Entrevista
Javier Peña, Creador de 'Hope! Estamos a tiempo' (RTVE): "No podemos anclarnos en el catastrofismo, el combustible para salvar el planeta es la esperanza"
El divulgador climático aboga por "transformar" la forma en la que hablamos de cambio climático, abandonar los mensajes catastrofistas y centrarnos, sobre todo, en qué podemos hacer para crear un mundo mejor

Javier Peña, creador de la serie 'Hope! Estamos a tiempo' de RTVE.
Valentina Raffio
-La ciencia dice que la emergencia climática avanza a pasos agigantados, que seguimos batiendo récords de emisiones, que los indicadores de salud planetaria están peor que nunca y que por primera vez hemos superado un "punto de no retorno". ¿Cómo se siente al oír este tipo de informaciones?
-Estas noticias me suscitan dos tipos de sensaciones a la vez. Por un lado siento vértigo ante la gravedad y la urgencia de la situación. Sobre todo porque nos enfrentamos a una situación extremadamente grave y sobre la que todavía hay mucho desconocimiento. Pero a la vez pienso que nunca habíamos tenido tanta madurez en el desarrollo de soluciones para hacer frente a estos problemas ni nunca habíamos visto una adopción tan rápida ni una viabilidad tan clara de la transición ecológica. Eso es lo que, pese a todo, me genera cierta emoción y entusiasmo.
-Sentir optimismo en el panorama actual suena algo contradictorio.
-Sí, es cierto, pero es lo único que podemos hacer ahora mismo. Recrearnos en si vamos a ir hacia un calentamiento global de tres o cuatro grados de media o en si cruzaremos ciertos puntos de inflexión realmente tiene poca utilidad. Una vez que entendemos que hay un acantilado por el que no podemos permitirnos caer, lo único importante es pensar en qué podemos hacer para evitar el derrumbe. Para ello, necesitamos focalizarnos en todo lo que podemos ganar y acelerar todo cuanto seamos capaces. Si nos pasamos los próximos años lamentándonos, asustados y con derrotismo, seguramente caeremos por el precipicio del calentamiento descontrolado e irreversible.
"Una vez que entendemos que hay un acantilado por el que no podemos permitirnos caer, lo único importante es pensar en qué podemos hacer para evitar el derrumbe"
-¿Hay razones para el optimismo?
-Claro. La ciencia del clima nos dice que aún tenemos muchas opciones para salvar el planeta. Para ello, el foco tiene que estar en la acción. No podemos quedarnos anclados en el catastrofismo, el combustible para la acción es la esperanza. No se trata de promover un optimismo pasivo y ciego, sino de ser conscientes de que tenemos poder, de que nuestras acciones cuentan y de que tenemos una caja de herramientas que hace una década no existía para hacer frente a problemas en ámbitos como la energía, industria, agricultura y ganadería, restauración de ecosistemas, comprensión del suelo... Eso debería darnos esperanza y, sobre todo, hacernos entender que hay muchas cosas que podemos hacer para contribuir a la causa.
-¿Estamos quizá demasiado enfocados en hablar sobre las malas noticias sobre el planeta y poco sobre las soluciones que podemos aplicar para revertir la situación?
-Exacto. Hablar de urgencia y peligros es necesario, pero centrarnos solo en el discurso moral se ha demostrado insuficiente. Si queremos realmente impulsar una transformación debemos cambiar la forma en la que abordamos la discusión. No se puede hablar de medidas ecologistas como un sacrificio, sino como una forma de crear un mundo mejor. En la última década, el tablero ha cambiado y sabemos que las medidas más ecologistas también son aquellas que aportan una clara ventaja económica, para la salud, la soberanía o la estrategia de cada sector y de cada país. Adoptar las soluciones se está convirtiendo en lo lógico.
"No se puede hablar de medidas ecologistas como un sacrificio, sino como una forma de crear un mundo mejor"
-En 'Hope! Estamos a tiempo' explica de forma muy clara la gravedad del problema pero, sobre todo, pone el foco en las soluciones que ya existen y en las historias de éxito que ya están ocurriendo. ¿Por qué decidió apostar por esta estrategia narrativa?
-Porque las historias de éxito y de viabilidad demuestran que de lo que hablamos no son experimentos sino realidades que ya existen y que funcionan. Las soluciones climáticas no son una utopía sino una realidad palpable que ya se plasma en distintos rincones del mundo. Frente a la idea de "para qué voy a hacer algo si está todo perdido", dar voz a este ejército de pioneros que están cambiando el mundo y mostrando que el cambio no solo es posible sino deseable, moviliza e inspira. No olvidemos que todas las grandes transformaciones de la historia se han construido sobre la esperanza: sobre la unión en torno a la creencia compartida de que es posible vivir mejor.
-De todas las historias que ha tenido la oportunidad de contar, ¿hay alguna que le haya llenado especialmente de esperanza?
-Muchas, la verdad. Pero el que quizá ha sido uno de los ejemplos más impactantes es la transformación de la meseta de Loess, en China, una región desertificada, azotada por sequías, inundaciones y erosión, que ha podido ser restaurada de forma masiva. Tras años de trabajo, la región ha reverdecido completamente y, gracias a ello, la transformación ha duplicado los ingresos de los agricultores, ha sacado a dos millones de personas de la pobreza y ha reducido las temperaturas regionales entre 5 y 6 grados durante los últimos 15 años, ha aumentado las precipitaciones y disminuido los fenómenos meteorológicos extremos en la zona. Es un ejemplo precioso de cómo podemos transformar el clima restaurando nuestros paisajes.
-Justamente ese ejemplo se está intentando replicar en España, ¿verdad?
-Exacto. En España, inspirados por este caso, ya hay 500 agricultores trabajando para restaurar más de 20.000 hectáreas en el altiplano del sureste español. La unión de agricultores, ayuntamientos, colegios, empresas locales es un ejemplo perfecto de regeneración social, ambiental y económica. Y es justo lo que necesitamos ahora. Cuando parece que el futuro se cancela y la distopía se vuelve inevitable, lo que realmente puede curar la división, la polarización y la desesperanza es una visión común articulada en torno a la transición ecológica. Una visión que nos una más allá de las ideologías para restaurar la abundancia de nuestras tierras.
"Cuando parece que el futuro se cancela y la distopía se vuelve inevitable, lo que realmente puede curar la división, la polarización y la desesperanza es una visión común articulada en torno a la transición ecológica"
-El lanzamiento de 'Hope' ha generado una enorme respuesta social y, en muy pocos meses, ya se han organizado decenas de videofórums y grupos de debate en toda España.
-Está siendo absolutamente desbordante. Ya hay más de 300 grupos autoorganizados en España, Latinoamérica e incluso Estados Unidos que están haciendo videofórums. Muchos de ellos están dando lugar a grupos de acción ciudadana que se reúnen con ayuntamientos para ver cómo impulsar estas soluciones y transformar sus entornos. Es maravilloso, inspirador, ver esta oleada de ilusión basada en la esperanza activa, la acción y las soluciones. Es exactamente lo que soñábamos al empezar la serie.
"Los compromisos climáticos deberían enfocarse como estrategias de desarrollo. No como cargas ni sacrificios, sino como oportunidades"
-El lunes empieza la cumbre del clima de Brasil (COP30). Si pudiera lanzar un mensaje a los líderes globales y a los negociadores del mundo, ¿qué les diría?
-Les recordaría que la ciencia dice que la transformación aún es posible y que consiste, esencialmente, en tres cosas: electrificarlo todo con renovables, restaurar la naturaleza a gran escala y transformar los sistemas agroalimentarios. Y en estos tres frentes ya tenemos incentivos puramente económicos. Las renovables pueden cubrir el 75% del consumo energético global con ventaja económica. La agricultura regenerativa ya vence a la intensiva en productividad, costes y calidad. La restauración de paisajes y la economía circular también se están imponiendo por pura lógica y defensa propia. Por eso mismo, los compromisos climáticos deberían enfocarse como estrategias de desarrollo. Ya no como cargas ni sacrificios, sino como una oportunidad.
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