca. Ahora en consulta es muy común que reciba parejas que tienen una relación abierta, algo que antes no se veía tanto. La visión tradicional que teníamos de una pareja ha saltado por los aires», dice.

«Es todo más diverso que nunca. Ahora en consulta es muy común que reciba parejas que tienen una relación abierta, algo que antes no se veía tanto»

Y es que antes, el concepto relación tenía unas normas «más rígidas» y ahora es todo «más voluble», considera el psicólogo. «Muchos jóvenes piensan en el ahora pero no se comprometen de cara al futuro. ‘Hoy quiero estar contigo, pero mañana no lo sé, e igual me apetece estar con más personas al mismo tiempo’».

Más conscientes de las emociones

Roberto Antón, que también es experto en adolescencia, explica que otro aspecto que caracteriza a las nuevas generaciones es ser mucho más conscientes de sus emociones y sentimientos que las anteriores. Y eso, indica, es lo que les lleva a replantearse muchas cosas que las anteriores no hacían, como sus propias relaciones. Precisamente el ver más allá, el preguntarse si es lo que realmente quieren, es lo que les lleva a ser menos conservadores con sus parejas.

Una pareja en un mirador

Una pareja en un mirador / PEXELS

«Al tener el foco puesto en las emociones, uno se vuelve más vulnerable. Si tiras con la relación de forma más estoica, aguantando lo que venga, va a durar. Pero cuando se reflexiona sobre ella desde lo emocional puedes ver más allá, y es algo muy importante, pero que también complica las cosas», dice. «Escucho mucho en terapia a personas que me dicen: ‘creo que la gente que está tan bien con su pareja es porque no piensa, porque su objetivo es trabajar, llegar a fin de mes y poco más’. Y es que quien se plantea ciertas cosas entra en un espacio más vulnerable. No hay tanta certeza de que esa sea ‘la persona elegida’».

Priorizarse

Las generaciones actuales tienen muy presente la importancia de preservar su salud mental. Es por ello que priorizarse es un verbo muy común en su vocabulario. En el caso de la pareja, Roberto Antón, explica que evidentemente está bien cuidarse a uno mismo, pero si solo nos priorizamos a nosotros y nunca a la pareja, la relación no podrá fructificar. «Hay que buscar el equilibrio. Si estoy con una persona, hay cierto compromiso y si no quiere asumirse, lo mejor es estar solo. Si tu día se reduce a ir a trabajar, luego al gimnasio y salir de fiesta con tus amigos, ¿para qué estás con alguien? Si es por compartir gastos ya no es una relación de pareja».

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