Sociólogos alertan: «El casco viejo de Santiago corre el riesgo de convertirse en un parque temático»
Compostela atrae un turismo masivo y los comercios tradicionales están siendo reemplazados por otro tipo de negocios orientados al visitante y no al residente
Todo ello genera una sensación de desarraigo entre los vecinos porque ya no se reconocen en los escaparates, oficios y relaciones cotidianas que daban vida a la zona vieja

La zona vieja de Santiago cargada de turistas / Antonio Hernández
Santiago asiste, al igual que muchas otras ciudades turísticas, a una transformación radical de su casco histórico. Allí donde durante décadas hubo ultramarinos, librerías, pastelerías o tiendas de confección, ahora hay negocios de souvenirs, lavanderías autoservicio o máquinas expendedoras. Todos ellos orientados al visitante y no al vecino. El propio Concello de Santiago prohibía el año pasado la apertura de nuevos bazares de recuerdos en la zona monumental, donde se contabilizaron 92 tiendas de souvenirs en apenas unas calles. Incluso la UNESCO sitúa entre los desafíos de la capital gallega la gentrificación urbana, el abandono del centro y el impacto del turismo. Desde un punto de vista sociológico ese desplazamiento del comercio de barrio por otros negocios pensados para el consumo rápido del visitante acaba generando desarraigo porque los vecinos dejan de reconocerse en los escaparates, en los oficios y en las relaciones cotidianas que daban sentido al casco histórico.

Turistas con maletas en la zona vieja / Jesús Prieto
«Santiago es una ciudad que atrae un turismo masivo y no ha sido diseñada para ello. Los comercios tradicionales están planteados para trabajar con residentes y no con turistas y ahora vemos que están siendo reemplazados por supermercados rápidos con horario extendido o cadenas internacionales. Por todo ello se produce un proceso de gentrificación, es decir, la expulsión de la población de un lugar por presión económica. Santiago es una zona tensionada porque la coacción que están ejerciendo sobre los residentes de la zona vieja a favor de un rédito económico es enorme:en los últimos años hay una gran concentración de viviendas de uso turístico», señala el profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), Francisco Haz.
«Los comercios tradicionales están planteados para trabajar con residentes y no con turistas y ahora vemos que están siendo reemplazados por supermercados rápidos con horario extendido o cadenas internacionales»
Por su parte, el exdirector de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de A Coruña, Plácido Lizancos, habla de una transformación social profunda. «La sustitución del comercio de proximidad por otros negocios no es solo un cambio económico o estético: suele indicar una modificación en la estructura social del barrio, en sus ritmos cotidianos, en quién puede habitarlo y en qué usos del espacio se consideran rentables o deseables. Cuando desaparecen tiendas ligadas a la vida diaria y aparecen actividades orientadas al consumo ocasional, al turismo o a públicos de mayor renta, lo que cambia no es únicamente la oferta comercial, sino la función social del lugar».

Javier Rosende Novo
Pérdida de identidad
«Santiago corre el riesgo de convertirse en un cascarón muy bonito, pero vacío», dice, tajante, Francisco Haz. Y es que asegura que los comercios orientados al turista son «impersonales», no crean comunidad ni vínculo social. «Hay mucha fluctuación de personas dentro de esas cadenas, pero en los tradicionales tienes al tendero de toda la vida, que normalmente trabaja y vive en la zona, por lo que la sostiene y conoce a los vecinos. Una persona que sirve café frappé o un kebab, no», indica. A propósito de esto, el sociólogo hace referencia a los llamados «no lugares», que son aquellos espacios que se han quedado sin alma, y asegura que el casco viejo de Compostela va camino de transformarse en uno. Muchos lugares turísticos, asegura el profesor de la USC, «corren el riesgo de convertirse en parques temáticos».
«La panadería, la ferretería, la librería o el bar de siempre ayudan a dar continuidad a la experiencia de vivir en un lugar concreto. Contribuyen a que el barrio sea algo más que una suma de edificios: lo convierten en un medio social legible, familiar y compartido»
Algo similar explica Plácido Linares, pues recuerda que los comercios tradicionales son un símbolo de identidad colectiva, que hacen ciudad. «La panadería, la ferretería, la librería o el bar de siempre ayudan a dar continuidad a la experiencia de vivir en un lugar concreto. Contribuyen a que el barrio sea algo más que una suma de edificios: lo convierten en un medio social legible, familiar y compartido», explica.

Deportes Amancio, negocio que cerraba el año pasado tras superar el siglo de historia / Javier Rosende Novo
Linares refiere también que es común que entre los vecinos aumente la sensación de desarraigo cuando dejan de reconocer su entorno. Aparece, explica, cuando se rompen referencias estables, es decir, cuando desaparecen esos «lugares donde uno era conocido, donde encontraba servicios adaptados a su vida, donde se confirmaba que seguía perteneciendo a ese tejido social».
Mayor protección
El sociólogo Francisco Haz considera que la Administración debería ponerse manos a la obra para proteger ciertos negocios históricos. «Tienes en la ciudad una farmacia del siglo XIX y de pronto es substituida por una compañía de teléfonos que construye todo en pladur y vinilo, y algo que era patrimonio de la ciudad desaparece», indica. «Siendo el centro histórico de Santiago patrimonio de la Unesco, yo pediría un poco de sensibilidad con este tema. Al final, acabaremos todos comiendo patatas fritas congeladas, beberemos té matcha y compraremos el mismo souvenir que se hace en China», ironiza.
El casco viejo del futuro
Francisco Haz lo tiene claro: «De seguir así, el casco viejo será un parque temático. Nadie va a poder vivir en él porque será muy caro o directamente nadie querrá residir en un lugar en el que no hay servicios y tienes que irte a comprar el pan a dos kilómetros», sentencia. Por otro lado, el experto añade que no ayuda a su habitabilidad el salir a la calle y sentirse agobiado por la cantidad de gente, ni que los fines de semana estén cargados de actividades que entorpecen la convivencia.
Por su parte, Lizancos explica las claves para detectar cuándo un barrio histórico deja de responder a las necesidades de quienes lo habitan, una realidad que ya puede observarse en el casco viejo compostelano: «Disminuyen los comercios de uso cotidiano y aumentan los destinados a visitantes o a consumos de alto poder adquisitivo, suben los precios y bajan las posibilidades de permanencia, desaparecen servicios básicos, equipamientos o espacios de sociabilidad vecinal, el espacio público se vuelve más escenográfico que habitable, los horarios, los ritmos y las actividades ya no se ajustan a la vida diaria de quienes residen allí, y crece la percepción de que las decisiones sobre el barrio se toman sin sus habitantes o en su contra».
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