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Mobiliario escolar no adaptado: un problema silencioso con efectos duraderos en la salud infantil en las aulas gallegas

Una investigación entre la Universidade de Vigo y la de Minho (Portugal) revela que el tamaño del mobiliario escolar no puede definirse en función del curso.

Estudiantes de Primaria en un aula

Estudiantes de Primaria en un aula / Europa Press

Santiago

El mobiliario escolar juega un papel clave en la prevención de ciertos problemas posturales de los alumnos. De ahí la importancia de que los niños y adolescentes cuenten con aulas con mesas y sillas ajustadas a sus características antropométricas, algo que no se puede definir teniendo como único criterio el curso académico que van a realizar los alumnos.

Un grupo de investigadores de la Facultad de Ciencias de la Educación y del Deporte de la Universidade de Vigo (UVigo), integrantes del grupo iObserving (Alfonso Gutiérrez, Iván Prieto y Adrián Paramés) y la investigadora Xoana Reguera, del grupo Gies10, junto a docentes de la Universidade do Minho Agostinho Fernandes (Portugal) han realizado un estudio, en el cual participaron 500 escolares del sur de Galicia y del norte de Portugal, sobre el tamaño del mobiliario escolar, en Primaria, Bachillerato y ESO.

La investigación tuvo su inicio por la consulta de uno de los investigadores de la UVigo, Adrián Paramés. «Él estaba trabajando en un centro como maestro de primaria y le parecía interesante hacer un análisis de las tallas del mobiliario escolar, porque veía que los alumnos estaban muy mal sentados; a algunos les colgaban las piernas y otros estaban súper doblados. Entonces surgió la idea de hacer una tesis sobre esto», comenta el profesor titular de la UVigo y miembro del grupo de investigación iObserving Iván Prieto.

Así, el equipo inició una prueba piloto en una institución educativa en la provincia de Pontevedra, donde realizaron una valoración a través de medidas antropométricas. «Con estas medidas podíamos saber qué altura de silla ideal debía tener cada alumno, qué altura de mesa también correspondía a cada estudiante, y de ahí sacamos el primer estudio que fue en el que ya vimos la tendencia: que en Galicia hay un catálogo escolar, propuesto por la Xunta, que tiene unas tallas y tradicionalmente, según este catálogo, el mobiliario más alto se pone a los alumnos mayores y el más bajo, para los pequeños. Más o menos, todas las clases, lo que suelen hacer es que ponen las mismas mesas para todos los estudiantes», asevera Prieto.

La investigación comprobó que la mayor parte del alumnado estaba mal sentado y utilizando el mobiliario de manera incorrecta, porque no eran los que le correspondían. Los investigadores también verificaron que el catálogo de mobiliario escolar no está mal, sino que hay que asignarlo bien. Asimismo, destacan que en un mismo nivel educativo, lo normal es que se necesiten dos o tres medidas de mobiliario, pero «hay aulas que necesitan utilizar hasta cuatro diferentes tamaños para que los niños puedan estar sentados correctamente», señala Iván Prieto. «Al final, es difícil saber qué mobiliario utilizar en cada nivel educativo si no se hace una medición real», explica Prieto.

De igual manera, los investigadores proponen el uso de una herramienta de análisis sencillo, creada por ellos mismos, para que los docentes puedan medir a los alumnos, por sí solos, para pedir correctamente el mobiliario para las aulas. «Son unas plantillas o vinilos que se apoyan en la pared, y mediante un procedimiento muy simple, los docentes pueden asignar el mobiliario sin tener muchos conocimientos antropológicos», asevera Prieto.

Los investigadores quieren llevar esta herramienta a las autoridades de la Xunta, al margen de los datos que descubrieron con el análisis que realizaron. «Queríamos hacer un poco de pedagogía. Es importante tener en cuenta las medidas antropológicas de los estudiantes para sentarlos. Lo que creamos nosotros es una herramienta que, de forma muy simplificada y en una mañana, se siente a los alumnos en un pupitre y en una especie de cartulina gorda, en la que ellos sientan y cuelgan las piernas sobre esa cartulina, ya les da la altura de la silla», señala el investigador.

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