Entrevista | Esteban Beltrán Director de la Sección Española de Amnistía Internacional
"Hay un cambio de era hacia un completo desorden internacional, la sociedad civil debe resistir"
El director de Amnistía Internacional en España analiza un contexto global terrorífico y el papel de la sociedad civil en esta deriva hacia el autoritarismo y la guerra

Jesús Prieto

El mundo sin duda va a peor pero una movilización social sin precedentes deja un resquicio para la esperanza. La represión del derecho a la protesta, sea esta en pos de un alto el fuego en Gaza o de la sanidad pública, también es inédita pero mientras el planeta avanza hacia un completo desorden internacional, millones de personas exigen un cambio. La cooperación entre sociedad civil y gobiernos puede ser la bala de plata contra el autoritarismo y la guerra. Estas son las conclusiones de Esteban Beltrán, director de la Sección Española de Amnistía Internacional, a la hora de analizar un contexto global que aterroriza a cualquiera que tenga un mínimo de conciencia.
Gaza y Ucrania, pero también conflictos olvidados como Sudán y el Congo, que se ha convertido en un infierno humanitario. Trump en la Casa Blanca mientras la extrema derecha avanza en Alemania, Francia, Italia, Austria, Países Bajos... ¿Hacia dónde va el mundo?
A la sociedad civil y a quienes defendemos los derechos humanos nos toca resistir un cambio de era que nos conduce hacia un completo desorden internacional en el que no hay reglas. El mundo sufre el mayor número de conflictos armados activos, 56, desde hace mucho tiempo. También estamos ante una demonización del colectivo de personas migrantes y refugiadas, como pasó con los judíos en los años 30 durante la República de Weimar. Esta deshumanización es muy grave porque, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, significa quebrar el consenso de que todos los seres humanos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos. Vivimos además una situación en la que la información depende de empresas que, a su vez, colaboran en algunos casos con gobiernos que violan los derechos humanos. Ya no es tanto el debate sobre si el Estado controla las redes sociales o la información, sino si las empresas controlan al Estado.
Decía Mark Twain que la historia no se repite, pero a veces rima. Y no tiene por qué repetirse, pero es verdad que hay una deshumanización de una parte de la población, hay conflictos armados muy duros, con millones de desplazados o víctimas civiles, y la democracia está en retroceso en buena parte del mundo. Pero también tenemos una sociedad civil que no existía en los años 30, con unos movimientos feministas, indígenas o defensores de los derechos humanos como no hubo nunca en la historia de la humanidad. La diferencia con aquellos tiempos de la República de Weimar es que la sociedad civil es más fuerte, hemos creado todo un sistema de tribunales internacionales y de instituciones. Pero es verdad que estamos viviendo ataques al Estado de derecho y a los derechos humanos sin precedentes. Y puede haber un cambio de paradigma si no los defendemos.
Pero también hay una movilización social sin precedentes a nivel global. La pregunta del millón es, ¿sirve de algo esta movilización? ¿Qué pueden hacer los ciudadanos para evitar las violaciones del derecho internacional?
Es cierto, el año pasado hubo 80 movilizaciones masivas en 80 países por parte de personas que defendían sus derechos, bien porque las elecciones habían sido fraudulentas o porque reclamaban educación, salud, vivienda o libertad de expresión. Esto es extraordinario. Una sociedad civil movilizada es el principal freno a los abusos del poder. Lo difícil es ver si en el fondo vamos a ser capaces de crear una coalición entre gobiernos y sociedad civil para frenar este cambio de paradigma que nos lleva a ninguna parte. Cuando ha habido coaliciones de gobiernos y sociedad civil se ha logrado progresar en derechos humanos. El fin de la esclavitud o el avance contra la pena de muerte sirven como ejemplos. Hoy falta que, frente a los demonizadores y gobernantes tóxicos, del otro lado haya gobernantes como Mandela o Václav Havel, que defiendan los derechos humanos y actúen de contrapeso. Mientras no existan vamos a estar en una situación complicada. Ahora mismo le toca a la sociedad civil ejercer como contrapeso.
Las movilizaciones por un alto el fuego en Gaza tampoco tienen precedentes pero se caracterizan por una represión terrible en países como Alemania, Reino Unido, EEUU...
El derecho a la protesta es uno de los principales derechos amenazados en todo el mundo. A muchos gobiernos no les gustan este tipo de manifestaciones, no les gusta ver banderas palestinas ni la protesta pacífica. La Ley Mordaza, que todos lo partidos prometieron revocar pero que sigue ahí diez años después, es un buen ejemplo. Y, efectivamente, hace poco en Alemania Amnistía Internacional y otras organizaciones recibimos en un local a la relatora de la ONU para Palestina. La Policía irrumpió en el local y tuvimos que irnos. Y era una simple reunión. Mientras, vemos como un gobernante se sienta en el Despacho Oval con un presunto criminal de guerra, como es Benjamin Netanyahu, y hablan sobre crear un 'resort' de vacaciones en Gaza. Vivimos en esa época de desvergüenza. Es muy preocupante porque los avances (en derechos) no son para siempre. Pero los retrocesos tampoco.
Tras el alto el fuego en Gaza, Israel ha lanzado "operaciones significativas" en Cisjordania. De hecho, Amnistía Internacional alertó ayer sobre el desplazamiento forzoso de comunidades palestinas. ¿Qué está pasando?
Lo que sucede es que nunca antes hubo tanta colaboración entre los colonos israelíes, que son una especie de paramilitares y que han construido sus casas ilegalmente en Cisjordania, y el Ejército para hacer la vida imposible a los palestinos. Siempre han colaborado pero 2024 es el año en el que ha habido más ataques contra palestinos por parte de colonos y militares, más incursiones y asesinatos de civiles de la última década. También se han cerrado a los periodistas partes enteras de Cisjordania. Es decir, Israel está violando como nunca los derechos humanos en Cisjordania. Ahora, aprovecha que en Gaza hay un alto fuego precario para acentuar la operación militar. Es lo que Amnistía denuncia con su investigación: una comunidad de 300 personas, incluyendo niños y mujeres, está a punto de ser desalojada porque no aguanta los ataques combinados del Ejército israelí y los colonos. Es algo que siempre ha ocurrido pero ahora operan con total impunidad.
Una sociedad civil movilizada es el principal freno a los abusos del poder. La clave es si vamos a ser capaces de crear una coalición entre gobiernos y sociedad civil para frenar este cambio de paradigma
¿Estamos ante una nueva 'Nakba' (el éxodo palestino de 1948)?
Eso es lo que hay que evitar. Pero hablamos de un gobernante (Netanyahu) que hace apología de un crimen de guerra, que es desplazar forzosamente a millones de personas (de Gaza). Supondría la Nakba (Catástrofe) del 48 multiplicada por dos. Por tanto, hay un riesgo real de desplazamiento y de que los palestinos acaben fuera de su territorio. Recordemos que hay cinco millones de palestinos fuera de los territorios ocupados y que nunca se les ha garantizado el derecho de retorno. No se puede permitir que Israel siga ocupando territorio palestino, violando los derechos humanos y cometiendo crímenes contra el derecho internacional.
Ningún país en el mundo respeta al 100% los derechos humanos pero, ¿cuál está más cerca? ¿Qué país ha retrocedido más en ese aspecto?
Es imposible comparar entre países que sufren un conflicto armado en su territorio y los que no. Lo importante es mostrar algunos avances sustanciales que ha habido en el mundo, como la lucha contra la pena de muerte o que la educación, la salud y la vivienda estén al mismo nivel que el derecho a la libertad de expresión, la libertad de asociación y los derechos humanos. Son avances muy sólidos porque hoy, cuando los ciudadanos reclaman el derecho a la vivienda en España, están reclamando derechos humanos. Hay una sociedad civil mucho más desplegada, una mayor defensa de los derechos humanos a nivel global, aunque es verdad que el número de democracias con Estado de derecho es el mismo que en 1985, antes de la caída del Muro de Berlín. Eso demuestra que está costando consolidar un mundo con libertades y derechos humanos.
El riesgo actual se resume con un hecho: un tribunal de justicia afirma que hay riesgo de genocidio (en Gaza) y la respuesta es atacar a ese tribunal de justicia. Vivimos en una época en la que podemos ir hacia un sistema en el que se consolide el Estado de derecho o ir hacia otro en el que se acabe el derecho internacional y volvamos a una época de soberanía nacional. Estamos en un momento clave.

Estebán Beltrán, director de la Sección Española de Amnistía Internacional / Jesús Prieto
Hablemos sobre cambio climático y derechos humanos, ¿cuáles son los retos ante las consecuencias inminentes y el negacionismo?
El cambio climático es la mayor amenaza intergeneracional de la historia de los derechos humanos. Y va muy mal. Tenemos que acabar con los combustibles fósiles, son la principal causa de estos fenómenos climatológicos inexplicables, estas inundaciones severas, estas sequías. Hay lugares, como Pakistán, en los que se ha llegado a 52º, una temperatura que el cuerpo humano no puede aguantar. Y me temo que los grandes países como EEUU, Rusia o China, que son los mayores contaminantes del mundo, van a seguir quemando combustibles fósiles. Así que vamos a seguir en esta deriva. La temperatura del mar que pensábamos alcanzar en el año 2030 la hemos alcanzado en 2025. En esas condiciones es imposible vivir. El cambio climático provocará flujos migratorios en todas partes, internos y externos.
En su informe anual, Amnistía Internacional ponía el foco en la Inteligencia Artificial como una de las mayores amenazas para el Estado de derecho. ¿Por qué?
Nos hemos centrado en cómo los gobiernos utilizan la IA para, por ejemplo, determinar quién recibe ayudas sociales. Lo hemos visto en Serbia o en Holanda, como un sistema de algoritmos racista te lleva a pensar que determinado núcleo de la población está cometiendo fraude en las ayudas sociales. Tengamos en cuenta que en el futuro toda la política de ayudas va a estar basada en un sistema de algoritmos. Por ello hay que intentar que dicho sistema sea de código abierto y permita tener un ángulo de derechos humanos. Si no se hace así, será un desastre.
La IA también permite, por ejemplo, la vigilancia y el reconocimiento facial. Es un enfoque de seguridad que provoca que haya cámaras en todas partes. Una de las grandes batallas de las ideas va a ser el debate entre regulación o desregulación. Empresas como X o Amazon buscan la desregulación absoluta, nosotros buscamos la regulación, una Inteligencia Artificial bajo la influencia de las leyes. Y ahí creo que Europa puede jugar un papel clave. Por primera vez hay una directiva europea que tenemos que transponer todos los estados para regular la IA en cada país. Esa es la gran batalla.
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