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De Angrois al duelo de Brión: el equipo de psicólogos que acompaña en las grandes tragedias de Galicia

El Grupo de Intervención Psicolóxica en Catástrofes e Emerxencias del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia lleva 30 años en activo

Estos profesionales de la salud mental han intervenido en el accidente del Alvia, en el naufragio del pesquero Villa de Pitanxo o, últimamente, en la tragedia de la pequeña fallecida en Brión tras quedar encerrada en el coche paterno

Una de las psicólogas del GIPCE

Una de las psicólogas del GIPCE / 112 Galicia

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Alba Prada Estévez

Alba Prada Estévez

Brión llora a la niña de dos años que fallecía tras permanecer varias horas al sol en el interior del coche de su padre. La magnitud de la tragedia ha dejado conmocionados a familiares, amigos y vecinos y ha vuelto a poner de relieve la importancia de la atención psicológica inmediata en situaciones de emergencia. En Galicia esa labor recae en el GIPCE (Grupo de Intervención Psicolóxica en Catástrofes e Emerxencias) del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia (COPG).

Este grupo nacía hace 30 años con motivo de los terremotos que se produjeron en la zona de Triacastela (Lugo) y desde entonces ha intervenido en algunas de las mayores tragedias ocurridas en la comunidad, como el Alvia en Santiago, en el que fallecieron 80 personas y hubo 144 heridos.

Restos del Alvia 04155 accidentado el 24 de julio de 2013

Restos del Alvia 04155 accidentado el 24 de julio de 2013 / Antonio Hernández

También actuaron en el accidente de rally en A Coruña en 2015, en el que murieron 7 espectadores, o en el naufragio del barco pesquero Villa de Pitanxo, en 2022, en el que perdieron la vida 21 tripulantes. Últimamente, han sido movilizados para prestar ayuda psicológica a los familiares de la pequeña de Brión.

Situaciones de alto impacto emocional

Ana Núñez Rubines, coordinadora del GIPCE, revela a este periódico que en los últimos años son los suicidios consumados, seguidos de los fallecimientos por accidentes de tráfico, las emergencias que más están atendiendo. «También prestamos ayuda en casos de desapariciones, situaciones de violencia, accidentes laborales o durante actividades de ocio, fallecimientos en entornos sensibles como pueden ser los centros escolares, atentados terroristas o desastres naturales», explica.

«Ante una situación de emergencia estamos limitados en el tiempo, normalmente solo intervenimos durante las primeras 48-72 horas. Además, el lugar puede ser muy diverso y no podemos hacer una preparación de la sesión porque tenemos muy poca información sobre lo que nos vamos a encontrar»

En todas estas intervenciones el tiempo juega un papel fundamental: «La intervención psicológica en crisis es muy diferente a la que hacemos en consulta. Ante una situación de emergencia estamos limitados en el tiempo, normalmente solo intervenimos durante las primeras 48-72 horas. Además, el lugar puede ser muy diverso y no podemos hacer una preparación de la sesión porque tenemos muy poca información sobre lo que nos vamos a encontrar», indica la psicóloga.

¿Quién activa al GIPCE?

El servicio del GIPCE se activa a través del 112. Habitualmente, son los primeros equipos profesionales que se desplazan al lugar de la emergencia quienes informan a las personas afectadas de la posibilidad de recibir atención psicológica por parte del GIPCE. Si aceptan esa ayuda, se activa el aviso a través del 112.

Dos psicólogas del grupo en una intervención

Dos psicólogas del grupo en una intervención / COPG

«Siempre intervenimos en pareja. En emergencias que afectan a un entorno social pequeño son suficientes dos psicólogos. Cuando se trata de situaciones con medios de transporte colectivo o que implican intervenir en varios lugares al mismo tiempo vamos activando más recursos», cuenta Ana.

Afectados de primer nivel

En una tragedia como la de Brión los afectados de primer nivel, es decir, la familia directa, es la primera en recibir la ayuda de los psicólogos del GIPCE, que tratan de restaurar sus capacidades y recursos para que afronten la situación de la forma más eficaz posible. Luego se atenderían a los afectados de segundo nivel, es decir, al entorno más cercano y, por último, a los profesionales que intervinieron en la emergencia y que pueden verse afectados por la situación.

«En casos en los que la tragedia repercute en más población, como puede ser un accidente de tren como el de Angrois o Adamuz, ya tenemos que hacer un triaje psicológico de los afectados para priorizar aquellos que puedan manifestar una sintomatología más compleja»

«En casos en los que la tragedia repercute en más población, como puede ser un accidente de tren como el de Angrois o Adamuz, ya tenemos que hacer un triaje psicológico de los afectados para priorizar aquellos que puedan manifestar una sintomatología más compleja», señala la coordinadora del GIPCE.

La culpa y el bloqueo

En muchas situaciones de emergencia, los profesionales atienden a personas afectadas que, además del dolor propio del duelo, cargan también con un profundo sentimiento de culpa. «Aquí debemos valorar si la culpa responde a una situación en la que la persona tiene una responsabilidad objetiva o si es una culpa irracional y la persona se responsabiliza de aspectos que no son controlables», explica Núñez Rubines. El abordaje psicológico será diferente en cada caso. «Durante la fase de emergencia trataremos de racionalizarla, de hacer una labor de psicoeducación que le permita ver al doliente de dónde viene esa culpa, promover que se exprese para calmar el malestar emocional e identificar pensamientos irracionales», apunta. Si detectan que esa culpa no se rebaja y puede acarrear problemas psicológicos posteriores tratan de derivar a los afectados a profesionales la de salud mental lo antes posible «para que den continuidad a la intervención de emergencias».

Menores o personas vulnerables

La experta en atención psicológica en emergencias explica que cuando se ven implicados entre los afectados personas vulnerables, es decir, menores, personas mayores con problemas de salud o personas con diversidad funcional, recomiendan que sea la familia la que comunique el fallecimiento. «En un caso así es muy importante que un menor reciba la noticia desde una persona afectivamente cercana. Los psicólogos y psicólogas de emergencias somos extraños para los menores y no tenemos el vínculo necesario para poder realizar esa función», señala Ana.

¿Quién cuida a los psicólogos?

Si a menudo nos preguntamos quién cuida al cuidador, la misma cuestión puede trasladarse a los profesionales de la salud mental. Más aún cuando su trabajo consiste en acompañar a personas que acaban de sufrir una tragedia. En el caso del GIPCE, el cuidado de quienes intervienen también forma parte del propio dispositivo. Su coordinadora señala que el autocuidado es clave. «Empieza ya antes de la emergencia con formaciones, trabajando la cohesión de grupo, siendo conscientes de nuestros límites, teniendo claras cuáles son nuestras funciones, teniendo claros los protocolos y entrenándonos en el manejo de nuestras propias emociones», cuenta. Tras atender la emergencia, tratan de hacer una gestión emocional adecuada, de mantener unas buenas rutinas de descanso, alimentación y ocio. Se apoyan en las personas de confianza y ponen en práctica técnicas para la regulación emocional. «Cuando la situación que atendemos es de gran intensidad emocional tenemos dentro de nuestro equipo al Grupo de Apoyo al Interviniente (GAI) que nos ayuda a recuperarnos emocionalmente», explica.

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