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Así afecta el mal tiempo al ánimo de los compostelanos

Santiago lleva semanas soportando fuertes vientos, lluvia y tormenta y los vecinos ya notan los estragos en su estado de ánimo

La ausencia de luz solar puede alterar nuestros ritmos biológicos, reducir la producción de serotonina y aumentar la sensación de cansancio y apatía

Algunas personas desarrollan el conocido como trastorno afectivo estacional

Dos santiagueses caminan por la acera en plena borrasca

Dos santiagueses caminan por la acera en plena borrasca / Jesús Prieto

Alba Prada Estévez

Alba Prada Estévez

Sales de casa y un viento huracanado te golpea en la cara. Metes a los niños en el coche a correr y mientras los atas en las respectivas sillitas tú ya estás empapado. Llegas al colegio, sacas a tus hijos y en el trayecto de 2 minutos hasta la puerta, se te rompe el paraguas por el viento y sus cazadoras chorrean agua. Te vas pitando a la oficina y en cuanto reparas en ti un segundo descubres que tu aspecto es ya muy distinto al que tenías antes de abrir la puerta de casa: tu pelo está enmarañado, los pantalones mojados hasta las rodillas y descubres que tus botas resistentes al agua no son tan efectivas como pensabas... te va a tocar pasar la mañana con los calcetines mojados. Al momento un pensamiento intrusivo se cuela en tu mente: «pues empezamos bien el día». Esta es la realidad que viven los compostelanos desde hace semanas, y es que las lluvias, el viento y las tormentas no dan tregua.

«Ya no me apetece hacer nada, me cuesta ir al trabajo, ir al gimnasio... todo», explica una joven santiaguesa. «Además, vivo en un ático y por la noche la lluvia golpea de tal manera en la ventana que se me hace imposible descansar. Me noto realmente desmotivada, este tiempo me amarga», cuenta. «A mí lo que más me fastidia es que mi hija llegue al colegio empapada. Aparco el coche al lado del centro escolar, pero ni así nos libramos de la mojadura. Es un fastidio», dice una madre compostelana. «En mi caso me noto menos productivo. El cambio horario implica que a las 6 de la tarde sea de noche, pero con los días tan grises parece que estamos en una noche permanente», declara un joven que trabaja en Santiago.

Varios compostelanos se cobijan bajo el paraguas

Varios compostelanos se cobijan bajo el paraguas / Antonio Hernández

El malestar de los vecinos de Compostela no es un caso aislado. Y es que el mal tiempo actúa como un factor silencioso pero poderoso en nuestro bienestar emocional. Los días nublados y lluviosos, y en consecuencia, la ausencia de luz solar, pueden alterar nuestros ritmos biológicos, reducir la producción de serotonina y aumentar la sensación de cansancio, apatía o irritabilidad. Y es que los días grises con frecuencia tiñen nuestra mente del mismo color. En Galicia, donde estamos más que acostumbrados a vivir con cielos nublados y lluvia, el impacto del clima en la salud mental cobra especial relevancia, pues la exposición continuada de los gallegos a días con poca luz solar favorece una cierta sensación de melancolía.

Carmen Hermo, vicesecretaria del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia, explica que en los días malos, por lo general, la gente tiende a estar más apagada, malhumorada y tenga más prisa “porque es también un factor estresor”. Esto se intensifica, recuerda la psicóloga, en personas “que ya tienen dificultades para participar en la comunidad porque tienen movilidad reducida o dependen de otros para hacer ciertas actividades”. Y es que el mal tiempo nos priva de muchas cosas que nos gustan como dar paseos por la naturaleza, lo que “nos impide disfrutar de todo lo que protege nuestra salud mental”. Para contrarrestar los efectos negativos que el clima pueda causar en nuestro bienestar emocional, la psicóloga aconseja intentar mantener en la medida de lo posible las rutinas diarias, es decir, los horarios de trabajo y descanso y animarse a salir de casa aunque llueva o haga frío. “Nos abrigamos bien y salimos para disfrutar un poquito de la calle y las personas”, dice.

Los peregrinos se protegen con chuvasqueros de la lluvia de Santiago

Los peregrinos se protegen con chuvasqueros de la lluvia de Santiago / Antonio Hernández

Además, Carmen Hermo considera que cuando las condiciones climatológicas son adversas es un buen momento para convertir nuestro hogar en un sitio acogedor. “En otras épocas igual no podemos hacerlo y es la situación perfecta para aprovechar y poner la casa como queramos e invitar a las personas que nos agraden”. Eso sí, recuerda, esta opción no ayuda mucho “a aquellos en situación de dependencia que ya pasan la mayor parte del tiempo en casa”. “Es importante acordarnos de ellos e ir a visitarlos para llevarles a casa momentos agradables”.

Luz solar y vitamina D

La ausencia de luz solar influye directamente en nuestro estado de ánimo porque altera procesos biológicos importantes en la regulación emocional. Cuando nos exponemos al sol se estimula la producción de serotonina, un neurotransmisor relacionado con el bienestar y la estabilidad emocional. Si está baja, es más común experimentar apatía, irritabilidad o tristeza. La luz solar es, además, importante para sintetizar vitamina D, cuyos niveles inferiores a los adecuados se asocian con síntomas depresivos, fatiga y menor concentración.Todo ello crea un cóctel explosivo que puede afectar al ritmo sueño-vigilia, reducir la energía diaria y hacer que las emociones negativas se perciban con mayor intensidad.

Trastorno afectivo estacional

Directamente relacionado con la falta de luz solar, los profesionales de la salud mental refieren el trastorno afectivo estacional, que va más allá de sentirse decaído por el mal tiempo. En este caso se trata de un patrón que perdura y afecta al día a día de la persona. Está relacionado con la depresión y aparece de forma recurrente en otoño e invierno, cuando disminuyen las horas de luz solar.

Este trastorno del ánimo se caracteriza por síntomas como tristeza persistente, falta de energía, mayor apetito, aumento del sueño, difultad para concentrarse, desmotivación y tendencia al aislamiento social. Los síntomas mejoran cuando aumenta la exposición a la luz natural, diferenciándose así de otros tipos de depresión. Para tratarlo, algunos profesionales recurren a la llamada terapia de luz, una intervención psicológica y médica que consiste en la exposición diaria a una luz artificial intensa que imita la luz natural del sol.

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