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Donde comen seis: la familia que desafía la baja natalidad compostelana

Leandro y Paula son dos gallegos de adopción que viven en Brión desde hace varios años con sus cuatro hijos pequeños: Santi, Esteban, Nacho y Luján

En un mundo en el que las familias numerosas se han convertido en una ‘rara avis’, estos padres se las apañan para conciliar, organizarse y sobrevivir económicamente

Familia Ortega-Brizuela: el feliz caos de criar a cuatro hijos

Javier Rosende Novo

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Alba Prada Estévez

Alba Prada Estévez

Entre la época que vivieron nuestros padres y la que vivimos nosotros parece haber pasado un siglo entero. Muchos de ellos presumen de familias enormes, cargadas de hermanos, primos y tíos y, por tanto, alardean también de recuerdos imborrables, de esos que son solo posibles cuando en un hogar no hay tiempo para el aburrimiento. Cuántas veces habremos escuchado esa anécdota en la que uno de los cinco hermanos hizo una travesura y los otros cuatro le cubrieron para que mamá o papá no le riñese y cuántas veces habremos oído a nuestra abuela contar que entre todos le tenían el nombre (mamá) más que gastado... Esos recuerdos no están en nuestra generación ni, probablemente, formarán parte de las siguientes porque el ritmo de vida ha dado un giro radical. Hoy, en la mayoría de familias trabajan ambos progenitores porque con un sueldo no basta, la conciliación es insuficiente y, muchas veces, inexistente, y gran parte de los jóvenes jamás podrá acceder a una vivienda propia, por lo que muchos ni siquiera contemplan la posibilidad de tener hijos, ya que consideran casi imposible mantenerse a sí mismos. Es por ello que encontrar hoy una pareja joven que haya formado una familia numerosa es como cuando de niño dabas con el trébol de cuatro hojas.

Leandro Ortega (46) y Paula Brizuela (44) son dos gallegos de adopción que viven desde hace varios años en Brión junto a sus cuatro hijos. Ellos siempre tuvieron claro que querían una casa llena de risas y gritos y Santi (11), Esteban (8), Nacho (6) y Luján (5) son los encargados de proporcionárselos un día sí y al otro también.

Tres de los niños bailando a la hora del desayuno

Santi (izquierda), Nacho y Luján bailando a la hora del desayuno / Javier Rosende Novo

«Ya de novios, cuando surgía la típica pregunta de ‘¿y tú cuántos hijos quieres tener?’, ambos respondíamos que al menos cuatro porque venimos de familias grandes. Yo tengo dos hermanos y Paula, cuatro», explica Leandro. Y finalmente la previsión de juventud se cumplió.

Falta de conciliación

Nacieron Santi y Esteban y con Nacho ya consiguieron el título de familia numerosa, pero con ello también llegó la necesidad de plantearse el prescindir de uno de los sueldos. «Ganábamos prácticamente lo mismo, pero yo tenía la posibilidad de usar coche de empresa y eso suponía un ahorro muy grande, por lo que decidimos que Paula se quedase en casa», cuenta. Poco después llegaría la niña, Luján, y ambos estuvieron de acuerdo en que la decisión había sido la correcta. «Ninguna empresa permite que un empleado falte siete veces seguidas en dos meses porque, cuando no está enfermo un hijo, lo está otro. La realidad es que los padres de familias numerosas no resultamos productivos para un empresario y, muchas veces, nos vemos obligados a renunciar».

Y es que la necesidad de una conciliación real ha sido siempre una de las grandes demandas de la Asociación de Familias Numerosas de Galicia (AGAFAN), de la que forman parte.

«Ninguna empresa permite que un empleado falte siete veces seguidas en dos meses porque, cuando no está enfermo un hijo, lo está otro. La realidad es que los padres de familias numerosas no resultamos productivos para un empresario y, muchas veces, nos vemos obligados a renunciar».

A pesar de que son precisamente estas familias las que contribuyen de manera decisiva al futuro de la sociedad al garantizar el relevo generacional, no dejan de encontrarse obstáculos: «Nuestra aportación a la sociedad no está reconocida. Parece que simplemente eres el ‘pringadillo’ que va con las manos ocupadas con tres niños mientras otro se le escapa y que no llega a todo», lamenta.

Economía familiar

Mirar los folletos de los supermercados cercanos para decidir el menú de la semana según las ofertas ya se ha convertido en una actividad de rutina en esta familia. «Yo me encargo de descargar los folletos con las ofertas, lo hablo con mi mujer, y vamos a un sitio a comprar el pescado y el pollo porque están más baratos y a otro a por la costilla de ternera porque hoy está de oferta», explica Leandro. «Lo bueno es que ambos tenemos formación en hostelería, yo ahora gestiono una empresa de servicios de hostelería, por lo que diseñamos fácilmente los platos, ya nos sale de carrerilla».

«Yo me encargo de descargar los folletos con las ofertas, lo hablo con mi mujer, y vamos a un sitio a comprar el pescado y el pollo porque están más baratos y a otro a por la costilla de ternera porque hoy está de oferta»

Con la ropa han creado una política de empresa: si no tiene muchos agujeros, la hereda el siguiente. También tienen la suerte de recibir muchas veces las prendas que les van quedando pequeñas a los hijos de amigos. «Luego nosotros también tratamos de ayudar mucho y la ropa que nos va sobrando se la llevamos a Cáritas».

«Cuando tenemos una avería en la lavadora, el chico del seguro nos regaña por darle un uso casi industrial y tenemos que explicarle que no la utilizamos para una empresa, sino que somos una familia»

En general, la previsión es la máxima del día a día de esta familia y, por ello, cuando intuyen que va a llegar un gasto grande tratan de tener los ahorros necesarios para afrontarlo. «Ahora mismo estamos esperando la declaración de la renta como agua de mayo porque nos dio a devolver y con eso ya vamos tirando hasta el próximo año». Y es que a más miembros en el hogar, más gastos: el coche tiene siete plazas y la lavadora y el lavavajillas se ponen cada día.

Los niños jugando en la cocina antes de ir al colegio

Esteban y Luján encima de su hermano Santi / Javier Rosende Novo

«Cuando tenemos una avería en la lavadora, el chico del seguro nos regaña por darle un uso casi industrial y tenemos que explicarle que no la utilizamos para una empresa, sino que somos una familia. Eso sí, una familia poco habitual hoy». Otro aspecto complicado es hacer cuentas para irse de vacaciones a algún lado. «Hace poco nos fuimos de fin de semana a Manzaneda a través de AGAFAN y, aunque tengamos descuento, al final la salida se te va a 300 euros o más y en casa solo entra un sueldo», dice.

Orden en casa

En un hogar con seis miembros, donde cuatro son pequeños, está claro que sin unas normas básicas, nada puede funcionar. «En nuestra casa hay mucha alegría, mucho cariño, nos levantamos por las mañanas con música, pero eso sí, tiene que haber orden porque eso es lo único que permite multiplicar el tiempo». Para evitar excesivos berrinches, existe en esta casa una especie de ‘lista negra’, en la que anotan a aquel que se queda sin ver la tele por portarse mal. «Solo nos apuntamos a aquellas batallas que sabemos que vamos a ganar porque los momentos de salir y llegar a casa siempre son los más caóticos y, sobre todo, a partir del miércoles, que ya están más cansados», cuenta.

Los hermanos jugando mientras se cepillan los dientes

Esteban (izquierda) y Nacho, jugando mientras se cepillan los dientes antes de ir al colegio / Javier Rosende Novo

El momento del baño lo tienen controlado con un método que para ellos resulta infalible: cada oveja con su pareja. «Cada uno está pendiente del hermano pequeño y esto nos da buen resultado. La verdad es que ya son muy autónomos para eso, aunque hay que supervisarlos porque no es raro encontrarse con que alguno no se ha frotado bien el cuello», cuenta, divertido.

Cuando llega el fin de semana y desaparece la dictadura del reloj, aparece la calma. Les encanta invitar a amigos a casa y disfrutan de ver a los cuatro jugando: «En esos momentos, en los que los ves tan contentos, es cuando te das cuenta de que todo el esfuerzo vale la pena».

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