Debate sobre modelos familiares
La moda de la crianza positiva alarga el colecho: "Si tu hijo termina la primaria y sigue en tu cama, hay un problema"
Los especialistas piden comprensión para una decisión familiar muy personal y aseguran que la alarma se debe encender cuando el niño es incapaz de dormir en casa de familiares o amigos

Un niño de 10 años, en su cama. / E. P.
Olga Pereda
Para los bebés menores de seis meses, la forma más segura de dormir es compartiendo habitación con sus padres –que no cama– y boca arriba. Así lo recomiendan la Asociación Española de Pediatría (AEP) y la Americana (AAP). La evidencia científica ha demostrado que esta práctica disminuye en más de un 50% el riesgo de síndrome de muerte infantil súbita, el fallecimiento inesperado de un niño menor de un año, aparentemente sano, y cuya incidencia es de 1 o 3 bebés por cada mil recién nacidos vivos.
Cuando el niño crece, la recomendación médica más extendida es que duerma en su propia habitación. Sin embargo, bajo el beneplácito de los padres, muchos niños se resisten y optan por seguir durmiendo acompañados. Bajo el paraguas de la crianza respetuosa o natural, cada vez es más frecuente ver chavales de 4, 5, 6 o 7 años compartiendo la cama de sus progenitores. También de 8, 9 o 10. En la primera infancia, el colecho (dormir en la misma cama con los hijos) es una opción muy personal que solo está desaconsejada en determinados casos, por ejemplo, padres fumadores. Pero si pasan los años, ¿estamos delante de un problema? ¿A qué edad debemos sacar al niño de la cama de los adultos?
"No hay que echar a los hijos de la cama nada más nacer, pero tampoco tenerlos en ella hasta que cumplan 25 años"
“Es difícil poner una edad concreta porque depende del niño y de la familia. En líneas generales, diría que un signo claro de que hay un problema es si el niño termina la educación primaria [11 o 12 años] y tiene que seguir durmiendo con los padres”, explica del neuropsicólogo Álvaro Bilbao. Padre de tres hijos y autor de 'El cerebro del niño', uno de los manuales de crianza más influyentes y publicado en 40 países, Bilbao tira de humor y ofrece una receta para progenitores con dudas: “A los hijos, no hay que echarles de la cama nada más nacer pero tampoco tenerlos en ella hasta que cumplan 25 años”.
"Si tu hijo quiere seguir durmiendo contigo y, además, es incapaz de hacerlo en casa de la abuela, de otros familiares o de amigos, entonces sí que podría haber un problema"
La psicóloga Elisa López asegura que dormir con los hijos, una vez que cumplen una determinada edad, es un tabú para muchas familias. Los terapeutas de infancia están más que acostumbrados a que, después de unas cuantas sesiones, los progenitores comenten, un tanto avergonzados, que su hijo de 5, 6 o 7 años sigue durmiendo con ellos. López lanza un mensaje tranquilizador: “Si tú, como padre, aceptas compartir tu cama con tu hijo, no hay problema. Si embargo, podemos intuir que sí lo hay cuando el colecho es la única opción para él. Es decir, si tu hijo es incapaz de dormir en casa de la abuela, de otros familiares o de amigos, entonces sí que podría haber un problema”. Lo mismo pasaría, por ejemplo, en caso de que el chaval no quisiera ir a un viaje escolar porque se sienta incapaz de dormir lejos de la cama de sus padres. “Si tu hijo duerme contigo, pero luego se va de colonias sin dificultades o duerme en casa de sus abuelos o tíos, no hay ningún problema”, concluye López.
Límites
Bilbao asegura que los defensores del colecho defienden la idea de que es el niño el que decide cuándo está capacitado para dormir en su propia habitación. Sin embargo, el neuropsicólogo advierte de que a veces eso no ocurre. “En esos casos, los padres debemos poner límites. Si nosotros queremos dormir en pareja y no le queremos al lado todas las noches, se lo tenemos que decir y ver, entre toda la familia, cómo nos ajustamos. Padre de tres hijos, Bilbao deja claro que él y su pareja también han compartido cama con ellos algunos días, cuando estaban enfermos. Pero los fueron mandando, con cariño, a su habitación. “Los adultos necesitamos dormir y hacerlo con ellos es muy complicado”, concluye.
"Ningún adolescente quiere dormir con su madre, su cerebro le pide todo el tiempo separarse de sus progenitores"
La orientadora y docente Sonia Iglesias insiste en que dormir con los hijos no supone un problema siempre y cuando el padre o la madre están de acuerdo. “En caso de no quieras que tu hijo duerma contigo, lo mejor es decirle que le vas a ayudar a superar esa necesidad, pero mantenerte firme en tu postura porque tus necesidades también cuentan”, explica Iglesias, divulgadora con 30 años de experiencia acompañando familias y autora de ‘Cuando la adolescencia duele’. La especialista envía un mensaje tranquilizador a todas las familias y recuerda que el colecho tiene, en todo caso, fecha de caducidad. "Ningún adolescente quiere dormir con su madre, su cerebro le pide todo el tiempo separarse de sus progenitores. Es más, déjale para él solito la casa y estará encantado", sonríe.
La llamada crianza positiva puede jugar una mala pasada en algunos hogares. “Cada vez veo más niños de 12 y 13 años, incluso 16, que no son capaces de dormir sin su madre”, afirma Bilbao, que alerta de un posible trastorno de ansiedad que imposibilita a los chavales de enfrentarse a determinadas situaciones solos. “También veo casos de chavales, no muchos, que están en 6º de primaria y llevan pañal por la noche porque nadie les ha enseñado a controlar esfínteres. Son casos donde se ha descartado un problema médico de vejiga neurógena, así que estamos delante de un asunto psicológico y emocional”, concluye el divulgador.
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