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Entrevista | José Miguel Giráldez Profesor titular de la Universidade da Coruña

José Miguel Giráldez: «El columnismo es una manera maravillosa de interpretar el mundo»

La revista australiana de estudios hispánicos y galaicos ‘Antípodas’, editada por el profesor de la Universidad de Sídney Roy C. Boland, recopila en dos volúmenes la obra periodística de José Miguel Giráldez

Giraldez (d), entrevistando al irlandés John Banville en 2020

Giraldez (d), entrevistando al irlandés John Banville en 2020 / Cedida

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Xosé Ramón R. Iglesias

Xosé Ramón R. Iglesias

A lo largo de más de treinta años, la columna de José Miguel Giráldez, autor de referencia en el periodismo literario, no faltó a su cita diaria con los lectores de este periódico, donde sigue colaborando y donde publicó también de forma habitual sus célebres entrevistas. Parte de esta producción la recoge la revista ‘Antípodas’ en los volúmenes ‘Una bendita vocación. Artículos y entrevistas sobre literatura y cultura de España’ y ‘Una visión global. Artículos y entrevistas sobre literatura y cultura internacional, latinoamericana, gallega y española’.

¿Qué significa para ti esta publicación?

Que una parte de las columnas de opinión y las entrevistas realizadas por mí a lo largo de más de tres décadas haya sido recogida en estos dos volúmenes de la revista australiana ‘Antípodas’, es, desde luego, un honor y un motivo de gran alegría. Las antologías de artículos periodísticos no son tan habituales, así que estoy muy agradecido a esta publicación internacional, y en particular a su editor, el profesor Roy C. Boland, durante tantos años catedrático de español de la Universidad de La Trobe y de la Universidad de Sídney, por haber decidido recopilar mi obra en prensa. Hay que considerar que ‘Antípodas’ es una revista académica y de investigación, pero siempre ha tenido, a lo largo de su historia (alcanza ya el número XXXIV), esta pulsión de reconocer también los trabajos publicados en la prensa periódica, que ofrecen transferencia y acercan la literatura y la cultura al gran público, no sólo a los investigadores.

¿Por qué crees que se interesaron en las Antípodas por tu obra?

Bueno, desde el mundo académico siempre he mantenido una larga relación con Australia. Este mismo año vamos a celebrar en la Universidad de A Coruña la IV Edición del Foro Australia-Galicia, que es un evento importante multidisciplinar. Llevo muchos años en contacto con la cultura australiana, y precisamente de ahí proviene mi larga relación con el profesor Boland, que ha asistido a menudo a nuestros eventos aquí, lo que contribuyó a que se interesara por mis trabajos periodísticos. Siempre ha sido un lector generoso desde la otra punta del planeta. En realidad, ya sea por asuntos australianos, o por su dedicación a la literatura hispánica, Roy Boland siempre ha estado muy relacionado con Galicia y con toda España. ‘Antípodas’ es una revista que tiene implantación no sólo en Australia, sino en Perú, por ejemplo, o en Estados Unidos, entre determinados hispanistas, con presencia en catálogos de bibliotecas importantes, como las de la Universidad de Stanford.

¿Consideras que eres más valorado fuera que en casa?

No… no creo en eso de que a uno lo valoran más fuera que en casa. Uno escribe para que le quieran, eso es verdad, pero el reconocimiento muchas veces es verbal, o personal, no sólo en forma de una antología doble como esta. No son tan habituales en España las recopilaciones periodísticas, salvo que hablemos de nombres con mucha resonancia mediática, sobre todo a nivel nacional.

¿Cómo ves el panorama actual del columnismo / periodismo literario?

Aunque siento una gran pasión por el género de la entrevista, fundamentalmente dentro del periodismo cultural, creo que siempre me ha considerado un columnista: social, literario, político… Un poco de todo. Creo que el columnismo es una manera maravillosa de interpretar el mundo y de acercarlo a la gente, siempre, claro, desde una perspectiva personal que podrá compartirse o no. He sido y soy muy feliz escribiendo columnas. Es mi género favorito, creo que es la distancia perfecta para contar algo concreto, que, al tiempo, se expande en el aire, como quien quiere iluminar la noche con una lluvia de fuegos artificiales de colores muy diferentes. Es un planteamiento algo excesivo… lo sé, pero hay que tener esa ambición. Y también hay que tener ambición por lograr la belleza del texto, algo que me preocupa siempre. Echo de menos la estética del columnismo, me duele la confusión entre columna y una nota crítica, donde parece no contar tanto la belleza de lo escrito. Para mí, cuenta mucho. Muchísimo. Porque el eco de lo que dices tiene que ver también con cómo lo dices. Y me interesa la posibilidad de hacer que el lector se sienta emocionado unos minutos, los que dura la lectura, envuelto en una estética hermosa. El columnismo es ahora muy abundante, se ha multiplicado, pero creo que se ha perdido en parte ese afán por la pieza literaria, porque yo sí creo en el periodismo literario. Es una forma de literatura. Sigue habiendo grandes columnistas, aunque quizás echemos de menos a gente como Umbral... En contra de lo que ha sucedido, por ejemplo, en países anglosajones, donde el columnista veterano y muy característico (por su estilística) siempre ha sido tenido en consideración, aquí hay ahora un estallido de firmas más bien jóvenes, lo cual tampoco me parece mal, porque uno fue joven también y soñaba con alcanzar la cumbre. Siempre hay que soñar con eso. Luego, el camino y la suerte deciden.

Tu figura aúna los mundos universitario y periodístico. ¿En qué medida son vasos comunicantes y en qué se dan la espalda?

Muchos profesores universitarios, y también no universitarios, escribimos en los periódicos, pero creo que son mundos muy distintos. En realidad, en la universidad estamos entrenados para escribir artículos de investigación en revistas muy especializadas que, básicamente, van dirigidas a una audiencia muy específica. Hacer columnismo no tiene nada que ver con eso, pero sí bebe a menudo de aquellos campos de la investigación a los que te dedicas. Siempre se te ve el plumero académico… Pero ya digo, no tiene nada que ver, ni la concepción del texto, ni el estilo… De hecho, puede estar mal visto hacer artículos de investigación con ‘exceso’ de estilo literario. Nunca lo he entendido. Siempre he creído en la necesidad de aportar una novedad estilística, artística, a lo que escribes, lo que sea, donde sea. Esto del lenguaje aburrido y neutro me parece contrario a la comunicación. Y lo mismo pienso de las clases: deben ser piezas irrepetibles para los alumnos.

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