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El ‘callo solar’: cuando el bronceado se convierte en una peligrosa moda

Circula en redes la creencia de que la piel puede acostumbrarse al sol con exposiciones progresivas sin protección

La AEMPS ha alertado sobre los riesgos de estos contenidos

Una mujer tomando el sol en la playa

Una mujer tomando el sol en la playa / PEXELS

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Alba Prada Estévez

Alba Prada Estévez

Con la llegada del verano, las redes sociales se llenan de fotografías y vídeos de playas, rutinas de bronceado y recomendaciones para conseguir un tono de piel más oscuro. Sin embargo, algunos de estos contenidos virales se apoyan en creencias sin respaldo científico y pueden entrañar riesgos para la salud. El denominado ‘callo solar’ es un claro ejemplo de información falsa.

¿Qué es el 'callo solar'?

Quienes defienden esta idea aseguran que exponerse al sol de manera progresiva y sin protección permitiría entrenar la piel, hacerla más resistente y tolerar posteriormente exposiciones más prolongadas. Según esta teoría, el bronceado y el supuesto endurecimiento de la piel funcionarían como una especie de barrera natural frente a la radiación. Pero la realidad científica es muy diferente.

La piel no se vuelve inmune al sol

La piel no se vuelve inmune al sol / PEXELS

La piel puede reaccionar ante la radiación ultravioleta produciendo más melanina y experimentando cierto engrosamiento superficial, pero esas respuestas aparecen porque el organismo está intentando defenderse de una agresión. No significa que la piel se haya vuelto inmune ni que pueda recibir el sol de forma segura.

Advertencia de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha sido tajante: el ‘callo solar’ no existe. El bronceado y el engrosamiento aparente de la piel constituyen respuestas biológicas al daño producido por la radiación ultravioleta. No son mecanismos de protección suficientes o seguros.

Por un lado, señala la AEMPS, no hay evidencia científica de que la piel pueda acostumbrarse al sol de manera segura mediante exposiciones progresivas. El cuerpo puede reaccionar produciendo melanina o modificando temporalmente la superficie cutánea, pero estas respuestas no proporcionan una protección eficaz frente a la radiación.

En segundo lugar, el daño solar es acumulativo. Cada exposición sin protección puede añadir nuevas alteraciones celulares. La piel no genera una memoria protectora que permita exponerse posteriormente sin consecuencias.

En tercer lugar, la exposición solar sin protección está relacionada con daños en el ADN, envejecimiento cutáneo prematuro, manchas, pérdida de elasticidad y un incremento del riesgo de distintos tipos de cáncer de piel, incluido el melanoma.

Exponerse al sol sin protección provoca, entre otras consecuencias, manchas en la piel

Exponerse al sol sin protección provoca, entre otras consecuencias, manchas en la piel / PEXELS

La AEMPS también destaca el peligro de la falsa sensación de seguridad. Una persona que crea haber desarrollado un ‘callo solar’ puede alargar el tiempo de exposición al sol, elegir las horas de mayor intensidad o prescindir del protector. De esta forma, una idea aparentemente inofensiva puede terminar fomentando conductas de riesgo.

La advertencia resulta especialmente importante durante la infancia y la adolescencia. Las exposiciones intensas y las quemaduras en estas etapas pueden tener consecuencias a largo plazo. Por ello, la Agencia insiste en proteger especialmente a los más pequeños y evitar la exposición solar directa de los niños menores de tres años.

Tomar el sol sí, pero con cabeza

La AEMPS recomienda evitar la exposición directa durante las horas centrales del día, aproximadamente entre las doce de la mañana y las cuatro de la tarde, cuando la radiación suele alcanzar una mayor intensidad.

También aconseja utilizar protectores solares de amplio espectro, capaces de proteger frente a los rayos UVA y UVB, y escoger un factor adecuado para el tipo de piel y las condiciones de exposición. El producto debe aplicarse en cantidad suficiente antes de salir y renovarse con frecuencia, especialmente después de bañarse, sudar o secarse con una toalla.

Una mujer aplicándose protector solar

Una mujer aplicándose protector solar / PEXELS

El fotoprotector no debe entenderse como un permiso para permanecer indefinidamente al sol. Debe combinarse con otras medidas: buscar la sombra, llevar ropa que cubra la piel, utilizar sombreros de ala ancha y proteger los ojos con gafas de sol adecuadas.

Estas precauciones también se aplican a las personas de piel oscura, a quienes ya están bronceados y a quienes consideran que su piel está acostumbrada al verano. Ningún fototipo desarrolla una inmunidad total frente a la radiación ultravioleta.

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