Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Los emigrantes retornados de Venezuela que vuelven a ser niños una vez al año

Tras emigrar con sus familias al país sudamericano en busca de un mundo mejor y luego regresar, un grupo de excompañeros de clase de un colegio de españoles celebran anualmente el día de su graduación, que cumplirá medio siglo este 2025

Los alumnos del colegio Diego de Losada de Caracas, en su graduación en el año 1975

Los alumnos del colegio Diego de Losada de Caracas, en su graduación en el año 1975 / Cedida

Diego G. Carballo

Diego G. Carballo

Santiago

La emigración en Galicia durante el siglo XX ha dejado muchas historias tristes, de familias separadas, pobreza, búsqueda de un lugar mejor, gente que se fue para no volver... sin embargo, entre ellas, también encontramos relatos alegres de casualidades y amistades que siguen vivas aún después de toda una vida. Es el caso de Gonzalo López, brionés de 65 años, que emigró a Venezuela con sus padres con tan solo tres meses de vida, y que acabaría por llevarse unos compañeros para toda la vida.

Así nos cuenta su historia: “Mis padres ya se habían marchado en el 1957, y mi madre se quedó embarazada allá, lo que coincidió con un momento político turbulento, con el derrocamiento del militar –y presidente del país– Marcos Jiménez y con revueltas en la calle. Mis padres se asustaron un poco y se vinieron a Galicia para que naciera aquí, pero cuando estaba todo más tranquilo ya se volvieron. Nací aquí, pero por muy poquito”.

López comenzó su escolarización en Venezuela a los 5 años: “Era un país que por aquel entonces atraía mucha migración, no solo española, y la española era fundamentalmente gallega. Era un país muy rico y próspero, se vivía bien”, asegura. “Al haber tanta gente de fuera, se empezaron a crear colegios españoles, portugueses... dependían del Ministerio de Educación”. El colegio al que el brionés asistía dependía del Instituto Cardenal Cisneros de Madrid, y tenía el nombre del fundador de Caracas, el conquistador Diego de Losada.

Al haber colegios españoles, sus padres lo apuntaron a uno, ya que, al sentir morriña por su tierra, era importante que hubiese una conexión con la tierra. “Yo fui la última promoción del plan antiguo antes del COU: cuatro años de primaria, seis de bachillerato y luego el Preu, que después pasó a llamarse COU. Entonces, hasta sexto de bachillerato, cuando lo acabé, lo hice en Caracas, y luego me vine para España a los 17, hice COU y entré en la universidad”, explica.

De vuelta a Galicia

No fue complicado para Gonzalo López adaptarse a Galicia una vez retornó, ya que vivió en un ambiente “muy gallego” en Venezuela: “Ya no solo el círculo social de mis padres, que era mayoritariamente gente de aquí, sino que había clubs como la Hermandad Gallega de Venezuela, donde se practicaba deporte, había gastronomía, se aprendía a tocar la gaita, bailar danzas gallegas... vivíamos como en un mini mundo. Yo nunca hablaba gallego con mis padres, pero entre ellos lo hacían, y los entendía perfectamente. De hecho, la gente se sorprendía cuando regresé y pasé de hablar con acento sudamericano a hablar gallego totalmente en seis meses”.

Foto de familia de los alumnos del Diego de Losada de Caracas

Foto de familia de los alumnos del Diego de Losada de Caracas / Cedida

Además, a excepción de unos pocos compañeros y amigos, la gran mayoría de su círculo social de emigrados fue volviendo poco a poco a España, lo que hizo aún más fácil su adaptación a una tierra que solo había pisado en sus primeros tres meses de vida. “Vine a estudiar la carrera que quería, me eché novia pronto... de hecho, seguimos juntos, después de casi 50 años. Aunque nunca volví a Venezuela, ya que estaba montando mi vida y estudiando, y luego por la situación del país, mi corazón siempre tuvo una parte venezolana, y de hecho sigo teniendo contacto con su cultura, su música y gente de allí. Y, la verdad, es que me gustaría que algún día mi mujer y mis hijos pudieran ir y conocer de dónde partí yo. Eso del corazón dividido, en mi caso es de libro”, recuerda López.

Reunión de viejos amigos

Años después de volver, el brionés de corazón venezolano mantenía contacto con algunos de sus excompañeros, aunque tenía una relación más estrecha con “dos o tres” de ellos, todos de Santiago y alrededores. “Una vez, en los años aquellos que estuvo el Compostela en Primera División, mi padre y yo fuimos a un partido al estadio, ya que éramos socios, y me encontré a una cara tremendamente conocida. Nos quedamos mirándonos un rato y le dije, ‘hombre, vamos a ver, tú y yo nos conocemos del colegio de Caracas’, y así era. Nos quedamos a charlar con mucha ilusión y me preguntó si tenía contacto con alguien de la época, y dice: ‘¿Por qué no nos juntamos un día y vamos a cenar y recordamos cosas?’ Y así hicimos una primera reunión, en el 1995”, explica.

La reunión del año pasado. Gonzálo López es el séptimo por la izquierda

La reunión del año pasado. Gonzálo López es el séptimo por la izquierda / Cedida

El proceso para ir encontrando a sus otros excompañeros con los que habían perdido el contacto fue “a cuentagotas”: “Yo trabajé en el Sergas toda la vida, y al principio utilizamos técnicas que, digamos, hoy serían delictivas (ríe), pero en aquel entonces se podía. Buscábamos, uno nos iba llevando a otro y al final, en la primera reunión, pudimos juntar a unos 10 u 11, dos décadas después de habernos separado. Y fue muy emotivo, muy bonito. Fue en Ourense, y dijimos, pues esto hay que hacerlo todos los años”.

Cada año que se repetía la reunión era raro que no fueran apareciendo más y más compañeros de clase, hasta tal punto que incluso apareció otro compañero “perdido” en la reunión de hace dos años: “Uno se había quedado en Venezuela y vino a última hora. Imagina encontrarte a un compañero 48 años después en una comida”, recuerda. Los asistentes no solo son gallegos, sino que muchos de ellos vienen de otros lugares del país, como Asturias, Valladolid o Madrid.

Una invitada especial

Su etapa escolar en Venezuela terminó en el año 1975, por lo que este año la celebración toma un tono más especial, al celebrar medio siglo. Para ello, una reunión como las que llevan organizando desde aquel año 95 se hacía pequeña: “Queríamos algo un poco más especial, y la alternativa que nos pareció más fácil para todos era pasar un fin de semana rural, que organizo con dos compañeros para este fin de semana en Finca Real, en Negreira”, dice López.

La sorpresa más especial será la presencia de María Luisa Alonso, la directora del colegio en el que estudiaron en Venezuela: “Después de graduarnos, ella aún siguió unos cuantos años allí. Aquello cada vez se ponía peor, y el colegio acabó cerrando. Era privado, de pago, porque en aquella época se ganaba mucho dinero y pagar una escuela era ‘calderilla’, no como ahora”, dice el brionés.

La camiseta conmemorativa de los 50 años de la graduación del 1975

La camiseta conmemorativa de los 50 años de la graduación del 1975 / Cedida

“Ella se vino para España también, con su familia, se sacó unas oposiciones y fue muchos años profesora en la Universidad de Vigo, daba clases de latín y griego en el Campus de Pontevedra. La encontramos porque mi padre, que ya murió hace unos años, la encontró de casualidad por Santiago e intercambiaron teléfonos, y yo siempre guardé ese número. Si me coincidía de ir a Vigo a alguna cosa, iba a saludarla”, sigue. “Y, cuando empezamos con las reuniones propuse invitarla, y acudió encantada. Ya vinieran dos profesores que localizamos, que ya fallecieron, entonces la que queda es ella. Es una mujer fantástica, con una salud increíble para la edad que tiene. Muchas veces venía a las comidas ella sola a Ourense desde Vigo”.

Aunque los años pasen, todos siguen en contacto a través de un grupo de WhatsApp, donde se saludan todos los días y se informan de las últimas novedades en sus vidas: “Todos sabemos quién está enfermo, quién fue abuelo, quién se separó... tenemos un vínculo afectivo muy grande, que es increíble, a pesar de que ya hace 50 años. Cuando hacemos las reuniones no te puedes imaginar la cantidad de cosas que se nos vienen a la mente. Todos conservamos algún amigo de la infancia, pero estar en contacto con la mayor parte de tu colegio... no es nada fácil”, asegura.

Treinta años de reuniones tendrán su culmen en esta celebración especial de la infancia, la adolescencia y los vínculos creados a miles de kilómetros al otro lado del océano, pero no será la última. La amistad que brotó hace más de medio siglo en Venezuela es ya para siempre y, aunque el mundo alrededor de ellos ya no es el mismo que cuando eran chavales, el cariño que se profesan no ha cambiado un ápice.

Tracking Pixel Contents