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Entrevista | Ángel de la Cruz Director y guionista de 'La silla'

Ángel de la Cruz: «Jaime Lorente me confesó que ha sido el rodaje más duro de su vida»

El 12 de junio, coincidiendo con el cumpleaños del afamado director coruñés Ángel de la Cruz, se estrena 'La silla', una adaptación de la novela de David Jasso

Ángel de la Cruz con Jaime Lorente

Ángel de la Cruz con Jaime Lorente / CEDIDA

Alba Prada Estévez

Alba Prada Estévez

El estreno del tráiler de La silla ha puesto el foco en la nueva película del reconocido director gallego Ángel de la Cruz. El que es su primer thriller psicológico, llegará a los cines el 12 de junio y está protagonizado por Jaime Lorente, el mítico Denver de La casa de papel. De la Cruz nos habla en esta entrevista de una historia que busca atrapar al espectador desde el minuto uno.

La silla’ es una adaptación de la novela de culto de David Jasso. ¿Qué vio en ella que le hizo pensar: «esto tiene que ser cine»?

No soy especialmente aficionado a este género, el thriller psicológico, de hecho me cuesta leer novelas de este tipo. Pero cuando conocí esta no podía dejar de leer. Pensaba: «Un tipo atado a una silla... ¿Qué juego va a dar esto?». Pues, bueno, resulta que le empezaban a pasar una cosa tras y otra y entonces me dije: «Esto tengo que leerlo, a ver cómo acaba». Era de morderse las uñas. Entonces, decidí que esto tenía que llevarse al cine. Por otro lado, también me apetecía porque yo no había entrado nunca en el género del thriller. Al leer la novela vi que todos los personajes, como los humanos, tenían sus luces y sus sombras. Que alguien esté atado a una silla es también una metáfora de las personas que se atan a sus mentiras y a sus deslealtades. Además de la trama obvia, hay otra por debajo, la película puede tener otras lecturas, y a mí me apetecía mucho entrar en esa dinámica.

Una de las tomas del rodaje

Una de las tomas del rodaje / CEDIDA

¿Qué libertades se permitió respecto a la novela y cuáles decidió no tocar bajo ningún concepto?

Intenté, desde luego, plasmar el espíritu de la novela y creo que está prácticamente todo. Lo que pasa es que, lógicamente, hay tramas que no están tan desarrolladas como en el libro porque hay episodios que te lleva un día entero leerlos. También la he modernizado un poco porque fue publicada hace más de quince años y la idea original se remonta a treinta y tantos años atrás. En aquella época no existían todas las modernidades que tenemos ahora. De hecho, el escritor protagonista, que interpreta Jaime Lorente, tiene un contestador automático, que era lo más normal del mundo en aquella época. Hoy ya nadie lo tiene y, sin embargo, tienes los asistentes de voz en el salón, otras cosas que en aquel momento no había. Entonces yo incorporé todas esas nuevas tecnologías, pero como además necesitaba un contestador automático, hicimos que el personaje principal fuese un poco friki, coleccionista de objetos ochenteros que pertenecieron a gente famosa, y por eso tiene el contestador automático, que nos hacía falta por el argumento.

La película es un thriller psicológico muy claustrofóbico. ¿Cómo logró crear esa sensación?

Era algo que realmente me preocupaba mucho, y ahí tuve la complicidad, se puede decir, del director de fotografía, Christos Voudouris. Le expliqué que la película tenía que empezar como un sueño, no sé si el sueño americano, pero este estilo de vida de chalet, matrimonio joven, con un hijo bebé, a los que le van muy bien las cosas... Entonces todo es una maravilla, pero un día, por azares de la vida, todo se trastoca, y esa especie de sueño se va a convertir en una pesadilla. Para ilustrarlo, al principio jugamos con planos largos, planos secuencia, ambientes amplios, planos amplios... Y luego eso se va. Al final, nos encerramos en la casa con él atado, cada vez son más breves los planos y cada vez está más sucio.

«Al principio jugamos con planos largos, planos secuencia, ambientes amplios, planos amplios... Y luego eso se va. Al final, nos encerramos en la casa con él atado, cada vez son más breves los planos y cada vez está más sucio»

Le pedí a Christos el toque ‘pulp’, ¿sabes? Ese toque de Pulp Fiction: hay algo sucio, hay algo ahí que te está estorbando, que no sabes lo que es, que te comprime.

De la Cruz con Christos Voudouris

De la Cruz con Christos Voudouris / Cedida

Es muy orgánica la fotografía, llegas a percibir el dolor, el sufrimiento y la angustia que está pasando el personaje central, atado a la silla. Además, Jaime, al final del rodaje, me confesó que de verdad había sido el rodaje más duro de su vida. De hecho, tuvo una lesión porque la silla pesaba mucho.

¿De verdad se lesionó?

Sí, sí, tuvo una lesión en un bíceps y tuvimos que parar el rodaje unas semanas y retomarlo más tarde. Él está cachas, ¿sabes?, tiene fuerza para mover la silla, pero le costó. Pero, vamos, que eso al final se quedó en una anécdota, pero una anécdota que cuenta un poco la dureza del rodaje también. Otra cosa que nos ayudó a mostrar esa sensación asfixiante fue el maquillaje y el vestuario.

«Tuvo una lesión en un bíceps y tuvimos que parar el rodaje unas semanas y retomarlo más tarde. Él está cachas, ¿sabes?, tiene fuerza para mover la silla, pero le costó»

Todo sucede en un fin de semana y lleva la misma ropa todo el rato, pero esa ropa va sufriendo: con el sudor se va deteriorando. Había treinta polos iguales, cada uno más sucio que el anterior, y las heridas, lo mismo, iban creciendo. Todo está muy trabajado y ello le da mucha credibilidad a la película.

¿Qué buscaba en Jaime Lorente para un personaje que implica tanta exigencia emocional y física?

Necesitaba un personaje que expresase mucho con la mirada, y Jaime tiene una mirada que fulmina. Tiene unos ojos claros que te traspasan cuando te mira. En este caso la expresividad está en los ojos en un 70 o 75% de la película porque tiene una mordaza en la boca. Jaime lo hizo fantásticamente y luego físicamente es un tipo que está a la altura. Yo pedí que me ataran a la silla, eso sí, que no se fuese nadie, por favor, hasta desatarme, pero que me ataran a la silla, porque yo quería saber si era posible moverse. Y te voy a decir que sí, que podías moverte, pero vamos, que yo al minuto estaba sudando la gota gorda. De hecho, en el libro él está atado con bridas, y lógicamente habíamos hecho unas falsas, de tela, con velcro. Pues nada, las rompía todas. Entonces al final le tuvimos que poner las de verdad.

¿Por qué pesaba tanto la silla?

Porque era de metal, ya que era necesario que se viese que era muy consistente y pesada. Se construyeron tres sillas para tener varios modelos, y alguna de ellas acabamos trucándola un poco, colocándole unos rodamientos por debajo para que se deslizara y no hubiese que arrastrarla. Pero sí hubo planos en los que Jaime hizo toda la fuerza para moverla, yendo a saltitos.

Foto de familia

Foto de familia / CEDIDA

Cada saltito suponía levantar su propio peso y el de la silla, y entonces realmente era un gran esfuerzo físico y se le nota que el esfuerzo es real.

En cuanto al sonido y el silencio... ¿Qué papel juegan en una historia tan opresiva?

Son importantísimos. Todo sucede en un fin de semana de un puente de julio y viven en una urbanización. La gente se marcha en verano y cuando llega la noche la soledad se hace más aplastante. Él está solo con el bebé en casa y el bebé es lo que más angustia genera. Cuando no llora, ese silencio es un motivo de preocupación. Sonidos suaves como el canto de los pájaros, el viento... son importantísimos en una película de este tipo. La música también es clave. Ha participado un compositor que es neurocirujano, Jesús Martín- Fernández. Opera sin anestesia y le suele dar un instrumento de música al paciente para que toque mientras él está operando. Entonces, digamos que sabe perfectamente qué sucede en el cerebro cuando tú escuchas o tocas un tipo determinado de música u otro. Eso le ha venido muy bien a la película. Él junto a Tomás Barreiro compusieron una música que yo, la primera vez que la escuché, llegué al final de la película y pensé: «No recuerdo nada, no recuerdo haber escuchado la música», de lo perfecta e integrada que estaba en la película.

Tras varios trabajos tan celebrados, ¿se enfrentó a una película como esta desde un lugar de mayor libertad creativa o con más presión personal?

Me sentí muy relajado porque tuve muchísima libertad. Es una película que ha tenido afortunadamente más recursos que otras que había hecho con anterioridad, que tenían un presupuesto más pequeño porque eran películas más modestas.

Una de las escenas de 'La silla'

Una de las escenas de 'La silla' / CEDIDA

Aunque esta requiere pocos actores y pocas localizaciones, es muy difícil de rodar porque implica muchos planos, muchos ángulos de cámara, muchos movimientos... Entonces eso requería planos complejos, efectos digitales y, por lo tanto, recursos económicos. Y la verdad es que los tuve y todo lo que pedía me lo daban. Me trataron a cuerpo de rey y pude acabar la película en las mejores condiciones. Fue absolutamente maravilloso.

¿Qué tiene La silla que no tenga ninguna otra película reciente del cine español?

Yo animaría a la gente a ir a verla porque es una película peculiar en cuanto a su argumento. No te da respiro porque este hombre va a vivir una auténtica carrera de obstáculos y, además, a toda velocidad. Aparte de sorprender, te hace reflexionar sobre la importancia de pensarse más las decisiones que a veces tomamos. Resulta que una mala decisión puede traer consecuencias trágicas, incluso. También quería aprovechar esta entrevista para destacar el fantástico trabajo de los gemelos de tan solo 20 meses Iñaki y Daniel. Pensaba que sería imposible dirigir a unos niños tan pequeños... pues resulta que me tocó el gordo porque fue una maravilla trabajar con estos dos bebés.

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