Romper el tabú: los gallegos que piden ayuda psicológica
Entre el 20 y el 21% de los españoles requieren ayuda por un problema de salud mental y los gallegos están por encima de la media
Las mujeres son las más afectadas por los trastornos de ansiedad y depresivos
Aunque cada vez hay más conciencia, sigue existiendo cierto rechazo a acudir a un psicólogo por el miedo a ser juzgados y por el desconocimiento general de los recursos disponibles

Una mujer durante una sesión con su psicóloga / PEXELS
Alrededor del 20 y el 21% de la población española ha requerido atención sanitaria por un problema de salud mental o por malestar psicológico o emocional en el último año. Así lo recoge el Barómetro Sanitario 2025, una encuesta representativa realizada por el Ministerio de Sanidad en colaboración con el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). No existen datos publicados específicos para Galicia sobre el porcentaje de población que declaró haber solicitado ayuda en este sentido el pasado año. No obstante, nuestra comunidad suele situarse en niveles ligeramente superiores a la media nacional. El Informe Anual del Sistema Nacional de Salud 2023 indica que los trastornos de ansiedad son el grupo diagnóstico más prevalente y afectan al 10,7% de la población española. En menores de 25 años, se detectan en 3 de cada 100 personas. La depresión y los trastornos del ánimo son la segunda causa más frecuente y los padecen sobre todo mujeres. En términos de prevalencia les siguen los trastornos del sueño, los problemas asociados al consumo de alcohol y, en menor medida, los trastornos mentales graves.
¿Sigue habiendo estigma al hablar de salud mental?
Según el Barómetro Sanitario, el porcentaje de españoles que declaró haber necesitado atención sanitaria por problemas de salud mental o malestar psicológico en los últimos 12 meses ha aumentado, pues se ha pasado del 17 % en 2023, al 18 % en 2024 y a algo más del 21 % en 2025. De todas formas, hay que decir que esto puede deberse tanto a un aumento de la conciencia como a un incremento de la necesidad real de servicios de salud mental. A pesar de que, en general, se percibe una mayor concienciación, lo cierto es que sigue existiendo cierto rechazo a acudir a terapia. Diversos estudios e investigaciones sociológicas y de salud pública indican que una parte significativa de la población española se resiste a pedir ayuda psicológica por motivos de estigma social, miedo al juicio y desconocimiento de los recursos disponibles.

Una joven en terapia / PEXELS
«Pedir ayuda psicológica es todo un acto de valentía. Sentarte a hablar con una persona desconocida de lo que te ocurre, contarle cosas que ni siquiera te has atrevido a confesar a tu mejor amigo o amiga puede ser muy intimidante. Pero, también, es de las mejores decisiones que puedes tomar para dejar de sobrevivir y empezar a vivir una vida en la que te sientas alineado contigo mismo», explica la psicóloga sanitaria Alejandra Sierra, especialista en ansiedad.
«Pedir ayuda psicológica es todo un acto de valentía. Sentarte a hablar con una persona desconocida de lo que te ocurre, contarle cosas que ni siquiera te has atrevido a confesar a tu mejor amigo o amiga puede ser muy intimidante»
Y es que la experta se encuentra con frecuencia personas en consulta que retrasan la hora de solicitar ayuda por haber tratado de solucionarlo por sí mismas durante demasiado tiempo o por haber terminado normalizando los síntomas. «También hay gente que tiene miedo a que se confirme que ‘algo va mal’, es decir, terror a un posible diagnóstico».
Factores culturales y educativos
Alejandra Sierra explica que el estigma que existe al hablar de salud mental viene de lejos. «Históricamente, la sociedad ha igualado ‘fortaleza’ a la capacidad ‘de aguantar el sufrimiento en secreto’». Además, señala, «se ha asociado, y aún se sigue asociando, a peligrosidad ciertos problemas mentales cuando, en realidad, sabemos que los problemas de violencia asociados a problemas mentales son los mínimos».
La educación también tiene mucho que ver. «Educativamente, ha habido una carencia en alfabetización emocional. Nos cuesta diferenciar unas emociones de otras o, en ocasiones, saber qué es lo que nos pasa y cuándo deberíamos pedir ayuda», refiere. Es en este punto donde la experta recalca la importancia de los centros educativos a la hora de colaborar creando programas de educación emocional que se pongan en marcha desde edades tempranas. «Enseñar habilidades como la identificación y validación de las emociones o la gestión de ansiedad y los conflictos es tan importante para la vida como aprender matemáticas», considera la psicóloga.
Diferencias de género
El Informe Anual del Sistema Nacional de Salud 2023 recoge que los trastornos de ansiedad afectan a cerca del 14 % de las mujeres, casi el doble que la prevalencia en hombres (7,4%). También lideran en los trastornos depresivos y en el consumo de psicofármacos.

Las mujeres lideran el consumo e psicofármacos / PEXELS
Alejandra Sierra asegura que «las mujeres suelen ser las que identifican antes los síntomas y tienen una menor resistencia a pedir ayuda». Además, añade, «existe cierta tendencia a sobremedicar los síntomas en ellas». «En cambio, en los hombres se sigue viendo una mayor somatización de lo síntomas (dolores físicos, cansancio...) o el desarrollo de problemas relacionados con la ira o las adicciones. Para ellos, pedir ayuda sigue siendo más tabú, aunque eso ha ido cambiando en los últimos años».
Testimonios a favor de la terapia
Clara (31 años) es una santiaguesa que decidió acudir a terapia hace año y medio, pero admite que dar el paso le costó y mucho: «Tuve que verme muy mal e insistir mi pareja para que finalmente pidiese ayuda. Cuando lo hice estaba muy nerviosa y lo pasé fatal, pero es cierto que al dar el paso sientes un pequeño alivio porque sabes que estás haciendo algo para dejar de sentirte así», cuenta. «Ir a terapia me está ayudando porque me hace relativizar las cosas, verlas desde otra perspectiva. Además, me permite hablar de ciertos aspectos de mi vida sin sentirme mal o vulnerable».
También a Ana (Santiago, 36 años) le ha costado dar el paso, pero tras medio año con pensamientos intrusivos que le provocan un gran malestar ha decidido pedir ayuda profesional: «Empiezo la próxima semana, y admito que estoy nerviosa, pero sé que estoy haciendo lo correcto para recuperarme».
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