La despoblación del rural gallego también afecta al ganado
Los años de ver una vaca o un cerdo por casa en las aldeas para aprovechamiento propio se han ido. Tanto las pequeñas explotaciones como las de subsistencia afrontan su desaparición, con diversos factores como responsables

Vacas pastando en una explotación ganadera de Rodeiro / Bernabé / Gutier

Hace unas dos o tres décadas era raro ir a una casa de aldea gallega y ver que no había ningún tipo de ganado en casa. Casi todas tenían un ternero, unas gallinas, otros tenían vacas de leche, unas ovejas, conejos... bien para comerciar con ellos, o para consumo propio. Ahora, según el lugar, lo raro es encontrar una casa en la que siga habiendo animales.
Más allá de los más pequeños y fáciles de mantener, como gallinas para huevos o conejos, lejos queda la época de una vaca o un cerdo por casa y que alimentaba a la familia durante todo el año, o que les daba un dinero extra vendiendo su leche o carne o criando lechones o terneros. La despoblación en el rural gallego no solo es cosa de humanos, sino también de ganado.
Según datos del IGE, en el año 1999 existían 268.995 explotaciones agrarias en Galicia. Ese número descendió considerablemente hasta las 79.909 en 2009, y en 2020, año del último censo agrario, cayó hasta las 55.014. Sin embargo, a pesar de solo quedar poco más de una quinta parte de las explotaciones que había al final de la pasada década, el número de unidades ganaderas totales (UGT, una medida de estandarización estadística para poder agrupar las cabezas de ganado distintas especies de distintos tamaños bajo un mismo paraguas) no ha sufrido el mismo descenso: 1.221.863 UGTs en 1999, 1.048.874 en 2009 y 1.129.613 en 2020; es decir, han llegado a aumentar tras un período de descenso en la década de los 2000. ¿A qué se debe esto?
Un cúmulo de motivos
Francisco Bello, presidente y socio fundador de la Asociación Agraria de Galicia (ASAGA), asegura que lo que ha ocurrido es una concentración del ganado en grandes explotaciones, mientras que las más pequeñas o de autoconsumo han ido reduciéndose cada vez más, y los motivos son varios: “En el caso del sector lácteo, al entrar en la Unión Europea hubo que cumplir distintas obligaciones, como la imposición de las cuotas lácteas. Eso propició que las ganaderías que tenían capacidad y garantía de futuro pudieran seguir existiendo gracias a grandes esfuerzos económicos con la compra de cuotas a otras explotaciones que abandonaban el negocio, tanto en Galicia como fuera de ella, y motivó que se fuera aglutinando mucho más la producción y se fuera concentrando en torno a explotaciones de tamaño medio, que se fueron haciendo cada vez más grandes para ser más competitivas y orientadas al mercado”.

Francisco Bello, presidente y socio fundador de ASAGA / Cedida
Galicia es toda una potencia en producción láctea, suponiendo casi un 1,3 % de su PIB total, produciendo un 40 % de la leche de toda España y albergando un 60 % de las explotaciones, lo que ha hecho que aumentase la producción y el volumen de ganado destinado a ello, pero no el número de explotaciones. Además, el presidente de ASAGA señala, además de requisitos medioambientales, necesarios, pero más difíciles de cubrir por pequeñas explotaciones, la falta de relevo generacional ha hecho mella: “Creemos que el envejecimiento de la población y la falta de relevo es una de las causas fundamentales. La gente joven, por lógica de vida, aprovecha para estudiar y sacarse otro tipo de oficio, y así lo quisieron sus progenitores. También es muy complicado gestionar el día a día de un negocio de este tipo, porque son 24 horas al día los 365 días del año”.

Susana López Carbia / Javier Rosende Novo
Es el caso de Elisa, vecina de una aldea de Cuntis, que a sus 75 años ya casi lleva una década jubilada y se vio obligada a dejar su pequeña explotación de unas 10 vacas: “Primero teníamos vacas de leche, pero llegó un momento en el que no nos salían rentables, y cuando mi marido, algo más mayor que yo, se jubiló, me quedé yo a cargo y pasamos a tenerlas de carne. Con el paso de los años lo dejamos porque no daba ganancia, yo iba a jubilarme también y entre que no podíamos con el esfuerzo, que no teníamos muchos beneficios y que teníamos que cuidar de nuestros mayores, nos ofrecieron comprar lo que teníamos y me jubilé”. La cuntiense también menciona que no tuvieron demasiada ayuda por parte de la administración, y que es difícil que los jóvenes hoy en día cojan las riendas porque “pocas pequeñas explotaciones quedan”. De hecho, ahora tan solo conserva cuatro gallinas para huevos de autoconsumo.

Burocracia y dolores de cabeza
Una de las quejas principales de algunos ganaderos es la excesiva burocracia a la que tienen que atender, resultando en una experiencia frustrante, como le pasó a Lucía Casal, ganadera e influencer que tiene una explotación en Melide: “En Galicia tenemos muchas oportunidades y nos ayudan con cuantías económicas, pero a veces la burocracia cansa. Yo este año lo he pasado muy mal porque he tenido mucho papeleo que dices tú, ‘si no me sirve de nada’. Lo único que haces es desesperarte, es todo burocracia”, asegura. La melidense también pide claridad a los gobiernos, tanto el autonómico como el central y la UE, para evitar la incertidumbre y los “mareos”.
Bello menciona que “la burocracia la manejamos mal todos, porque es un muro de papeles infranqueables, y gente que necesita un permiso para todo acaba tirando la toalla”. Sin embargo, rompe una lanza a favor de la regulación, ya que la globalización, el cambio climático y la llegada de epidemias como el EHE o la lengua azul hace que sea necesario un control sanitario y el papeleo correspondiente.
En lo relativo a la ganadería de autoconsumo, los motivos son similares, aunque se acentúa especialmente el envejecimiento de la población: “La gente mayor que va quedando en el rural tienen que ir deshaciéndose de ese tipo de animales. Se pueden quedar, a lo mejor, con unas gallinas, unos conejos o un cerdo, porque son más llevaderos de criar. Pero los animales de envergadura, como el ganado vacuno, ya requieren unos determinados medios y un trabajo más laborioso”, asegura Bello. La normativa, no tan fácil de comprender para los más mayores, tampoco ayuda.
“La ganadería de carne, sobre todo en extensivo, en provincias como Lugo y Ourense, aún tiene una importante presencia en manos de personas de una edad más avanzada o que tienen otra actividad principal y aprovechan sus tierras para el ganado”.
Para Dolores, de 63 años y de A Estrada, la tradición de toda la vida de tener animales para criar en casa y consumir su familia ha quedado atrás: «Entre lo que cuesta cuidar los animales y que no tengo tiempo con mi trabajo, ahora mismo me es imposible criar un cerdo para matanza o un ternero. Conservo una docena de gallinas por los huevos y algunos conejos, porque son más llevaderos, pero nada más. Mis hijos trabajan fuera y no pueden ponerse con esto. Es una pena que estas tradiciones se pierdan, pero es lo que hay», dice resignada.
Así, las granjas periurbanas fueron desapareciendo, reduciéndose más a las aldeas alejadas de las urbes, dependiendo de lugar: “La ganadería de carne, sobre todo en extensivo y en provincias como Lugo y Ourense, aún tiene una importante presencia en manos de personas de una edad más avanzada o que tienen otra actividad principal y aprovechan sus tierras para el ganado; en Ternera Gallega hay un censo de más de 9.000 explotaciones, de las cuales son profesionales solo alrededor de 2.000”, remarca Bello, quien también asegura que estas personas también hacen una labor clave para evitar el abandono y los incendios forestales.
La resistencia
En las pequeñas explotaciones de mercado, el futuro es más complicado: “Tienen que tener una cierta economía de escala, un cierto volumen para pagar autónomos, para que les sea rentable... y, o bien tienen un precio superior, porque están inscritos a un sello de calidad, como la agricultura ecológica, o va a ser complicado mantener un diferencial de precio. Tienes que tener un producto diferenciado, pero es complicado”, asegura Bello.
La mayoría de la ganadería de autoconsumo parece haberse reducido a animales pequeños y fáciles de mantener, poniendo el foco especialmente en las gallinas. Aun así, no se libran de cumplir la normativa, siendo obligatorio censar todas las granjas de gallinas de autoconsumo en Galicia, muy necesario en este caso para prevenir la extensión de enfermedades como la gripe aviar.
“Este tipo de explotaciones de autoconsumo controlan las huertas y también dan abono para lo que plantamos en casa, sano y natural y sin ningún tipo de producto añadido, más que el orgánico de los animales de la propia explotación”, comenta Bello. El mercado de proximidad es una de las salidas que están encontrando estos pequeños ganaderos, como forma de vender sus productos a pequeña escala. Y en lo relativo al autoconsumo, el presidente de ASAGA asegura que “mientras Galicia sea Galicia, yo creo que siempre va a haber alguna gallina, conejo o cerdo para la matanza, aunque sea en menor medida que antes”.
Suscríbete para seguir leyendo
- Una tienda de Santiago cierra 'hasta que escampe': 'No quiero coger una depresión
- Aplazada la huelga indefinida de autobuses en Santiago, aunque sigue sin haber acuerdo
- Augas de Galicia sanciona al Concello de Santiago con 300.000 euros tras mediciones en el río Sar
- El bar a 20 minutos de Santiago donde Netflix rodó una de sus series más vistas: 'Fue una experiencia flipante
- El aeropuerto de Santiago pierde uno de cada tres pasajeros con respecto al año pasado
- Santiago vive un fin de semana para no quedarse en casa: conciertos, Carnaval, San Valentín y mucho más
- La Deputación da Coruña licita por 1,12 millones la adquisición de un inmueble para su sede en Santiago
- Aumenta la división sindical por el conflicto de los autobuses tras la última reunión mediadora


