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Una psicóloga gallega explica por qué los nuevos virus disparan la ansiedad por enfermedad

Las recientes informaciones sobre el hantavirus y la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo están reactivando miedos profundos en una parte de la población que todavía arrastra las cicatrices emocionales de la pandemia

Una joven preocupada tras buscar información en su portátil

Una joven preocupada tras buscar información en su portátil / PEXELS

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Alba Prada Estévez

Alba Prada Estévez

Durante las últimas semanas hemos estado escuchando y leyendo información a todas horas en los medios sobre el hantavirus y la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. La aparición de nuevos virus está despertando alertas sanitarias, pero no solo eso, también está reactivando miedos profundos en una parte de la población que todavía arrastra las cicatrices emocionales de la pandemia del covid. Los titulares un tanto alarmistas y las actualizaciones constantes sobre contagios pueden ser interpretados por muchas personas no solo como simple información, sino como una señal de amenaza, lo que da rienda suelta a la ansiedad, la hipervigilancia y la sensación de peligro constante.

La psicóloga sanitaria experta en ansiedad Alejandra Sierra, con clínica en A Coruña, explica que el hecho de haber vivido una situación de emergencia sanitaria como el covid puede haber provocado «una cultura de vigilancia» hacia una posible nueva pandemia. Y es que «en la memoria colectiva aún están muy recientes las sensaciones de incertidumbre, de vigilancia y alarma que vivimos durante el tiempo que duró la alerta sanitaria», asegura la experta.

Ansiedad por enfermedad

Alejandra Sierra detalla que si, ante las informaciones de nuevos virus, la persona entra en un estado de alarma y cree que los síntomas que está percibiendo son propios de una enfermedad grave o, incluso, mortal, entonces estamos hablando de ansiedad por enfermedad. Esto es más común en aquellos «que se vieron afectados en el pasado por alguna enfermedad de este tipo que tuviese algún impacto en sus vidas.

«Otro perfil que quizá pueda ser vulnerable son aquellas personas que tienen tendencia hacia pensamientos catastróficos ya sea por experiencias vitales o educativas»

También, en aquellas personas con tendencia a la necesidad de seguridad y certidumbre », indica Alejandra Sierra. «Otro perfil que quizá pueda ser vulnerable son aquellas personas que tienen tendencia hacia pensamientos catastróficos ya sea por experiencias vitales o educativas», señala.

Redes sociales

La facilidad para recurrir a las redes sociales o la IA para buscar información es para aquellos perfiles con ansiedad por enfermedad un verdadero cáncer, pues esa búsqueda obsesiva de datos sobre el hantavirus o la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo no hace más que alimentar el problema. «El algoritmo de las redes sociales prima el contenido sensacionalista porque obtiene mucha más atención y es más probable que lo vea un mayor número de gente. Por ello, las personas que consuman este tipo de contenido pueden acabar sintiendo aún más alarma y miedo a las enfermedades. Han recibido información sesgada, descontextualizada o falsa, directamente», explica la psicóloga.

Un hombre consultando algo en el ordenador con preocupación

Un hombre consultando datos en el ordenador con preocupación / PEXELS

Vivir en una activación ansiógena continuada, señala Sierra, puede llegar a provocar agotamiento emocional y físico. «Las personas afectadas pueden acabar desarrollando síntomas depresivos. No solo por ese agotamiento sino porque, además, pueden llegar a dejar de hacer actividades beneficiosas como quedar con amigos, acudir al gimnasio o salir a tomar algo», dice.

Fuentes fiables

Informarse a través de fuentes fiables como organismos sanitarios, profesionales médicos o instituciones oficiales es clave para evitar bulos, interpretaciones alarmistas y datos fuera de contexto. Una información rigurosa ayuda a proteger la salud física, pero también la mental, porque reduce el miedo innecesario y permite tomar decisiones con calma. Generalmente, las páginas oficiales suelen proporcionar información actualizada y basada en la evidencia disponible en el momento», indica la psicóloga. Subraya, además, la necesidad de limitar el tiempo de consumo de noticias sobre enfermedades y recuerda la importancia de elegir correctamente a quien se sigue en redes a la hora de informarse: «Si decidimos seguir a algún divulgador o divulgadora en redes sociales es importante, al menos, revisar la cualificación que tiene para hablar de los temas sobre los que hace los vídeos.

«Si decidimos seguir a algún divulgador o divulgadora en redes sociales es importante, al menos, revisar la cualificación que tiene para hablar de los temas sobre los que hace los vídeo»

Es vital analizar si utiliza un lenguaje alarmista con expresiones como: ‘virus mortal’, ‘lo que los expertos nunca te van a decir sobre…’ o lenguaje muy determinista como: ‘toda la verdad sobre…’, ‘nunca hagas esto si no quieres que te pase…’. Las personas que divulgan desde la evidencia suelen utilizar un lenguaje informativo y probabilístico como: ‘lo que, por lo de pronto, indica la evidencia es que…’ o ‘actualmente, no existen datos para afirmar que…’», aclara.

Frenar el ciclo obsesivo

Las personas con tendencia a la hipocondría se obsesionan con la posibilidad de padecer ciertas enfermedades, por lo que cuando buscan información en internet no lo hacen por mantenerse informados, sino para hallar tranquilidad emocional. Por ello, la experta sostiene que cada vez que se busque contenido sobre nuevos virus como el hantavirus y la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo es importante preguntarse si lo hacemos para investigar desde la calma o, al contrario, desde el miedo y para conseguir seguridad. Si la respuesta es la segunda opción, entonces es importante frenar el ciclo: «Mantener el contacto social y las rutinas habituales ayuda a salir del bucle», indica.

Por supuesto, cuando la ansiedad alcanza niveles muy elevados, evitar la hipervigilancia ante cualquier síntoma físico y frenar la búsqueda compulsiva de información puede resultar muy difícil. En esos casos, pedir ayuda psicológica es fundamental.

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