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Los orientadores educativos: mucho trabajo y pocos recursos

El despacho de orientación de un instituto es un salvavidas para muchos alumnos con problemas, bien sean académicos o de índole personal. Su trabajo, sin embargo, se ve afectado por la elevada ratio de estudiantes por profesional

El trabajo del orientador es clave para los alumnos con problemas escolares o personales

El trabajo del orientador es clave para los alumnos con problemas escolares o personales / Freepik

Diego G. Carballo

Diego G. Carballo

Santiago

Aunque las personas en las que pensamos cuando nos hablan de colegios o institutos son profesores y alumnos, hay toda una maquinaria humana por detrás que, sin ser tan visibles, tienen un rol absolutamente indispensable para el buen funcionamiento de una institución educativa. Uno de esos roles es el de orientador educativo, o simplemente "orientador". Esta figura se encarga de una gran variedad de funciones que son clave para el apto desarrollo del curso escolar, así como del bienestar de los alumnos. Los orientadores se encargan de tres funciones principales: la organización de la atención a la diversidad, el plan de acción tutorial y el programa de orientación académico y profesional.

Manuela del Palacio García es orientadora educativa en el IES Santo Tomé de Freixeiro, en Vigo, y presidenta de la sección de Psicología Educativa en el Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia (COPG). Su trabajo consiste en esas tres áreas y en alguna que otra más, una labor, dice, compleja: "La organización de la atención a la diversidad trata de trabajar con el alumnado más vulnerable o con dificultades de aprendizaje para organizar sus necesidades de apoyo educativo, no solo desde el departamento de orientación, sino también desde la dirección y el profesorado, ya que hay que organizar horarios, desdobles... son muchas cosas", asegura.

Trabajo en equipo

Así, existe una organización entre todos los entes del centro educativo, para poder organizar horarios, clases, identificar las necesidades de los alumnos que las tengan, coordinar sus clases con la profesora de pedagogía terapéutica, adaptar los currículums... "es todo un engranaje", asegura Del Palacio.

Estas demandas sobre alumnos que tienen problemas de aprendizaje no siempre vienen de los profesores, que suelen detectarlos en el aula basándose en sus notas o en su atención y desarrollo en las clases. En ocasiones, según comenta la orientadora, también vienen de la propia familia, y no tiene por qué ser siempre algún tipo de afectación como el autismo o el TDAH; en ocasiones, los alumnos con altas capacidades también necesitan un plan de estudios personalizado.

Al tratarse siempre –o casi siempre– de menores de edad, el contacto con los padres es continuado y obligatorio, y a veces viene de la propia familia. Los alumnos también acuden directamente al orientador para manifestarle sus inquietudes: "Vienen mucho, me dicen si están pensando en una carrera o en un ciclo formativo, piden consejo... Y luego están los que tienen un problema y no saben qué hacer".

Casos complicados

Los orientadores se enfrentan también a casos complicados que requieren de un tratamiento con mayor delicadeza, como pueden ser alumnos que acuden al despacho de orientación porque están descubriendo o tienen dudas sobre su género o sexualidad. Sin embargo, Del Palacio asegura que cada vez son más los padres que acuden a hablar sobre ese tema con ella: "En los dos casos que he tenido de ese tipo, ha sido la familia la que vino a hablar conmigo. Ahora es todo más natural, menos tabú", comenta.

Los peores casos, tanto de gestionar como por el sufrimiento del propio alumno, son los de acoso escolar o problemas en el entorno familiar, como violencia de género o maltrato infantil: "Esos son los peores. Nosotros ahora trabajamos todo por protocolos, los hay para todo, de prevención del suicidio, del TDAH, del acoso escolar... entonces un protocolo de acoso te lleva mucho tiempo. Hay que hacer entrevistas con la familia, los alumnos afectados –tanto acosado como posibles acosadores–, los agentes pasivos –aquellos que presenciaron la agresión y han o no hablado–... todo está pautado", explica la orientadora.

Sin embargo, aunque eso signifique una gestión más eficiente, también supone mucha burocracia: "Estamos sobrecargados, porque dices, cuando llego al niño tengo que hacer este papel, este otro, uno más... y quiero estar con el alumno. Entonces, yo solicitaría, desde la sección educativa del COPG y del profesorado, menos papeleo y más atención al alumnado, que lo está pidiendo a gritos", remarca.

"Estamos sobrecargados de burocracia. Yo solicitaría, desde la sección educativa del COPG y del profesorado, menos papeleo y más atención al alumnado, que lo está pidiendo a gritos"

Manuela del Palacio García

— Orientadora educativa y presidenta de la sección de Psicología Educativa del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia

Gestionar estos problemas también significa saber separar lo personal de lo profesional, para evitar que estas situaciones complicadas puedan afectar a los orientadores: "Es nuestro trabajo", dice Del Palacio, "nosotros, en la sección educativa del colegio, hablamos las cosas, gestionamos bien, nos damos ánimos... Es todo terapia. Yo me siento una más, ahora se hace mucho en conjunto, entonces, por lo menos en mi caso, no me veo sola".

Falta de recursos humanos

Los orientadores también se encargan de gestionar charlas y programas con educadoras y psicólogas de los ayuntamientos, como de prevención de drogodependencias, igualdad o salud afectivo-sexual, pero no las pueden hacer ellos mismos, según dice Del Palacio: "Nosotros no podemos hacerlo, no damos abasto, es imposible. Yo estoy todo el día haciendo informes de alumnos, estamos continuamente haciéndolos".

"A mí me encanta mi trabajo, si pudiese lo escogería otra vez, me encuentro muy a gusto, pero me gustaría tener a alguien más conmigo para poder ofrecer una orientación de calidad. Faltan recursos humanos"

Manuela del Palacio

— Orientadora educativa y presidenta de la sección de Psicología Educativa del Colegio Oficial de Psicología de Galicia

Por lo tanto, el trabajo es duro, pero por la falta de recursos humanos: "A mí me encanta mi trabajo, si pudiese lo escogería otra vez, me encuentro muy a gusto, pero me gustaría tener a alguien más conmigo para poder ofrecer una orientación de calidad. Faltan recursos humanos", reivindica la orientadora. Desde la sección educativa del COPG, Manuela del Palacio y sus compañeros reivindican la creación de una especialidad de psicología educativa, "porque estamos viendo lo que ocurre con la salud mental y no podemos cerrar los ojos": "Se ha creado una figura que es el coordinador de bienestar, pero es un profesor cualquiera del claustro, que se encarga del bienestar del alumnado. Hay que profesionalizar las funciones y las competencias", reclama.

Aun con estos problemas, la orientadora asegura que su profesión está bien valorada: "A nivel de asesoramiento, de la comunidad educativa... somos necesarios e imprescindibles. Nunca he sentido que no se nos valore, me he sentido una más de mis compañeros. Habrá gente que diga, pues no conozco a la orientadora, o nunca tuve necesidad de ir a ella, pero generalmente se llega a mucha población escolar en orientación", asegura Del Palacio.

Alarma por la salud mental

La salud mental de los adolescentes en los institutos es un problema cada vez más preocupante para Del Palacio (en la foto a la izquierda): "La comunidad educativa está en alerta por la salud mental del alumnado. Es lo que más nos está preocupando a todos", asegura. "Los psicólogos que tienen un gabinete externo están saturados, al igual que los servicios de salud infantil y juvenil. Están saturados por el número de casos tan elevado, y hay muchos que, dentro del diagnóstico, están medicados, ya sea por cuadros de ansiedad o depresión. Estamos alarmados, las familias nos dicen, ‘mi hijo se está autolesionando’, y lo hablas con otros centros y hay niños con ataques de ansiedad ya en primaria, o con intentos de suicidio".

Ante esto, la orientadora reclama acción: "Todo esto requiere que no miremos para otro lado, que pasemos a la acción y que haya psicólogos y psicólogas educativas en los centros, que es por lo que estamos luchando desde el COPG. Eso ahorraría muchísimo a la sanidad pública, haciendo programas preventivos y hablando de emociones que no se hablan y no saben gestionarlas". De hecho, en el centro de Del Palacio, ella es la única para 800 alumnos, lo que supera en más de tres veces la ratio de la Unión Europea de 250 por orientador.

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