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Emilio del Río, dermatólogo en Santiago: «Frente al sol, la crema no es lo fundamental»

El dermatólogo Emilio del Río, con clínica en Santiago, señala que más importante que la crema es escoger bien las horas de exposición al sol y la ropa

Recuerda que los bebés menores de 12 meses no deben exponerse al sol de la playa y los mayores de un año tienen que usar protector formulado únicamente con filtros físicos

Un hombre pasea por la playa

Un hombre pasea por la playa / PEXELS

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Alba Prada Estévez

Alba Prada Estévez

Vivir en Galicia supone pasar buena parte del año sin ver demasiado el sol y, por ello, cuando llegan las altas temperaturas, mucha gente salta del sofá que le ha dado cobijo durante meses para descansar en la arena de la playa o en el césped de la piscina. La vitamina D contribuye al buen estado de nuestros huesos y músculos e influye positivamente en nuestro ánimo. No obstante, es muy importante ser prudentes y moderados con la exposición solar para evitar problemas en la piel. El dermatólogo Emilio del Río, con clínica en Santiago, en Rúa de Laverde Ruíz, explica que en nuestra comunidad es importante utilizar fotoprotector desde mayo hasta octubre incluido. «En invierno, con el arco solar más bajo, haciendo vida prácticamente siempre en interiores y en nuestra latitud, podemos prescindir de él», comenta Del Río.

Emilio del Río, dermatólogo

Emilio del Río, dermatólogo / CEDIDA

Con todo, el especialista recuerda que la crema «no es lo primero ni lo fundamental en la protección solar», sino que lo más importante es evitar exponerse al sol cuando está más alto, especialmente entre las 14.00 y las 16.00 horas. Lo segundo, incluso antes que la crema, es la ropa: «No necesariamente corta, de hecho, la ropa de manga larga y pierna larga, de tejidos frescos y naturales, como el lino y el algodón, es especialmente adecuada para el verano, ya que no solo es un estupendo protector solar, sino que también evita las picaduras de insectos».

Del Río subraya también la importancia de usar sombreros en vez de gorras de tenis o béisbol: «Estas protegen la vista e impiden el deslumbramiento, pero no las zonas laterales de la cara, las orejas ni la nuca. Un sombrero protege o tamiza el sol en todas esas zonas. Y lo mismo sucede con las gafas de sol, que resguardan la córnea frente a posibles quemaduras y ayudan a prevenir las cataratas debidas al daño solar acumulado en el cristalino», explica.

Reaplicar el protector y usarlo aunque sea un día nublado

Emilio del Río aconseja reaplicar el protector solar cada dos horas si estamos en la playa haciendo deporte al aire libre o practicando senderismo. Ese intervalo, sin embargo, debe acortarse si nos metemos al agua con mucha frecuencia o si realizamos una actividad física intensa y sudamos. Recuerda, además, la importancia de no dejar de usarlo aunque estemos bajo la sombrilla o nos toque el típico día nublado.

Un día de playa nublado

Un día de playa nublado / PEXELS

«Las nubes pueden filtrar parcialmente la radiación ultravioleta, pero, sobre todo, bloquean el aumento de temperatura. No notar ese aumento de temperatura es como tener una alarma apagada: no somos conscientes del daño que la radiación ultravioleta puede estar causando en nuestra piel durante esas horas», señala.

¿Qué pasa con el aftersun?

Hace ya tiempo que comenzaron a comercializarse los aftersun para cuidar la piel tras la exposición solar.

El aftersun cuida la piel tras la exposición solar

El aftersun cuida la piel tras la exposición solar / PEXELS

Del Río recalca, sin embargo, que puede utilizarse cualquier loción emoliente, ya que cumple perfectamente esa función recuperadora, «especialmente si incluye algún activo refrescante y contra el picor», señala.

Atención especial a las pieles sensibles o con rosácea

En el caso concreto de las pieles sensibles, el experto sostiene que son siempre preferibles los protectores físicos, que bloquean la radiación por interposición, como una simple pantalla. «Suelen tener, sin embargo, la contrapartida de que son difíciles de extender o dejan un tono blanquecino en el rostro», dice. Es importante, además, elegir bien las horas de exposición al sol y «usar prendas de licra o neopreno, que protegen del sol y también de la temperatura fría del agua».

En el caso de las personas con rosácea, Emilio del Río recomienda prestar especial atención a la fotoprotección y evitar el sol intenso, porque la piel, en estos casos, es más fina y delicada. «Suelen tener un fototipo II, es decir, ojos claros y piel blanca, por lo que se queman fácilmente, o un fototipo III, es decir, ojos claros y piel que se puede oscurecer algo, pero no demasiado, y con riesgo similar de quemarse», explica.

Protección en bebés y niños: cuidado con exponer al sol a un bebé menor de un año

Del Río es tajante: «Los bebés menores de 12 meses no deben exponerse al sol de la playa de manera intencionada. En la playa, lo mejor para ellos es la sombra y no usar ningún protector. No obstante, algo de sol indirecto puede serles bueno para evitar el raquitismo o tangaraño, tan frecuente en Galicia hace muchas décadas», indica.

«Los bebés menores de 12 meses no deben exponerse al sol de la playa de manera intencionada. En la playa, lo mejor para ellos es la sombra y no usar ningún protector»

Para los niños mayores de 12 meses, recomienda usar un protector específico para edad pediátrica formulado únicamente con filtros físicos.

Envejecimiento cutáneo

La piel tiene varias vidas y capacidad de regeneración, por lo que una sola quemadura, asegura, no va a ser determinante en el envejecimiento cutáneo o en el cáncer de piel. «Con todo, si las quemaduras son muy repetidas, la posibilidad de desarrollar un cáncer de piel, tanto melanoma como carcinoma epidermoide, aumenta de forma considerable incluso décadas después», advierte.

«Si las quemaduras son muy repetidas, la posibilidad de desarrollar un cáncer de piel, tanto melanoma como carcinoma epidermoide, aumenta de forma considerable incluso décadas después»

El envejecimiento cutáneo, explica el dermatólogo, se hace evidente tanto en las capas superficiales de la piel como en las más profundas. «En la superficie van apareciendo manchas castañas redondeadas que se conocen como lentigos solares. También aparecen pequeñas manchas blancas puntiformes, salpicadas por el dorso de los antebrazos y las piernas», dice.

«Otro tipo de pigmentación oscura puede ser más reversible, como el melasma o cloasma, que se observa en la cara, o algo que vemos cada vez más en el dorso de los antebrazos de mujeres mayores de 50 años y que llamamos ‘discromatosis braquial adquirida’», añade.

En el caso de los varones muy expuestos al sol, se ve también un tipo de distorsión de los folículos pilosos y de los poros de las zonas malares, la nariz y las orejas, señala. Respecto a esto, Emilio del Río se muestra sorprendido de que «la población general tenga más miedo a las manchas y a los efectos antiestéticos del abuso del sol que al propio cáncer de piel».

«Me llama la atención que población general tenga más miedo a las manchas y a los efectos antiestéticos del abuso del sol que al propio cáncer de piel»

El mensaje, en definitiva, es claro: no se trata de renunciar al sol, sino de aprender a convivir con él. Buscar la sombra en las horas centrales del día, cubrir la piel con ropa adecuada, usar sombrero y gafas de sol, y aplicar correctamente el fotoprotector son gestos sencillos que permiten disfrutar del verano sin pasar factura a la piel años después.

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