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Autor de 'La universidad de las narices'

Francisco Esteban Bara, catedrático: "Hay universitarios incapaces de decir un premio Nobel, pero todos saben dónde ha nacido Bustamante"

El profesor e investigador de la UB asegura que la formación superior vive un declive como consecuencia de la pérdida de respeto al conocimiento y el auge exclusivo de la empleabilidad

El catedrático de la UB Francisco Esteban Bara, autor de 'La universidad de las narices'.

El catedrático de la UB Francisco Esteban Bara, autor de 'La universidad de las narices'. / E. P.

Olga Pereda

Madrid

Francisco Esteban Bara, catedrático de Filosofía de la Educación en la Universitat de Barcelona (UB), acostumbra a empezar sus clases preguntando a los estudiantes de primer año cuántos premios Nobel conocen. La respuesta de los jóvenes (desvelada a lo largo de esta entrevista) es uno de los motivos que ha convertido al profesor e investigador en uno de los divulgadores de referencia sobre el presente y el futuro de la educación superior. Autor de libros como 'La universidad light', 'Chistes de Eugenio para repensar la universidad' y 'Universitarios, lo que son y lo que dicen ser’, el catedrático tira ahora de humor y sarcasmo en 'La universidad de las narices' (editorial Caligrama), una novela que disecciona la formación universitaria y concluye que las facultades están dejando de ser templos del saber. La culpa -asegura- no es solo de los alumnos, los campus y los profesores que no dejan huella. También de una sociedad en la que el conocimiento es "lo mismo que un destornillador: un recurso más".

"Hay profesores universitarios que llevan 19 años repitiendo la misma clase"

-¿Cómo califica la formación universitaria, mala, mediocre, buena, excelente?

-Sería un error generalizar, seguramente deberíamos ir facultad por facultad, o incluso grado por grado. En cualquier caso, las competencias, que llegaron con el plan Bolonia, pasarán y aparecerán otras propuestas más innovadoras si cabe. La cuestión es dónde queda la transmisión de conocimientos, de verdades, bellezas y bondades que me parece es lo propio de la universidad. Si de lo que se trata es de adaptarse a la realidad profesional, quizá los universitarios salen preparados, aunque la última palabra la tienen los empleadores. Si de lo que se trata es de adquirir una mejor versión de uno mismo para orientarse en este mundo con el objetivo de convertirlo en algo mejor de lo que es, la situación es preocupante.

"Preguntemos a los recién graduados qué se llevan de la universidad, qué les ha marcado sus vidas para mejor, qué libros les han conmovido, qué conversaciones de campus les han hecho ver el mundo de otro modo, qué consejos se llevan de sus tutores y qué clases no olvidarán nunca"

-¿Por qué?

-Preguntemos a los recién graduados qué se llevan de la universidad, qué les ha marcado sus vidas para mejor, qué libros les han conmovido, qué conversaciones de campus les han hecho ver el mundo de otro modo, qué consejos se llevan de sus tutores y qué clases no olvidarán nunca. Veamos qué responden. Algo me dice que un buen número de estudiantes tienen unas ganas tremendas de salir de la universidad cuanto antes, deprisa y corriendo, cuando debería ser un lugar del que no se quiere salir nunca.

-Un profesor de máster de Periodismo preguntó en clase cuántas directoras de cine españolas o extranjeras conocían. Nadie supo decir ni un solo nombre.

-Para ellos, la universidad ha debido ser un lugar de paso donde uno entra como ha salido. Pero no me extraña nada. Hace un tiempo, estábamos en un debate y un estudiante explicó que la sociedad actual era Sodoma y Gomera. Había unos 60 estudiantes y ninguno frunció el ceño. Yo acostumbro a empezar las clases el primer día preguntándoles el nombre de un premio Nobel. Ninguno me sabe decir ni uno, ni siquiera Obama. Luego pregunto dónde nació Bustamente, y todos al unísono me responden San Vicente de la Barquera. Así estamos. Son otros tiempos, es cierto, pero hemos de reflexionar sobre qué estamos ganando y qué estamos perdiendo.

"Los estudiantes llegan con una expectativa de tener un título y poco más y desde la facultad se fomenta eso. Solo hay que ver el marketing universitario de los últimos años"

-¿De quién es la responsabilidad? ¿De los estudiantes, de los profesores, del sistema?

-De todos un poco. Entre todos hemos cultivado esta realidad. Los estudiantes llegan con una expectativa de tener un título y poco más y desde la facultad se fomenta eso. Solo hay que ver el marketing universitario de los últimos años. Los lemas de las grandes universidades siguen diciendo "verdad, luz, sabiduría y comunidad". Pero ahora se dice que en esta facultad entras en el mundo laboral muy rápido o que todos los graduados salen con trabajo y buenos sueldos.

"Son otros tiempos, es cierto, pero hemos de reflexionar sobre qué estamos ganando y qué estamos perdiendo"

-La empleabilidad es un valor. Es lo que te permite encontrar trabajo después de los estudios. Todos estudiamos para trabajar y ganarnos la vida.

-La empleabilidad no tiene nada de malo, lo malo es cuando solo se habla de eso. Las universidades sacan pecho cuando todos sus graduados entran en el mundo laboral nada más poner un pie en la calle o cuando dicen que tienen un grado montado para cada empleo. Parece que se están vendiendo carreras como se podrían vender alpargatas o teléfonos móviles. La universidad no sirve solo para encontrar trabajo. Sobre todo sirve para aprender a ver el mundo de otra manera y para sentir la responsabilidad de ponerlo patas arriba, para convertirlo en algo más humano y humanizador. No podemos quedarnos solo con la empleabilidad.

"La universidad no sirve solo para encontrar trabajo. Sobre todo sirve para aprender a ver el mundo de otra manera"

-¿Por qué cree que se ha perdido el respeto por el saber universitario?

-Se respeta lo que se aprecia, y me parece que en la actual realidad, la de los likes, los bulos, los influencers, lo efímero, los opinólogos, lo práctico, lo rentable, lo rápido, lo fácil y lo morboso, dicho saber no tiene espacio. Quien se pone a pensar por el simple hecho de pensar, por querer buscar algo más verdadero, bello y bueno que lo actual, puede ser apartado al ostracismo, o ser tildado de estrafalario o toca narices, o incluso salir escaldado.

-¿Cómo se combate eso siendo profesor?

-Con palabras y con gestos. Cuando se explican cosas interesantes y a quien lo hace se le encienden los ojos… Cuando se pone un toque de humor elegante en las clases, uno puede conseguir que dos horas de clase parezcan 15 minutos. Eso es que ha pasado algo universitario. También puede ocurrir lo contrario, que cinco minutos te parezcan dos horas.

"Hay docentes que llevan 20 años dando clase y, en realidad, llevan uno porque llevan 19 repitiendo lo del primer año. También los hay que se dejan la vida"

-¿Cuántos profesores imparten así las clases?

-Hay de todo. Hay docentes que llevan 20 años dando clase y, en realidad, llevan uno porque llevan 19 repitiendo lo del primer año. También hay otros que se dejan la vida y leen cada día. Me parece que cuesta entender al profesor que no lee dos horas al día.

-¿Qué soluciones propone?

-Creo que la universidad, no tanto un campus o una facultad, es un espíritu, un alma, un modo de estar en este mundo. Creo que existe lo universitario y que la universidad es la casa que lo cobija. Puede pasar que la universidad de los próximos años decida atender más y mejor a lo universitario. Y puede pasar que no y que lo universitario encuentre albergue en hogares privados, ateneos, seminarios de lectura, bibliotecas o fundaciones. Puede pasar que llegue el día en el que en la universidad no se ofrezca nada más que formación técnica, especializada y profesional y que se parezca a una autoescuela que certifica que uno ha aprendido a circular por determinadas y concretas profesiones. Pero seamos optimistas y esperemos, por el bien del espíritu universitario y el bien de todos, que pase lo primero.

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