Dominación y sumisión financiera: dos caras de la misma moneda
Es una tendencia al alza entre las personas, generalmente hombres, con gran poder adquisitivo que disfrutan de entregar dinero a cambio de ser castigados por mujeres a las que suelen contactar a través de las redes sociales.

Una persona entrega dinero a otra. / Pexels
Esta tendencia está arrasando entre las altas esferas. Sin establecer contacto físico de ningún tipo y gestionando todo a través de las redes sociales, cientos de chicas hacen caja con los sumisos financieros.
La dominación financiera, que recibe su traducción del término en inglés findom (financial domination), es una derivada del BSDM (el acrónimo de prácticas sexuales consensuadas que involucran ataduras o restricciones, disciplina, dominación y sumisión, sadismo y masoquismo) y las relaciones fetichistas que consiste en que una persona, generalmente hombre, que recibe el nombre de sumiso, riega con dinero, regalos y todo tipo de lujos a una mujer, la dominante, como forma de adoración.
Julia (nombre ficticio para resguardar su intimidad) fue testigo de un caso de dominatrix por parte de una amiga suya en un piso durante una noche de fiesta. Fue la primera vez y la última, tanto de ella como testigo, como de su amiga como dominatrix. Todo les pareció irreal y, al mismo tiempo, una fantasía. «Todo empezó con un mensaje de Instagram. Un hombre contactó a una de mis amigas diciendo que era sumiso y que, si ella estaba interesada en ser su ama, él podía estar a su servicio», comenta esta joven gallega.
La noche apenas comenzaba. «Él le explicó que era un sumiso financiero y que estaba para lo que ella necesitaba», explica Julia, que destaca que este hombre le habló a su amiga porque vio que en redes sociales le seguían muchos sumisos financieros de la ciudad gallega en la que viven las dos jóvenes, y que por eso tuvo la iniciativa de hablarle. «Al parecer, todos se habían puesto de acuerdo en empezar a seguirla», señala.
Pero la noche no terminó aquí, ya que el sumiso financiero, al ser de otra ciudad diferente a la de la amiga de Julia, decidió ponerla en contacto con otro sumiso de la localidad en la que viven las dos amigas. Ahí fue cuando la noche comenzó.
«El chico que le habló primero le dio instrucciones para hablarle a la otra persona que vive en nuestra ciudad, cómo debía pedirle las cosas y qué debía pedirle. ‘Tiene que ser una instrucción sencilla’, nos dijo. Nosotras al principio nos lo tomamos a broma, pero mi amiga le habló y todo fue a mayores», comenta Julia.
«Le acabamos enviando la dirección de mi casa —muy irresponsable de mi parte— y le dijimos: ‘Ven y luego te decimos qué hacer’», explica.
«Apareció el chaval y mi amiga le dijo que tirara la basura y el tío lo hizo. Cuando volvió a subir, mi amiga le pidió que limpiara la caca del gato de la caja y él lo hizo encantado. Eso sí, lo que siempre le pidió el sumiso fue discreción», señala Julia.
«Cuando mi amiga le pidió la tarea de limpiar la caca, el chico se dejo una, y mi amiga le dijo que había quedado castigado y que le tenía que lamer las botas. Lo hizo sin decir pero. El tío quedo encantado», explica la joven.
El sumiso le volvió a hablar a la amiga de Julia para comentarle que le había encantado la experiencia, que ella lo había hecho muy bien y que le gustaría repetir. «Es más, él le dijo: ‘Contáctame cuando quieras’», apostilla.
Lo que más le extrañó a Julia de toda esta interacción fue cómo estaban compinchados todos los sumisos financieros de las diferentes ciudades para comenzar a seguir a su amiga todos juntos y que tienen más de una ama. «Nos enteramos por el primer chico que le habló a mi amiga primero, que si llevan mucho tiempo de sumisos con una dominatrix, ella puede pedirle exclusividad y, pasado un tiempo, puedes pedirle directamente dinero, sin tener que pedirle favores. Es una cosa muy paulatina y tiene una red montada que es impresionante», asevera Julia.
El catedrático de Psicología de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) Jorge Sobral Fernández explica a EL CORREO GALLEGO que, en este tipo de relaciones, lo más importante es el control. «No deja de ser una variante de todo ese tipo de juegos sadomasoquistas en los cuales el poder y los intercambios de poder se convierten en símbolos a través de los cuales se establece el que manda y el que obedece. Cada uno tiene una satisfacción desempeñando cada rol», explica Sobral.
A veces, no pasa de ser un role playing, un juego de roles. Otras, puede tener contenido erótico o sexual. «El sentirse dominado, para algunas personas, les libera de la ansiedad, del temor, se dejan ir y eso facilita la descarga erótica», señala Sobral.
La psicología post-freudiana, como la lacaniana, explica que este tipo de dominación expone cierto toque de culpa en las personas a quienes se las domina, porque, en casos extremos, gastan grandes cantidades de dinero. «Se entiende, de alguna manera, que está pagando alguna factura y, al pagarla, se reequilibra, porque siente que ha saldado una deuda, y eso le hace sentirse liberado. De alguna manera es como una conducta autodestructiva que, sin llegar a nada físico, te permite ocupar el papel del que da para restituir algo que debe», comenta el catedrático de la USC.
Los perfiles de estas personas, ligados a la culpa, en vez de experimentar dolor para satisfacer esas demandas de sacrificio, de restitución, de pago de deudas, se restituyen a través de la pérdida financiera que da al otro. «Eso te convierte en alguien que no tiene nada, por lo tanto te anula la culpa y la angustia», plantea Sobral.
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