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Honduras y Galicia: 8.000 kilómetros de distancia unidos por la salud femenina

El Proyecto CORESI es una alianza de colaboración a través del intercambio de profesionales sanitarios con las mujeres en el centro, ya que la sanidad hondureña no cuenta con la figura de la matrona

Alia del Río, de Pontevedra, y Yesenia Sauceda, de San Marcos de Colón, protagonizan esta historia, viajando 15 días cada una al país de la otra para conocer su realidad

Alia del Río (de azul) y Yesenia Dolores Sauceda (de blanco), en una sala de partos del Hospital Provincial de Pontevedra

Alia del Río (de azul) y Yesenia Dolores Sauceda (de blanco), en una sala de partos del Hospital Provincial de Pontevedra / Cedida

Diego G. Carballo

Diego G. Carballo

Santiago

8.038 kilómetros. Un mundo, o la mitad de uno, es lo que separa a Pontevedra de San Marcos de Colón, en Honduras. Sin embargo, gracias a la colaboración sanitaria internacional, están más juntos que nunca. Una hermandad que se materializa a través del proyecto CORESI (Comunidades Resilientes a través del Enfoque de la Salud Integral), una iniciativa nacida en 2020 fruto de la alianza entre tres organizaciones gallegasSolidariedade Internacional de Galicia, Sólida Solidariedade Galega, junto con la hondureña Sur en Acción.

CORESI se define como un proyecto “desde la visión de la cooperación al desarrollo y la perspectiva de la acción sanitaria, fortaleciendo las capacidades de los profesionales de la salud de Honduras con procesos formativos y acompañamiento de sanitarios gallegos, trabajando directamente con las comunidades (en este caso, 25 distintas de la localidad de San Marcos de Colón) y poniendo el foco muy especialmente en la salud de las mujeres”.

En cada colaboración hay un intercambio, en el cual un profesional gallego pasa un tiempo en Honduras y, al finalizar este período, un sanitario hondureño pasa el mismo tiempo en Galicia. Este fue el caso de Alia del Ríoenfermera especialista en obstetricia y ginecología (Matrona) y especialista en enfermería familiar y comunitaria del Complexo Hospitalario Universitario de Pontevedra (CHUP), y Yesenia Dolores Sauceda, enfermera de la comunidad de San Marcos de Colón, quienes pasaron 15 días cada una trabajando con la otra en su entorno.

Sauceda y Del Río, dando una charla sobre el proyecto CORESI y sus experiencias de intercambio, tras completar sus estancias

Sauceda y Del Río, dando una charla sobre el proyecto CORESI y sus experiencias de intercambio, tras completar sus estancias / Cedida

De Galicia a Honduras...

La primera en desplazarse fue Del Río, quién entró en contacto con el proyecto a través de una ginecóloga y además amiga que había colaborado previamente con CORESI: “Realmente en Honduras no existe la figura de la matrona, y hay una necesidad de reducir la mortalidad materno-fetal y dar atención al parto. Eso fue como un choque, ya que siempre piensas que tu profesión existe, porque se supone que es tradicional. En el momento en que vieron esa realidad, consideraron oportuno contar con una matrona y pensaron en mí, y yo encantada de poder participar”. 

Durante los 15 días que la enfermera pasó en San Marcos de Colón, su papel en el proyecto fue formativo en áreas como la higiene, los cuidados en el embarazo y el parto o la anticoncepción en mujeres no embarazadas, entre otros. El problema que observó Del Río fue como las enfermeras se tenían que encargar de casi todo el proceso: “Se dedican sobre todo a la gestión, la parte asistencial en el paritorio, un espacio similar a una casa de partos; la asumen las auxiliares de enfermería y tiene como objetivo intentar acercar e institucionalizar el parto cerca de las comunidades que quedan muy alejadas del hospital”.

Al ver esta situación, la matrona reivindicó el valor de las enfermeras y auxiliares de enfermería, quienes “tienen una labor muy importante porque sin ser especialistas atienden los partos solas, sin apoyo y ofrecen a las mujeres una atención intermedia entre parir en casa, prohibido por el Gobierno de Honduras y el hospital”, y centró sus esfuerzos en compartir formaciónexperiencias con ellas: “Nosotros (en Galicia) trabajamos en una zona de confort, sobre todo en medio hospitalario ya que, si a mí se me complica un parto, llamo a un ginecólogo, un pediatra... Sus experiencias son totalmente diferentes, en nuestro medio la mayoría de las mujeres opta por la analgesia epidural en el parto o al menos pueden elegir. Hace falta una red de apoyo, formación especializada y experiencia, saber qué hacer si se complica y no sentirse solas”. La experiencia es un feedback positivo, ya que ella también aprendió a “no tecnificar tanto el parto, que al final es algo fisiológico”, y a verlo desde una perspectiva totalmente distinta, prácticamente sin medios.

Del Río, dando una charla a la comunidad de San Marcos de Colón sobre educación sanitaria

Del Río, dando una charla a la comunidad de San Marcos de Colón sobre educación sanitaria / Cedida

La situación de la mujer

Para Del Río, este vacío en la atención a la mujer viene desde la valoración general de la mujer que existe en la cultura y sociopolítica del país: “No se valora a la mujer y por lo tanto no se valora el parto. En San Marcos de Colón tienen la gran suerte de que aun siendo auxiliares y carecer de formación especializada, trabajan para formarsemejorar la atenciónhaciendo un trabajo enorme y nada menospreciable, pero si las embarazadas tienen que ser derivadas por un problema al hospital, las atiende un médico de familia o de otra especialidad que esté cursando la residencia, casi quién pase por allí”. Además, las mujeres dan a luz solas, sin acompañamiento, totalmente vulnerables y con una persona no especialista, lo que resalta para ella el problema de la falta de atención a la mujer a nivel político y sanitario. 

Esto se ve reflejado en los hospitales, a los cuales las embarazadas intentaban no ir por ser un ambiente muy hostil para ellas: “La atención en la mayoría de los casos la realiza un hombre, y en un ambiente tan machista como tiene Honduras, para ellas estando solas es muy complicado. Las camas de partos estaban orientadas hacia un pasillo, lo que llama mucho la atención, especialmente cuando aquí se reivindica tanto intentar valorar la intimidad de la mujer y su acompañamiento”, señala Del Río. Otra situación que llamó su atención fue la prohibición por parte del Estado de que, durante el parto, la mujer no tenga libertad de movimiento y tenga que parir en una cama de parto, algo innecesario al no disponer de epidurales ni monitorización.

Del Río, con promotoras de salud hondureñas, que ayudan a llevar mensajes de salud a las comunidades de San Marcos de Colón

Del Río, con promotoras de salud hondureñas, que ayudan a llevar mensajes de salud a las comunidades de San Marcos de Colón / Cedida

Algo que reduce las complicaciones en los partos en Honduras es que se dan principalmente en mujeres jóvenes —entre 16 y 32 años— y poco sedentarias, debido a la falta de transporte que hay en la zona, muchas caminando kilómetros para llegar al centro sanitario más cercano, comparado con los partos más tardíos y la vida más sedentaria europea. La enfermera describió a las mujeres que acudían a parir como personas que "no protestan mucho, quizás demasiado sumisas en ese sentido, ellas se dejan hacer e incluso expresando el miedo a que les den una cachetada". 

Por otro lado, Del Río les inculcó que todo puede cambiar poco a poco ya que, en España, hace tan solo unas décadas, la situación era similar: “Les decía que ellas tenían esa realidad ahora, pero que nosotros también pasamos por esa fase y que se puede cambiar, cuesta, pero se puede cambiar…”. Tras la experiencia, no tiene más que palabras de agradecimiento y de valoración hacia las sanitarias hondureñas: “Fueron mis chicas, tuve una conexión especial con ellas, compartimos formación, talleres de sutura y experiencias. Eso y el cariño que me mostraron fue lo que me llenó”.

...y de Honduras a Galicia

Una vez finalizó la estancia de Del Río en Honduras, era el momento de darle la vuelta a la experiencia y que una sanitaria local viniese al CHUP. Esa persona fue Yesenia Dolores Saucedaenfermera y supervisora en el Centro de Salud San Francisco, en San Marcos de Colón, dónde se llevó a cabo el intercambio. CORESI ya había colaborado con ellos anteriormente, y Sauceda fue la persona que quedó que conocía a fondo el proyecto, por lo que fue la elegida para continuarlo.

La enfermera hondureña valoró muy positivamente la experiencia en Pontevedra: “Ha sido una experiencia maravillosa, estoy encantada. Ha sido muy importante y provechosa, ya que hemos podido comparar la atención de aquí con la nuestra. Estamos un poco atrasados en cuanto a la tecnologíaregistros de pacientesexámenesseguimiento... todo eso allá lo llevamos en papel, mientras que aquí está todo digitalizado y hay un control seguimiento muy bueno”. De hecho, en Honduras ya han comenzado un proyecto piloto con una base de datos para llevar el seguimiento de forma digitalizada.

Otras situaciones que le resultaron novedosas fueron que, en el área de partos, estos se atienden en cama y es la mujer la que decide la posición en la que quiere dar a luz, mientras que, en Honduras, si es parto vaginalno puede decidirlo y tiene que parir en una silla de partos. Además, aquí el cordón umbilical lo puede cortar un familiar: “Allá los partos son muy íntimos, la madre está sola, y aquí está más humanizado con la participación de la pareja”, señala. La participación de la pareja en el embarazo, parto y posparto y el corte del cordón por parte de un familiar es algo que “seguro” van a implementar en su centro de salud.

Quizá, lo más destacable tanto para ella como para Del Río fue la no existencia de la figura de la matrona en Honduras: “Por ser enfermera profesional, mi función es solo administrativa y de supervisión –explica Sauceda–, y aquí tienen su especialidad. Las matronas atienden los partos, y en mi país lo hace una auxiliar de enfermería, no hay una persona especializada”. También cree que hay una gran diferencia en la mentalidad del paciente, “que aquí tiene la cultura de acudir a su centro de salud y demandar un servicio, cuando allá no se le da la debida importancia y no tienen ese grado de responsabilidad hacia su salud. Me impresionó que niñas adolescentes vayan a planificación familiar a por un método anticonceptivo de larga duración que luego aplica el ginecólogo, ya que en Honduras te lo aplica la enfermera o el médico, y es muy raro que se demande porque las adolescentes no quieren que nadie se dé cuenta de que su vida sexual comenzó. Y al no tener esos métodos, se queda embarazada”.

Del Río y Sauceda, durante la estancia de esta última en el CHUP

Del Río y Sauceda, durante la estancia de esta última en el CHUP / Cedida

Cambios a implementar

Sí mencionó, al igual que Del Río, que quizá la atención en Galicia a las mujeres embarazadas está algo tecnificada de más, aunque cree que en el Centro de Orientación Familiar del CHUP la experiencia es “muy humanizada, una charla muy amena entre la matrona y la paciente”. Sauceda cree que hay más acercamiento en la sanidad hondureña porque no hay los mismos medios y se hacen muchas menos pruebas, por lo que “el médico que atiende a la paciente debe tener un ojo clínico bárbaro, porque diagnostica nada más que con el ojo, el parto y lo que le dice la mujer”.

Uno de los grandes problemas a superar social y culturalmente en Honduras para que la atención médica a la mujer mejore es el machismo: “Si la mujer acude al médico y es un hombre el que le va a hacer una citología, su esposo ya le dice que no vaya porque no quiere que un hombre le vea sus genitales. También tenemos la cultura de que, si tienes tu pareja y no quieres que nadie se entere, él te va a decir que no vayas a planificación familiar, porque tienes que tener los hijos que Dios te dé, y no puede decidir sobre su cuerpo. Está muy arraigada esa cultura”, explica Sauceda.

Si hay algo que la enfermera hondureña se lleva de la experiencia, además de los conocimientos técnicos y cambios a aplicar, es el orgullo que sienten las matronas por su profesión: “En las charlas que tuve con ellas, todas están muy orgullosas, se sienten muy empoderadas en su quehacer diario. Cuando les digo que allá no existe esa profesión quedan asombradas, y es que estamos a años de tener un sistema de salud como el de aquí”, menciona. Con esa convicción marcha para Honduras, con el objetivo de concienciar, humanizar y construir para conseguir crear la figura de la matrona, así como “luchar, tener una buena actitud hacia nuestro trabajo para hacer las cosas con calidad, con eficiencia y de la mejor manera”, finaliza.

Así terminó esta etapa de una experiencia que resalta todavía lo que falta por avanzar en la sanidad del sur global, pero que también sirve como reconocimiento para los y las trabajadoras sanitarias que, con muchos menos recursos que aquí, consiguen hacer un trabajo que salva vidas diariamente, y del que han aprendido también tanto Del Río como otros profesionales gallegos que han viajado al otro lado del Atlántico con el proyecto CORESI.

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