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El tacón que incomoda: la batalla de las ‘drag queens’ disruptivas de Compostela

Las ‘drag queens’ llegan para dar batalla a todos los prejuicios que hay detrás de sus personajes. Pisando fuerte desde un sitio que a mucha gente le da miedo, como lo es la comunidad artística, usan el ‘drag’ como una herramienta de expresión, entretenimiento y de libertad de ser

De izquierda a derecha: Alfonso Castro Cao como Liteah, Yago Piñeiro como Yasmin Lutar y Cristian Santos como Syndra

De izquierda a derecha: Alfonso Castro Cao como Liteah, Yago Piñeiro como Yasmin Lutar y Cristian Santos como Syndra / Cedida

Santiago

El drag se ha convertido en una herramienta poderosa de expresión y libertad. Su camino inspira a atreverse, a crear y a reconocerse y demuestra que no sólo se lleva en la piel, sino en el alma.

Alfonso Castro Cao (26 años), le da vida a Liteah, Cristian Santos Pérez (28) le pone la piel a Syndra y Yago Piñeiro Portela (20) es quien encarna a Yasmine Lutar. Ellos son algunos de los gallegos que buscan en el drag poder romper prejuicios en un arte que muchas veces llega a incomodar.

Los primeros pasos

"Empecé cuando llegó Drag Race España. No sabía lo que era el mundo drag. Pensaba que era el típico señor viejo con una peluca haciendo chistes en un bar", comenta Cristian Santos Pérez, el mayor de este grupo de tres amigos. Después de investigar se dio cuenta que le interesaba el drag oscuro y fue el puntapié para adentrarse en ese mundo. "Entonces me compré una peluca, un body y unos tacones y me hice una sesión de fotos con una amiga. A partir de ahí me fui a Madrid y empecé", explica Santos.

Cristian Santos en 'drag' como Syndra

Cristian Santos en 'drag' como Syndra / Cedida

"El tema drag lo conocía desde hacía tiempo, porque ya era fan de RuPaul’s Drag Race, la versión original de Estados Unidos de Drag Race España. Ya era muy abierto y muy queen, de hecho, salía de fiesta maquillado y con pestañas. Pero nunca lo había llevado al punto de unos taconcitos y una peluca. Un día había una fiesta aquí en Compostela y dije: ‘yo, ya que me maquillo por qué no me compro una peluquita y lo llevo un poco más allá’. Lo hice y me gustó y empecé a hacerlo más veces hasta que dije: ‘vale, solo estoy gastando en pelucas y tacones, por qué no empezar a hacerlo un oficio, de actuar y preparármelo’. Así fui poco a poco", explica Alfonso Castro Cao.

A Yago Piñeiro Portela el formato de Drag Race España lo cogió más pequeño, pero la final de Carmen Farala fue la que lo marcó. "Empecé a ver el formato y me obsesioné. Comencé a ver el formato de Estados Unidos y me lo vi todo. Veía que había algo que me enganchaba. Me empecé a comprar cosas y una amiga que me dijo: ‘tienes que hacerlo’. Me fui a su casa y me ayudó un poco a maquillarme y hasta me hice fotos. Seguí practicando y me compré maquillaje. Me encerraba en mi cuarto a practicar", comenta Piñeiro. La primera vez que se subió a un escenario estaba en segundo de Bachillerato y fue en un concurso de carnavales. "Me fui montadísima con un mix de Lady Gaga. La gente se volvió loca, pero loca. Y gané. Lo recuerdo con mucho cariño", cuenta Piñeiro.

Los estigmas y prejuicios

Los prejuicios y estigmas no se quedan atrás. En una sociedad con tanta población mayor como lo es la gallega, muchas veces esto puede pesar.

"Al fin y al cabo Galicia es una zona en la que un gran porcentaje de la población es gente muy mayor, que en su vida ha estado socializada con esto. Que vean por la calle una drag que se va a trabajar asombra. Siempre está el típico prejuicio de: ‘es un maricón pintado que va a un local de ocio nocturno a hacer el circo y poco más’. Poco a poco sí que se va abriendo y de hecho hay cada vez más cosas de tardeo o así. Y la gente mayor se implica en poder ir a verlo y conocerlo", explica Castro.

Alfonso Castro Cao, como Liteah

Alfonso Castro Cao, como Liteah / Cedida

Hace un par de meses, Cristian Santos Pérez actuó como Syndra en un local en Vigo y los más implicados fueron la gente mayor. "Fueron los que más se implicaron en ello. Había familias con niños también, un ambiente muy familiar. Estuvo muy guay", apostilla Santos.

"De hecho, las veces que me han podido decir algo por la calle o peores miradas, es gente joven y adolescente", alega Piñeiro, que también agrega que "tampoco es que hayamos vivido una experiencia heavy, pero tampoco ves esa normalidad, como podría ser en una ciudad más grande, por ejemplo, vas a Madrid y en Chueca la gente del colectivo es como, va a ver las drags".

El mayor de este grupo de amigos comenta que espera que Compostela cree una cultura más abierta respecto al tema porque "tampoco hay ningún local que saliese con nosotras a hacer un brunch o hacer un espectáculo con cenas", aunque sí hay locales de ocio nocturno que permite los espectáculos drag.

Yago Piñeiro como Yasmin Lutar

Yago Piñeiro como Yasmin Lutar / Cedida

La vida detrás del maquillaje

Además de tener su alter ego como drags, estos tres jóvenes también tienen trabajos "comunes y corrientes". "Nosotros en Compostela hemos creado diversas fiestas, pero los gastos van a costa nuestra. Si nosotros no hacemos la ganancia que se debe, tenemos que poner de nuestro bolsillo el dinero. Nuestros otros trabajos, a veces, tampoco dan. Porque también tenemos nuestros gastos de hombres. Es una vida normal", comenta Piñeiro.

"La gente no es consciente el tiempo que lleva maquillarnos y montarnos. Hay veces que estoy en mi trabajo de chico, son las 9 de la noche, viene un cliente que sabe que hago drag y dice: ‘¿Hoy actúas?’. Y le digo: ‘¿En qué momento voy a actuar si estoy aquí trabajando?’. ¿Me teletransporto a mi casa, me monto y me vuelvo a teletransportar al local? No, no es posible", señala riéndose Piñeiro Portela.

A la hora de conocer a alguien, también influye el ser drag. "Cuando empezaba a conocer a un chico, por el hecho de los prejuicios, lo ocultaba: ‘Haces drag, ya eres un chico gay con pluma. Porque si no tienes pluma no haces drag’. Ahora me da igual, pero antes lo ocultaba", asevera Alfonso Castro Cao.

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