Día de los enamorados
San Valentín y la ‘adicción al amor’
San Valentín es el día en el que se celebran los vínculos románticos, con gestos y detalles, pero detrás de las imágenes de parejas perfectas en las redes sociales se puede esconder otra realidad: el amor tóxico y la dependencia emocional. Quienes tienen miedo intenso al abandono, buscan validación y tiene dificultades para tolerar la soledad, suelen ser los mayores afectados.

El escaparate de un comercio preparado para San Valentín. / Europa Press
Durante el mes de febrero, conocido popularmente como el mes del amor, se celebran los vínculos románticos. El día predilecto elegido por el mercado y las parejas para celebrar el amor es el 14 de febrero. Pero no todo lo que se ve en redes es color de rosas. Detrás de las imágenes de parejas perfectas se puede esconder una realidad sumamente diferente: el amor tóxico y la dependencia emocional, fenómenos que afectan a millones de personas y parejas y que no desaparecen con la llegada de San Valentín.
La directora de tratamiento de la Clínica Recal, María Quevedo, comenta que la presión social por conseguir pareja actúa como un factor de riesgo silencioso para entrar y mantenerse en relaciones poco sanas. «Desde temprano se nos transmite que el amor romántico es una meta vital: tener pareja equivale a éxito personal, estabilidad emocional y felicidad. Estar solo, en cambio, suele asociarse al fracaso, carencia o inmadurez. Este mensaje genera una ansiedad profunda de ‘algo me falta si no tengo pareja’», asevera Quevedo.
«Los comentarios y preguntas típicas de familiares y amigos como ‘¿para cuando te echas pareja?’ o ‘¿cuando sientas la cabeza?’ pueden llegar a enfadar a la persona a la que se le hace», comenta la vicesecretaria del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia (COPG), María del Carmen González Hermo.
Pero, la presión social está escondida y camuflada en la cultura, disfrazada de normalidad deseada. «Por ejemplo, alimentando el mito de la media naranja o sexualizar a las personas y a sus interacciones», explica González Hermo
La falta de recursos sociales, familiares o económicos en muchas ocasiones también, «nos llevan a establecernos o a quedarnos con vínculos que no son tan deseados», señala la vicesecretaria del COPG.
La dependencia emocional
La llamada ‘adicción al amor’, también conocida como dependencia emocional, aparece cuando el vínculo deja de ser una elección libre y se vive como una necesidad.
La gente que presenta miedo intenso al abandono, búsqueda constante de validación y dificultad para tolerar la soledad suelen ser sus principales afectados. Este patrón puede consolidarse en relaciones caracterizadas por el control, los celos, la manipulación y los refuerzos intermitentes como el afecto solo a ratos que engancha emocionalmente y normaliza el malestar.
«No se trata de amar intensamente, sino de necesitar al otro para regular el propio estado emocional. Desde el punto de vista clínico, hablamos de adicción a amor cuando aparecen elementos como la pérdida de control, tolerancia, síndrome de abstinencia, centralidad del vínculo, persistencia pese al daño, idealización y negación», explica la directora de tratamiento de Clínica Recal, María Quevedo.
La libertad conservada es sumamente importante en las relaciones y cuando se trata de amores tóxicos, esta se pierde. «Cuando se está en pareja, para que esa relación se mantenga en el tiempo, es necesario, que los proyectos vitales individuales puedan convertirse en un proyecto en conjunto. Cuando una persona renuncia o disminuye su proyecto vital para adaptarse al de la otra persona, va a estar frenando su crecimiento personal. Es por eso que la dependencia personal hace que las personas no desarrollemos nuestras herramientas personales de resiliencia», señala González Hermo.
El perfil de las personas que sufren dependencia emocional hacia su pareja no es prototipo, porque cualquiera puede pasar por este tipo de relaciones. «En cualquier momento de nuestra vida podemos pasar por un episodio de dependencia emocional, sobre todo cuando no estamos emocionalmente maduros o no tenemos manejo de nuestras emociones, o nuestra autoestima es precaria o esta dañada, o pasamos por situaciones de duelo o emergencias. Todo lo que hace que nuestro sistema afectivo y emocional esté vulnerable», explica la vicesecretaria del COPG.
Las redes sociales
Desde el Colexio Profesional de Enxeñaría en Informática de Galicia (CPEIG), su presidente, Fernando Suárez, comenta que el phishing –técnica de ciberdelincuencia que suplanta la identidad de empresas o personas de confianza a través de correos electrónicos, SMS o sitios web falsos –o las estafas del amor, en esta época del año, especialmente para San Valentín, están en alza.
«La tecnología introduce este tipo de riesgos. Puede suceder que se hace pasar por un tercero, para que hagamos un tipo de acción y luego se pide dinero o también puede suceder el chantaje», comenta Suárez.
Además, el presidente del CPEIG informa que en temas de pareja también se encuentra al alza la violencia digital. «Estamos viendo cada vez más casos de control de las publicaciones en redes sociales. También el control a distancia de los móviles con una técnica que se llama stalker walking, que consiste en instalar aplicaciones que pasan ocultas y que permiten el acceso total al móvil, conociendo todo lo que se hace, como las llamadas, la mensajería de WahtsApp, publicaciones de redes sociales, entre otras. Está el tema de geolocalización, en donde la pareja también tiene acceso a donde estamos ubicados», explica.
Por otra parte, desde el CPEIG están viendo que este tipo de controles son una de las razones que generan relaciones tóxicas. «Esto está generando relaciones tóxicas y machistas, sobre todo en la gente joven que creen que ese control está asociado al amor y al querer, al ‘me controla porque me quiere’. Los peligros son muchos. Es necesaria mucha educación, entre los jóvenes, tanto en las herramientas tecnológicas como evitando este tipo de patrones», señala Suárez.
Según María Quevedo, las redes sociales actúan como amplificadores en las relaciones tóxicas y dependencias emocionales, porque «facilitan la vigilancia contante, la necesidad de validación externa y el control comportamental».
«Las redes sociales contribuyen a disimular o normalizar conductas tóxicas en vínculos insanos. Muchas veces las redes pretenden informar y en muchos casos generan distancia con la realidad y lo que sucede», explica González Hermo.
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