SERVICIOS EN TIERRA
Fabricó un satélite con 16 años en su habitación y hoy los envía de Madrid al espacio apadrinado por la OTAN: "Casi todo lo aprendí en internet"
La empresa de Julián Fernández, estudiante de Ingeniería de Telecomunicaciones en la URJC, ha sido seleccionada por la OTAN para un programa de Innovación en Defensa

Julián es estudiante de Ingeniería en Tecnologías de la Comunicación en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. / Alba Vigaray
Aquel satélite que un adolescente fabricó en su dormitorio hace ya siete años, ha dado la vuelta al mundo, literalmente. “Era un demostrador, un repetidor de información a modo de prueba capaz de enviar un paquete de información de 32 bytes, como un SMS. Tenía forma de cubo y pesaba menos de 250 gramos. Gracias a una recolecta de dinero conseguimos 30.000 euros y lo lanzamos al espacio. La gente pagaba cinco euros por poner su nombre en el satélite”, explica Julián Fernández (23), estudiante de Ingeniería en Tecnologías de la Comunicación en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Siempre quiso ser astronauta y viajar al espacio, un lugar por el que, a día de hoy, sigue sintiendo una fascinación especial: “Me di cuenta de que no era factible, que debía quedarse en un sueño de niños. Sin embargo, aprendí que había otra forma de utilizarlo para hacer el bien en la tierra. Mediante la tecnología espacial se pueden ofrecer todo tipo de servicios en la Tierra”. Gaditano de nacimiento, creó FOSSA Systems con 17 años, una empresa aeroespacial seleccionada entre 3.600 candidaturas por el programa DIANA, acelerador de Innovación en Defensa de la OTAN, para unir las mejores soluciones con los retos en conflictos armados.

La empresa de Julián Fernández ha sido seleccionada por la OTAN para un programa de Innovación en Defensa. / Alba Vigaray

La compañía, que nació en 2018, hoy cuenta con más de 50 empleados entre España y Portugal. / Alba Vigaray
“Gran parte de mi formación ha sido autodidacta, a través de internet. Mucho de lo que sé ni siquiera se aprende en la carrera”, asegura. La compañía, que nació en 2018 como una asociación juvenil sin ánimo de lucro cuando cursaba la secundaria en Madrid, tomó forma de empresa dos años después y a día de hoy cuenta con más de 50 empleados entre España y Portugal. “Tras poner en órbita aquel satélite casero, nombres como Microsoft, que a día de hoy es uno de nuestros mayores clientes en Estados Unidos, nos pidieron lanzar los suyos propios por ese bajo coste”, relata. Por consecuencia, Julián y su reducido equipo fueron profesionalizando los servicios con el fin de que, desde cualquier parte del mundo, sea posible conectarse a su dispositivo y enviar un mensaje: “Viene a ser como un starlink, el sistema de internet por satélite de Elon Musk para dar internet de gran ancho de banda, pero español y para el IoT. Todo lo hacemos aquí, en Madrid: los satélites, las estaciones de tierra y los hardwares. Eso nos da soberanía en el campo de la Defensa”. El camino no ha sido fácil para el veinteañero, que ha visto cómo los retos no son sólo geográficos, sino también sectoriales.
24 satélites en órbita
“A veces resulta complicado que te tomen en serio. Al inicio, mucha gente no creyó en este proyecto. Sin embargo, podría decir que la edad no ha sido un problema en la mayoría de ocasiones y que mucha gente me ha apoyado únicamente por ser joven. Al ser menor de edad, tuve que pedir la emancipación para poder emprender. Seis años después somos la empresa española que más satélites ha mandado al espacio, con 24. Más que Hispasat, Hisdesat e Indra”, relata. El equipo está compuesto por ingenieros de todo tipo. Los hay informáticos, de telecomunicaciones, mecánicos y aeroespaciales, como él. Su objetivo es vender estos nanosatélites por Asia, Latinoamérica y algunos países de Europa: “Es una tecnología sin barreras. Son satélites de órbita baja y viajan a 27.000 kilómetros por hora. Con sólo uno de ellos puedes cubrir todo el planeta, ya que dan 15 vueltas al globo cada día”. Según relata el joven, la OTAN se habría dado cuenta de que hay una amenaza real por parte de Rusia y China en lo que a conflictos armados se refiere: “Se ha demostrado en los últimos meses que existe una asimetría en el campo de batalla. Drones de 2.000 euros contra misiles de 10 millones”.

El equipo está compuesto por ingenieros informáticos, de telecomunicaciones, mecánicos y aeroespaciales. / Alba Vigaray

Su objetivo es vender estos nanosatélites por Asia, Latinoamérica y algunos países de Europa. / Alba Vigaray
La Organización del Tratado del Atlántico Norte traslada su trabajo a la zona cero gracias a DIANA, un programa que permite a las empresas unir las mejores soluciones con los retos que presenta el conflicto. Todo ello a través de financiación, apoyo con mentores y pruebas: “Se trata de un programa muy competitivo, con una tasa de entrada del 3%. En España sólo seis empresas desarrollan este tipo de tecnologías. En nuestro caso, conectamos zonas remotas donde no hay red para que se puedan enviar pequeños mensajes de información. Pero también sirven para geolocalizar un tractor, para medir la temperatura y humedad de un contenedor de vacunas que atraviesa el océano, o también se lo puedes dar a un soldado para que pueda comunicarse. Es tecnología de doble uso: civil y militar”. Julián recuerda el día del apagón, cuando España pasó más de 12 horas sin red ni conectividad. “Este sistema hubiese permitido enviar información. La red eléctrica podría haber enviado señales, o personas en situación de peligro habrían tenido la posibilidad de mandar un mensaje de socorro”, sostiene.
No generan residuos
Los tiempos están cambiando para el sector aeroespacial, cree. El Ejército del Aire ha pasado a denominarse Ejército del Aire y del Espacio: “Es el nuevo plano de la defensa. Somos la única empresa europea que verticaliza toda la cadena de valor y no dependemos de otro fabricante externo. Es este modelo virtual lo que nos da flexibilidad y eficiencia de costes”. FOSSA Systems está presente en España y Portugal. Y, si todo va bien, en un futuro cercano abrirá una nueva sucursal en Asia con intención de “salir a bolsa de aquí a cinco años”. Fernández y su equipo lanzan nuevos satélites al espacio cada tres meses. Estos, en órbita, tienen una vida útil de entre cinco y siete años: “No nos interesa que tengan una vida mucho más larga porque no podríamos añadir nuevas aplicaciones. Cuando uno de ellos muere, regresa a la atmósfera y se desintegra, sin dejar ningún tipo de residuo. Su corta vida nos permite mejorar constantemente su tecnología y las capacidades de la constelación”.

Fernández y su equipo lanzan nuevos satélites al espacio cada tres meses. / Alba Vigaray

FOSSA Nexus, un dispositivo de comunicación satelital que permite estar en contacto con la red de satélites. / Alba Vigaray
El joven destaca la falta de oportunidades en España en lo que a contratos públicos se refiere. “Parece haber mucha aversión al riesgo en las instituciones, que podrían financiar estos servicios. Los acuerdos siempre son con los grandes primes, haciendo que la barrera de entrada sea aún más grande para que pymes como nosotros lleguemos a contactar con el sector público”, insiste. El último lanzamiento de la compañía es el FOSSA Nexus, un dispositivo de comunicación satelital preconfigurado que permite estar en contacto con nuestra red de satélites: “Tiene GPS, sensor de temperatura, humedad… Son varias interfaces y se puede conectar desde el teléfono. Es similar a un router para nuestros satélites, capaz de monitorizar un talud, medir la dilatación de vías férreas en zonas sin cobertura, la luz, el PH, el nivel de sonido con el fin de detectar la tala ilegal, tener ubicados tractores y excavadoras en zonas remotas de África, etcétera”, dice. Los clientes, normalmente industriales, son empresas relacionadas con oleoductos, redes eléctricas o seguridad nacional, entre otros.
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