La soledad colectiva: creando islas individuales en medio de multitudes
El uso del móvil está transformando la manera que los humanos, seres sociales, nos relacionamos. Cada vez pasamos más horas usando dispositivos tecnológicos, provocando un cambio en los espacios de encuentro casual, como bares o cafés, generando islas individuales en medio de multitudes.

Varios niños en grupo utilizando sus móviles / Jesús Prieto
El uso del móvil y de las nuevas tecnologías en la vida diaria se ha convertido en indispensable para toda la sociedad, cambiando así la forma en que nos relacionamos con los demás. Sitios que antes eran de encuentro social, como los bares, los cafés o un parque, se han transformado en islas individuales en medio de multitudes, generando soledad colectiva, principalmente entre los más jóvenes. Pero, ¿qué es y por qué se da esa soledad colectiva?
Según estudios de universidades nacionales e internacionales, y de asociaciones de uso responsable de los móviles como Pantallas Amigas, el promedio de horas que una persona pasa usando el móvil es de alrededor de 5 y 6 horas, dependiendo de a que rango etario pertenecen. Como señala la psicóloga sanitaria e integrante del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia (COPG) María Victoria Canosa Raña, "en los últimos dos años, ese porcentaje de horas que se pasa con el móvil aumentó y todavía no hemos llegado al techo".
El catedrático de Psicología de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), Jorge Sobral Fernández, comenta que, gracias al teléfono móvil, "la gente nunca estuvo más conectada como ahora en toda la historia de la humanidad". Pero estar conectados no quiere decir que esa conexión sea profunda y, como señala Sobral, "otra cosa es que gran parte de esa conexión sea superficial y no lo suficientemente profunda como para establecer auténticos vínculos humanos" como los que necesitamos como seres sociales que somos.

María Victoria Canosa Raña, psicóloga sanitaria e integrante del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia (COPG) / Cedida
Juntos, pero solos
En el caso de los adolescentes, muchas veces, el estar en contacto con el móvil no quiere decir que no estén interactuando con los suyos. "En su caso, lo que se ve es que cuando están en grupo, es que están todos o casi todos con un móvil. Pero eso no quita que no interactúen entre ellos, porque el móvil para ellos es un instrumento relacional más. Son capaces de hablar mientras le envían mensajes a una tercera persona. Utilizan los propios contenidos del móvil como materia prima de la comunicación, incluso para asuntos afectivos o personales", señala Sobral Fernández.
En ese sentido, Canosa Raña asevera que, muchas veces, el móvil es una forma de vinculación rápida y habilidosa para los más jóvenes. "A lo mejor se ve a los adolescentes hablando por mensajería o por las redes con mucha habilidad y con todo el desparpajo pero, a la hora de tener un encuentro directo con esas personas, parece que no saben hablar, que no hilan una conversación, que se sienten mucho más retraídos, porque llega un momento que claro, si yo me acostumbro a hablar solo a través de esas pantallas o de esa mensajería se sienten con muy poca habilidad", explica Canosa Raña.
Pero, aunque estemos en constante contacto con un otro mediante un móvil, mucha gente se siente en soledad y no acompañada. "Cuando hablamos de la soledad colectiva se puede ver reflejada esa percepción de que, incluso estando súper conectados, y en conexión constante, la gente se siente sola, en soledad", alega Canosa Raña.

Jorge Sobral Fernández, catedrático de Psicología de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) / Cedida
Las redes sociales nos quitan el "cara a cara"
La integrante del COPG asegura que una persona puede tener una red de amigos virtuales muy extensa pero, en realidad, "no son vínculos reales", porque ver que todo es fantástico en redes sociales no refleja "la realidad" y muchas veces "la tergiversa".
Las redes sociales provocan la constante comparación con el otro, lo que puede llegar a provocar inseguridades. "No solamente inseguridades, también pueden provocar temores, preocupaciones y acentuar miedos", apostilla Canosa Raña.
Asimismo, las redes sociales también pueden "provocar adicciones y dependencias" —como asevera Sobral Fernández—, dependiendo de cómo pueden ser usadas, por lo que hay que tener cuidado de que sean utilizadas correctamente para que no generen este tipo de estímulos.
Tiene que haber un vínculo equilibrado entre el uso de las redes sociales y las relaciones sociales cara a cara, para no perder la característica propia del ser humano, la de ser seres sociales. "Necesitamos vínculos reales, auténticos, con trato directo de tú a tú. Los vínculos afectivos y emocionales son necesarios y a través de las redes sociales son mucho más complicados, porque realmente no sé sabe muy bien con quién estoy hablando. Se pierde mucho la empatía, y para crear vínculos necesitamos empatizar, necesitamos reconocer a la otra persona igual, que nos valoren, que sepan quiénes somos. Y por las redes sociales, todo esto, se diluye muchísimo", señala la integrante del COPG.
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